Pro Animal - Activista de los derechos de los animales - Pro igualdad especies
Socia y activista de la Asociación Nacional de Protección Animal, Socia de Animales sin Hogar, Socia de "El Refugio"








A pesar que mi esposo me dio muestras de malos tratos verbales y sicológicos, yo igual seguía atada a aquello de “para siempre y hasta que la muerte nos separe”.
Realmente mi mente no estaba abierta a comprender.
No sabía aún aquello de: Coraje, Sabiduría y Misericordia.
Tuve que enterarme que mi esposo me engañaba y aún así seguía esperando por él…
Hasta que yo misma le dije que nos divorciaríamos.
Él no me quería pero no me dejaba ir. Yo nunca había estado enamorada, me dejaba llevar porque me decía que sin mi moriría.
Así llegué a tener que salir en busca de amor y construir una pareja y lo que todos ansiamos: una familia.
Mi familia original venía llena de problemas.
Tuve una niñez común y corriente, con padres que discutían bastante.
Mi madre era una gran persona y mi padre también.
Pero no sabían convivir, se casaron muy jóvenes y fueron llegando los hijos, uno a uno.
Mi padre que era italiano siempre vivió con la ilusión de volver y en el año 1968 nos llevó a su pueblo en Italia, Vallo della Lucania.
Mi madre no soportó la idea y volvimos.
Después de eso se llevaban realmente muy mal.
Cuando tenía 14 años a mi padre, que era Gerente de Mutualista, los propios amigos que había puesto en la Comisión Directiva y un médico al que había ayudado muchísimo, le escondieron los libros y le hicieron una denuncia penal.
El resultado, fueron tres meses de detención. Mi padre, -que organizaba campamentos para los descendientes de italianos aquí, Presidente de clubes de fútbol, Secretario de la Federación de Mutualistas, fundador de la mutualista y sus sucursales- fue acusado sin pruebas, ya que las pruebas a su favor fueron destruidas.
Bien, mi adolescencia fue pésima, sin dinero, sin ayuda, quedamos viviendo del alquiler de mi casa de Montevideo, por piezas. Nos fuimos a un chalecito en Salinas, Canelones. Mi padre, que me consta era inocente e intachable, jamás se recuperó y así perdí a mi padre a los 18 años.
Bueno, con una educación católica, resignándome a lo que Dios me deparara, fui creciendo con rebeldía, pensando que algo habría más allá.
Mi filosofía era una frase de Miguel Hernández: “Hay golpes en la vida, yo no sé, como si la ira de Dios se empozara en el alma”.
Así y a pesar de contar con el apoyo de mi madre y seguramente de mi padre (que también había actuado con compañías italianas en Uruguay) postergué mis vocaciones artísticas: la escritura, la actuación y el canto.
Me quise volver “más normal” y estudiar lo que aceptaba la sociedad como carreras respetables, pero con resentimiento, no pudiendo ser yo misma.
Es curioso, pero antes de empezar a escribir esto, unos minutos antes, escucho decir en un programa de televisión a la actriz australiana Rachel Griffiths, lo siguiente y que se me ajusta: “Traté de seguir una carrera universitaria, porque yo era muy académica.
Pero una pequeña voz en mi interior me dijo: no postergues tu vocación .
Y tuve suerte de encaminar mi vida en tal sentido”.
Conozco el Budismo de Nichiren Daishonin
Bueno, realmente me encontraba buscando un camino que me sacara de todo lo triste de mi vida.
Pero algo me hacía buscar siempre respuestas, saber para enfrentar los problemas sin ser injusta y algo que luego entendí, algo que buscaba y se lo decía a quien me quisiera escuchar que necesitaba un maestro.
A veces digo que encontré mi camino, porque algo me llevó hasta allí.
Yo nunca había sentido hablar de la Soka Gakkai.
Vivía en ese caos sentimental, esa rutina de vivir, por vivir, hasta que un día dije basta y después de asistir al Ateneo a un encuentro con el Budismo Tibetano -al que no llegué a entrar-, tomo el teléfono a eso de las 8 de la mañana en mi trabajo matutino y llamo a informes de guía preguntando por un Templo Budista Tibetano.
Me informan que no hay, que si hay uno Budista y entonces sí escucho por primera vez: SOKA GAKKAI.
Bien, temerosa un poco de qué era eso, llamo y resulta ser que hay tono de fax.
Escribo uno que dice:
A quien corresponda:
(Mi nombre y mis datos: teléfono de casa y trabajo, etc.)
Estoy desesperada y deseosa de integrarme al Budismo (el tibetano) pero mi espíritu me acerca a Uds.
