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La felicidad de Anthony de Mello

La felicidad no tiene contrapuesto
porque nunca se pierde.
Puede estar oscurecida, pero nunca se va
porque tú eres felicidad.

La felicidad es tu esencia, tu estado natural
y, por ello, cuando algo se interpone,
la oscurece, y sufres por miedo a perderla.

Te sientes mal, porque ansías aquello que eres.

Es el apego a las cosas que crees que
te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir.

No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aun a tu madre,
porque el apego es miedo,
y el miedo es un impedimento para amar.

El responsable de tus enfados eres tú, pues aunque el otro haya provocado el conflicto,
el apego y no el conflicto, es lo que te hace sufrir.

Es el miedo a la imagen,
que el otro haya podido hacer de ti, miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer que es una imagen la que dices amar,
y miedo a que la imagen de ti, la que tú sueñas que él tenga de ti, se rompa.

Todo tiempo es un impedimento para que al amor surja.

Y el miedo no es algo innato sino aprendido.

El miedo es provocado por lo que no existe.

Tienes miedo porque te sientes amenazado por algo que ha registrado la memoria.

Todo hecho que has vivido con angustias, por unas ideas que te metieron, queda registrado dentro de ti, y sale como alarma en cada situación
que te lo recuerda.

No es la nueva situación
la que le llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones
que te contaron o que has vivido anteriormente
con una angustia que no has sabido resolver.

Si despiertas a esto, y puedes observarlo claramente,
recordando su origen, el miedo no se volverá a producir, porque eliminarás el recuerdo.
Considerando que fueron escritos en un contexto multireligioso para ayudar a los seguidores de otras religiones, agnósticos y ateos en su búsqueda espiritual.

De mente inquieta y casi revolucionaria, prosiguió su formación personal interesándose por diversas tradiciones religiosas asiáticas y del Medio Oriente.

Consideró que los cuentos y pequeños relatos antiguos como una forma de transmisión de enseñanzas-, seguían siendo tan útiles y necesarios hoy en día como lo habían sido siempre para despertar mentes adormecidas por el mismo cristianismo. Es por ello que muchos de los libros que siguió escribiendo  fueron una recopilación y adaptación de estas enseñanzas de origen sufí y zen, relatos del medio oriente, dichos y hechos que aparecen en las leyendas hindúes, y también de las mismas enseñanzas cristianas y judías. El común denominador entre todos estos cuentos breves -generalmente de una sola página- es su cualidad de confusión paradójica que apunta al despertar. 

Tal confusión sirvió a sus críticos porque lo acusan de diluir enseñanzas de varias religiones. En tal caso el procuraba el despertar espiritual (místico) no religioso.

De Mello sintió el llamado para el sacerdocio, inició sus estudios en la Compañía de Jesús, en Poona. Se graduó en psicología, carrera que siguió en Estados Unidos, según la sugerencia y consejo del Padre Mann, provincial de la Orden.

Dirigía los ejercicios espirituales para jóvenes novicios; punto de partida  como director de almas, en base a los Ejercicios de Ignacio de Loyola, con el agregado de ingredientes propios de su personalidad tan especial; y fueron numerosos sus retiros para la renovación del espíritu.

Participó en el Movimiento de Renovación Carismática, con gran intensidad. Ambas experiencias fueron la base de lo que vendría después.

Sus libros ha sido más que fenomenal: han sido traducidos a más de 40 idiomas de todo el mundo, y muchas personas -cristianas o agnósticas-, han reconocido que Anthony de Mello tendió un puente espiritual bilateral entre oriente y occidente.

Anthony de Mello,  (1931 Bombay, India -1987 Nueva Cork, EE.UU.) es un personaje inclasificable.

Sacerdote jesuita famoso por sus libros y conferencias de espiritualidad, donde mezclaba la doctrina judeo-cristiana con el budismo.

Tras su muerte, la Congregación para la Doctrina de la Fe (dirigida por el entonces cardenal Ratzinger) investigó sus escritos y calificó algunos de ellos como «incompatibles» con la fe católica.