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DE LA CALCINACIÓN
Puerta Primera

Calcinación es purgación de nuestra Piedra, restaurándola por su propio calor natural, de modo que no pierda nada de su humor radical. En primer lugar llevará a nuestra Piedra a la solidez natural. Os advierto que sigáis a los Filósofos, y que no trabajéis como lo hacen ordinariamente los Sofistas, con azufre y con sales preparadas de diversos modos.

Pues ni por corrosivos, ni por hacer fuego solo ni por vinagre, ni por Aguas ardientes, ni por el vapor del Plomo no harás nunca nada. Y quienquiera que se ocupe en calcinarla así, debe resueltamente aceptar su mano de esta Ciencia, hasta que entienda mejor nuestra Calcinación.

Puesto que por tales sofisticaciones frívolas, los cuerpos son destruidos, y se disminuye la humedad de nuestra Piedra; pues cuando los cuerpos son quemados en polvo seco como ceniza, o huesos quemados, no tomamos en cuenta tales cales. Sino que nosotros multiplicamos el húmedo radical en nuestra Calcinación, sin disminuir nada; y por este medio nuestra Piedra es calcinada según la intención de los Filósofos y la nuestra.

Y para fundamento de nuestra Calcinación, debemos trabajar solamente género con género, pues género con género es inclinación apetecible. Aquel que no sepa esto es ciego en esta Ciencia, y vagará incierto, como las nubes de los cielos agitados por el viento, porque no habrás podido comprender nuestras palabras.

Nosotros hacemos una cal untuosa, blanca y roja; pero previamente, une género con género, pues cada género responde a su semilla. El hombre engendra al hombre, y la bestia otra bestia. Pon cuidado en una cosa, si quieres obtener nuestro Secreto, que es que todo Espíritu se fija con la cal de su género. Si retienes bien esta lección, harás un gran provecho en nuestra Ciencia.

Y hace falta que nuestra Masa sea perfectamente fusible, después de que es extraída de nuestra Cal untuosa, de otro modo no servirá para nada. Pero esto no ocurre sino tras mucho tiempo, tal como los Profetas lo escriben. Pues nosotros ponemos un año, teniendo en cuenta que en un tiempo menor nuestra Cal no puede ser capaz de fusión, con un color que no se vaya en absoluto. En cuanto a la perfección, es necesario que pongas cuidado, pues muchos se han equivocado aquí: es por lo que a fin de que no gastes tu obra haz que los cuerpos sean sutilmente lavados antes de unirlos, con el Mercurio por igual proporción, a saber una parte de Sol y dos de Luna, hasta que todo sea reducido como a papilla.

Entonces haz tu Mercurio del que unirás cuatro partes al Sol y dos a la Luna, como corresponde. Así empezarás tu obra en figura de trinidad, es decir tres partes y otro tanto de Espíritu, y para la unidad de las sustancia espiritual, una parte más de espíritu que de sustancia corporal.

Según comprobación de Raimundo Lulio, es la verdadera proporción, y lo que en otro tiempo me ha sido mostrado por mi Doctor. Pero Roger Bacon toma tres partes de Espíritu por una parte de Cuerpo, por lo cual he velado muchas noches, antes de haberlo descubierto. Lo uno y lo otro es cierto, toma lo que quieras.

Si tu Agua es también igual en proporción a la Tierra, en un calor mesurado, saldrá de ello un nuevo germen, tanto blanco como rojo, en pura Tintura; la cual durará al fuego perpetuamente, hasta que el vivo revivifique al muerto. Haz pues Trinidad Unida, sin discusión ni división.

Y es muy cierta y muy buena proporción, pues habrá menos de la parte espiritual, y más fácilmente se hará la disolución; mejor que si por una gran abundancia de Agua se te ahoga la Tierra, lo cual gasta toda la obra. Para ello pon atención a la masilla de los alfareros, y no hagas jamás el vientre demasiado líquido.

