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Tardes de trabajo de Patrizia D’Ambrosio
Cuando cae la tarde en el campo de Caunes todos los trabajadores vuelven a sus casas, llenando los caminos, entre bromas gastadas.
Si es en la primera quincena todos están felices. A fin de mes ya se huelen los bolsillos vacíos.
Es en esos días que los maizales de don Atanasildo son bombardeados con piedras y con las alambradas tiradas por algún saqueo de última hora.
Quiso el destino que Pablo Asararín, un joven que había caído en Caunes de última razón, con nada de dinero y pocas horas en el pueblo, pensara hacer noche en los maizales, para ofrecerse muy temprano a hacer trabajos varios.
Con el sueño descontrolado por un estómago vacío, a eso de las 5 de la mañana se sobresaltó, a menos que su triperío hablase, cantase y marchase, no estaba solo.
Al clarear y sin explicación aparente un enjambre de hombrecitos recorre el camino con linternas antiguas a velas y herramientas rudimentarias casi de su mismo tamaño, reparando las cercas, luego marchan de igual modo, soltando risas a esconderse.
El joven no da crédito a sus ojos, saltando se incorpora. En eso es advertido por los marchosos, que lo rodean, miradas van y vienen, retorna, rebotan y caen.
Los pequeños aunque sin mover sus labios son escuchados por Pablo, que apenas respira.
Y luego de algunas palabras de igual trayectoria que las miradas, se oye el dictamen: “Necesitamos otro trabajador”.
Pablo apenas lo puede creer, le ofrecen comida y bebida, vegetales desconocidos y cocidos a buen punto, al cabo de un rato lo vence el sueño, se pierde de la realidad.
Cuando despierta, nuevamente está clareando, y allí marcha, herramienta en mano, contento y cantando hacia el maizal.
Tardes de trabajo del libro “Se cuenta en Caunes” de Patrizia D’Ambrosio
Recopilación Cuentos
Patrizia
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