Página 26
Robar - Ser Robado - Comprar robado
Todas las monedas tienen dos caras... y un lomo.
               
por Federico Romero

Lunes 31.
Una persona visiblemente triste, con ojeras, mirada al piso y andar apesadumbrado, se acerca a la caja de una casa financiera para pagar una cuota. La persona saca como con dolor 20 costosos dólares de un bolsillo. Mientras se los da a la cajera, su mirada triste se queda como pegada a los billetes, los acompaña,  traga saliva amargamente y cierra los ojos por dos segundos, mientras espera el recibo de pago.
Deja la financiera mirando al piso y sacudiendo la cabeza, con los ojos llorosos, y masticando mucha bronca.

Viernes 28.
Bueno, este domingo van a tener para ver los dibujitos... y en colores.
Gracias mami.

María pudo por fin en cuotas comprar una televisión color, con su primer y no muy abundante sueldo, con sacrificio y Amor a sus niños.

Sábado 29.
Son las tres de la tarde. María llega de trabajar y nota algo extraño en su casa.
Abre la puerta, cosas tiradas por todos lados. Le entraron ladrones. Corre al cuarto de los nenes, se asoma, cierra los ojos pero las lágrimas igual se le salen, se llevaron la única televisión de la casa, recién comprada, y los gurises no llegaron a ver los dibujitos ni una sola vez.

Domingo 30.
Pedro recorre una conocida feria. Le llama la atención una bonita televisión color que parece nueva, que está en el piso sobre una vereda.
¿Cuánto vale?
Dame quinientos y te la llevás.
¿Funciona?
Es nueva valor, la vendo porque me voy para España - declaró el morocho de gorra de lana negra.
Quinientos... - vale tres mil pesos - pensaba Pedro
Te la dejo a cuatrocientos valor, dale, dale ...
Tomá ...

Epílogo:

- El morocho de gorra negra de lana, con los cuatrocientos pesos se compró dos gramos de coca, y un vinito. Los cuatrocientos pesos le duraron menos de una hora. La alegría le duró poco más de un día.

- María lloró y lloró. Sus niños siguieron sin ver los dibujitos, ni nada. La tristeza se le fue en dos semanas, porque sus niños se la sacaron. La privación y la bronca le duró once meses más, con cada cuota. El trauma del robo le quedó para siempre.

- Pedro sabía que estaba comprando algo robado. ¿Cómplice del delito? ¿Cómplice del dolor ajeno? Qué buen negocio que fue comprar la tercera televisión de la casa. Su almohada se lo recuerda todas las noches, todas las mañanas y en cada siesta.


Enero de 2004.