Lamentablemente no seguí los cursos que la semana pasada dictaron los monjes que estuvieron aquí en gira.
Por favor comuníquense conmigo.
Mi vida es un caos, necesito vuestra ayuda
Patrizia
Lo envié y al poco rato llamé y me atendió la Sra. Machiko, quién ya le había pasado mis datos a Silvana Cadena. Entonces me dio el teléfono de Silvana y allí empezó todo…
Comienzo la práctica con mucho entusiasmo, con “gran sed” de sabiduría, pidiendo revolución humana.
Y lo bueno es que algunos cambios se producen en forma rápida, y en otros casos se presentan diferentes opciones, que en ciertas ocasiones me hacen fracasar en la búsqueda.
Pero que entiendo, son enseñanzas.
Conozco al que es mi esposo actual, la prueba real, para mí de que el amor existe.
Asimismo, me estaban por extirpar un fibroma sin sacarme el útero, que era hasta el momento la solución que me presentaban los doctores que había visitado.
Cambio de ginecólogo y éste me da otra opción.
Cambia mi entorno laboral.
Si bien me quedo sin uno de los trabajos, los últimos meses me trasladan a la parte técnica en la cual me siento muy bien.
Sigo estudiando y decido reflotar mi postergada vocación.
Se me presentan oportunidades de poder aparecer en un libro de cuentos.
Estudio dirección de actores y dirijo pequeños grupos de compañeros.
Sigo insistiendo en hacer lo que me gusta.
Y lo más importante, en marzo del 2002, mi madre comenzó a quejarse de sentirse mal y llamamos a la emergencia médica.
Una de mis hermanas estaba por irse del país, porque la vida le dio varios vuelcos que la dejaron con esa única opción y mi madre no soportaba la idea de no estar con ella, ya que yo misma le dije que me iba (por ese entonces yo no dejaba de hablar del tema y además, mi hermano hace 10 años que vive en la Argentina).
Es en ese panorama que creíamos que era depresión.
Después cuando ya no pudo más la llevamos a tratar en su mutualista.
Allí no le prestaron demasiada atención, no recibió buenos cuidados y nos dijeron que tenía “reuma y depresión”.
Rápidamente deja de caminar y debo hacer frente a los malos médicos que la tratan y cuando le prestan atención ya es tarde: tiene cáncer que le ha tomado todo el cuerpo.
Esta situación realmente horrible, solo la pude pasar gracias a la práctica, que pasa a ser lo más importante en mi vida.
La cuido durante dos semanas en horarios de 8, 10, 11 horas.
Yo, que nunca pude atender a nadie, que siempre huí de los enfermos.
Se trata de la persona más importante en mi vida y solo entonar Daimoku me daba fuerzas para afrontar esto.
Creo que después de vivir eso y como dice el maestro Ikeda: “Luego que un gran mal ocurre, un gran bien le sucederá”, es que me vuelco por entero a mi vocación postergada.
Esa frase me dio fuerzas, y además Silvana me transmitió otra: “Con el único pensamiento en mente de ver el Buda en mi interior”, fue lo que reforzó mi fe en esos momentos.
A casi 10 meses del fallecimiento de mamá, 20 años después que el de papá, creo y espero que ellos se hayan reencontrado y, lejos de los problemas de este mundo material puedan ser felices.
Cada vez que me entristezco siempre recuerdo cómo NMRK me ayudó a pasar por esa situación.
Periodista,
Universidad Virtual
Latinoamericana
Una vocación postergada…
Conocí Budismo de Nichiren Daishonin en julio del 2000.
Para todos parecía que mi vida estaba muy bien ya que económicamente ganaba mucho dinero.
Tenía dos trabajos en Organismos Internacionales.
En uno era cajera y en el otro Asistente Técnico Administrativo.
Económicamente, mi situación era casi inmejorable.
Pero mi alma, mi espíritu estaba desesperado.
En uno de los trabajos realmente la pasaba muy mal, el entorno era el peor. Y en el otro tenía a una persona realmente imbancable.
Sentimentalmente venía de años de un mal matrimonio, que no quería romper, por aquello de “no seré feliz, pero tengo marido…”
Nota de Redacción:
Puse esta nota porque me sirvió en el 2001 hacer una declaración con lo que estaba pasando en mi vida y para contar parte de mi pasado.
La práctica de este Budismo la seguí entre el 2000 y el 2002.
Me ayudó en esos momentos, la dejé considerando que no era mi destino, el camino seguía.
Las razones: demasiadas.
Resumiendo: Yo no busco religión, sino respuestas.
He pensado en volver, tomándolo como filosofía de vida, pero realmente no tienen lo que desde hace unos años necesito.