LA ÉTICA TEATRAL por Fernando Zabala

Un grupo teatral debería ser un enclave, un generador de ideas, de estímulos, así lo demuestran grupos Internacionales con una disciplina constante en el arte escénico, también en diferentes grupos de nuestro país que han ido creciendo a partir de un colectivo que ha permitido la solidificación grupal.

Ese grupo debería instaurar un discurso, pero también el grupo de teatro tendría que instaurar la diversidad como lenguaje en ese discurso.

El grupo de teatro no observa la geografía si no todo su contexto en relación a los vínculos humanos, ocurre que esos son los grupos que migran hacia otros países, hacia otras ciudades, pueblos, suburbios, etc.

Son esos grupos los que terminan siendo universales, alejados de todo nacionalismo extremo, cercanos a todo sector necesitado y hasta carecido, por ello es ese público el que los reconoce como tal.

Es en esos recorridos en donde el grupo se redescubre nuevamente, se afirma, se afianza y se encamina a ser una verdadera compañía profesional que ha dejado el antiguo cuero de aquellos primeros años, en los que a veces, hay que regresar para saber cuales fueron las causas y los motivos por los que un grupo de teatro empezó a germinar.

Estamos hablando entonces de un teatro con T mayúscula, un teatro que atravesó un proceso determinado para conseguir el objetivo del crecimiento constante en el que siempre estará.

Un grupo de teatro también debe aprender a defender la ética del oficio, los valores por los que ha empezado a valerse como grupo, en eso también tiene que ver la auto provocación que el grupo debe ejercer, el compromiso político y social con su época.

Pero cuando el grupo empieza a ser un pasatiempo, a encontrar una rutina, nos acercamos a esa ética por el oficio, me refiero que los grupos deben ir más allá y buscar el sentido que los llevó hasta el lugar en donde se encuentran.

No hay un manual de cómo debe ser un grupo de teatro independiente, pero si hay una línea a mí entender de sentido Teatral para poder comprender que no solo se depende de un resultado artístico si no más bien de un resultado humano.

Al grupo de teatro lo pienso como una gran familia de circo que convive en plenitud en defectos y virtudes, y que toda esa energía se pone a disposición del gran dispositivo escénico que el grupo ha ido desarrollando.

Pero que los conflictos grupales son necesarios lo son, más aún cuando se pueden discutir cuestiones de trabajo, de organización, de metodologías, de formas, etc. Pero cuando ya va a cuestiones meramente personales, pienso que eso empobrece en su totalidad la potencialidad que el grupo puede tejer.

Quiero recordar con esta reflexión sobre ¨El Grupo Teatral¨ en nuestros tiempos, aquellas mujeres y hombres de países extremadamente pobres de América Latina, que empezaron a formar un grupo de teatro sin saber ni entender nada sobre pedagogía, sobre roles, o sobre los diferentes comportamientos, sin embargo descubrieron ellos solos por necesidad más que nada y quizá por urgencia, aquella ética teatral, aquel respeto por el oficio teatral más que nadie porque solo se tenían a ellos mismos.
Fernando Zabala es un dramaturgo cordobés (argentino). Escribe en otras dos revistas digitales, CRITICA TEATRAL y en CLON.
Sr. Fernando Zabala
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