Un sueño soñaba anoche  
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,  
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,  
muy más que la nieve fría.

-¿Por dónde has entrado, amor?
  ¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas, 
ventanas y celosías.

-No soy el amor, amante:  
la Muerte que Dios te envía.

-¡Ay, Muerte tan rigurosa,  
déjame vivir un día!

-Un día no puede ser,  
una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba,  
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,  
en donde su amor vivía.

-¡Ábreme la puerta, blanca,  
ábreme la puerta, niña!

-¿Cómo te podré yo abrir  
si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue al palacio,  
mi madre no está dormida.

-Si no me abres esta noche,  
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,  
junto a ti vida sería.

-Vete bajo la ventana  
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda  
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,  
mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;  
la muerte que allí venía:

-Vamos, el enamorado,  
que la hora ya está cumplida.
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Jarmar interpreta este hermoso anónimo español, incluido en su disco "Fingir que duermo" de 1995
Cantan María Elena Walsh y Leda Valladares. Esta versión es del disco "Canciones del tiempo de Maria Castaña"

Romance del Enamorado y la Muerte
Anónimo (Recopilado por Ramón Menéndez Pidal en Flor de para Romances viejos)