Observa como esta masilla, que es la pasta de la que hacen sus ollas, es templada, y la manera de que utilizan para calcinarla. Y ten siempre en la memoria que jamás la Tierra sea sofocada por el Agua. Seca tu humedad por el calor muy templado, ayuda tu disolución por la humedad de la Luna, y la congelación con el Sol, y habrás terminado.

De este modo convertirás las cuatro naturalezas en la quinta, que es perfecta y la más temperada de todas. Pero es duro resistir descalzo al esperón de hierro o de acero como varios hacen cuando emprenden cosas tan grandes que no pueden comprender.

¿Qué es lo que ellos piensan encontrar en la sangre, los huevos o el vitriolo?; si entendieran bien lo que es la Filosofía, so serían tan ciegos como son, como para buscar Oro o Plata de sus especies: pues como el fuego es principio de hacer Fuego, así el Oro es el principio de hacer Oro. Si quieres pues hacer Oro o Plata por la Filosofía, no tomes para ellos ni huevos ni sangre, sino Oro y Plata, los cuales es preciso que calcines naturalmente y prudentemente, y entonces producirán una nueva generación de su género; el cual aumentarán, como hacen naturalmente todas las cosas.

Y aunque fuera verdadero que hay algún provecho en trabajar sobre materias que no son metálicas, en las cuales se encuentran colores agradables, como en la sangre, huevos, orina, vino y otros medios Minerales extraídos de las minas, sería necesario que previamente los elementos fuesen putrificados, separados, conjuntos por matrimonio, con los elementos de los cuerpos perfectos, lo cual no se puede.

En primer lugar haz la rotación de tus Elementos, y convierte antes que nada la Tierra en Agua; y después harás de tu Agua aire, por levigación, y tu Aire lo reducirás en Fuego, y entonces serás Maestro de todo nuestro Magisterio, tanto grande como pequeño, pues habrás ya girado la rueda de los Elementos alrededor, habiendo comprendido bien el sentido de nuestros escritos.

Hecho esto, vuelve la rueda hacia atrás, y convierte tu fuego en Aire, el Aire en Agua, y el Agua en Tierra, de toro modo trabajarás en vano. Pero de este modo conducirás nuestra Piedra al temperamento, cuando de cuatro naturalezas contrarias es compuesta una, después de que ellas hayan sido circuladas por cuatro veces, y así tu base o Masa será perfectamente consumida.

Es por lo que bajo la humedad de la Luna, y bajo el calor templado del Sol, tus Elementos son todos reducidos en cenizas; y entonces habrás obtenido todo el Magisterio. Da gracias a Dios de que tu obra haya empezado, pues en esto tendrás el verdadero signo que te aparece en la negrura, que es llamada cabeza o el pico del Cuervo. Otros la llaman ceniza del árbol de Hermes, ya algunos la llaman sapo que se emborracha de Tierra; por la cual el Espíritu está aprisionado, mortificado e infecto de veneno.

Ciertamente hay casi infinitos nombres, pues cada cosa que aparece a la vista toma un nombre, hasta que empieza a volverse blanca y lúcida, y entonces tiene nombre más convenientes. Así según las cosas blancas y rojas se le dan diferentes nombres.

Has entrado ahora en la primera Puerta de la obra de los filósofos, en la cual habitan; avanza prudentemente para poder entrar en las otras, y ven a la Segunda.
El primer capítulo tratará de la Calcinación.
El segundo de la Disolución secreta.
El tercero de nuestra Elemental Separación.
El cuarto de la Conjunción matrimonial.
El quinto de la Putrefacción.
El sexto de la Congelación albificativa.
El séptimo de la Cebación.
El octavo de la Sublimación
El noveno tratará de la Fermentación.
El décimo de la Ceración y Exaltación.
El onceavo de nuestra maravillosa Multiplicación
El doceavo de la Proyección.
Recapitulaciones
Advertencia de los errores de George Ripley
Página Principal 17 May 09 LAS DOCE PUERTAS DE ALQUIMIA de Georges Ripley