Cuatro gotas
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

   Le dije adiós con rostro compungido
a aquel galán que embelesó mis horas;
y de mis ojos húmedos y tristes,
               cayó una gota.

  Él el me miró con infinita pena;
con amargo temblor frunció su boca,
y de sus ojos, de llorar cansados;
               cayó otra gota.

   Y salimos al parque, y una nube
cruzaba el cielo, negra y tormentosa.
-¿Llueve?-No llueve.-¿Quieres un paraguas?
               -No; son dos gotas.

    Y así nos despedimos para siempre,
Cual de la playa las rizadas olas…
¡Y fue una tempestad en ambos pechos,
                 con cuatro gotas!