Para ello deben estar muy de acuerdo en qué forma quieren darle, en cómo quieren que quede.

Es necesario que estén de acuerdo, para que lo que moldea uno, no lo deforme el otro; para que lo que uno no tenga la mejor habilidad de formar, lo forme el otro.

Deben tener bien  clara la imagen de sus deseos, con detalles en claro, pues siempre aparece alguien que mete un dedito, o que sin querer, deforma un poquito o mucho la obra o simplemente deja alguna marca.

Sabiendo qué es lo que quieren y lo que no, podrán arreglar cualquier defecto.

Los padres deben lograr darle una buena forma que a la vez no sea frágil, y deben lograrlo antes de que el tiempo endurezca la arcilla, pues cuanto más tiempo pasa, pierde moldeabilidad.

Si una vez formado, su forma es buena y armoniosa, será bien visto, agradable y pretendido, y como toda obra de arte, será el gran orgullo y felicidad de sus autores.

Es por eso que los dos padres deben pensar juntos, tener en claro y ponerse muy de acuerdo en la formación de sus hijos.

Con un objetivo común, podrán encaminarse a una educación coherente y firme, para que no haya ni padres ni hijos fracasados.
“Mamá, Papá, soy arcilla fresca en tus manos” de Federico Romero

Cada niño es como un montoncito de arcilla fresca.

Esa arcilla, demora cerca de dos décadas para secarse en su forma definitiva.

Las personas más cercanas a ese niño serán quienes le den forma, pues solo, no puede autoformarse.

Sus padres son quienes tienen el encargo de darle una buena forma, entre los dos.
Libro de nuestro colaborador Federico Romero:
                                              
"Letras de un pensador hermético"
Otros artículos del mismo autor:
El equivocado
Felíz Navidad
“Mamá, Papá, soy arcilla fresca en tus manos”
Robar - Ser Robado - Comprar robado
Una buena ducha
Para comunicarse con el autor: Federico Romero