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La envidia del Dr. José Ingenieros
La envidia es el acíbar de los impotentes, el grillete de los fracasados. Es un licor venenoso que mana de las heridas abiertas por la realidad en el flanco de las almas vanidosas. Es el pudor de la mejilla sonoramente abofeteada por la mano de la superioridad ajena.
El que envidia se confiesa subalterno; su pasión es el estigma psicológico de una humillante inferioridad, sentida, reconocida. No basta ser inferior para envidiar, pues todo hombre lo es de alguien en algún sentido; es necesario sufrir del éxito ajeno, de la dicha ajena, de cualquier culminación ajena. En ese sufrimiento está el núcleo moral de la envidia; muerde el alma como un ácido, la carcome como una polilla, la corroe como la herrumbre al hierro. El envidioso es la primera víctima de su propio veneno; la envidia lo devora como el cáncer a la víscera, lo ahoga como la hiedra a la encina: por eso el Poussin, en una tela admirable, pintó a este monstruo mordiéndose los brazos y sacudiendo la cabellera de serpientes que le amenazan sin cesar.
La envidia es la horca caudina por donde pasan, tarde o temprano, los que viven esclavos de la vanidad.
La inextinguible tortura moral de estos amargados es, al mismo tiempo, el pedestal granítico de los vencedores.


Giussepe Ingegneri conocido como José Ingenieros, nació en Italia el 24 de abril de 1877. Cursó estudios universitarios en Buenos Aires y se recibió como Médico en 1899, luego como Psiquiatra y Sociólogo. Además fue filósofo y un prolífico escritor. A principios de 1901 fue designado delegado al 2º Congreso científico latino americano, reunido en Montevideo. Entre sus obras figuran: "La mentira patriótica" y "La jornada de trabajo" (1898); "La psicopatología criminal" (1902); "Al margen de la ciencia", "Ciencia y Filosofía" y "Las fuerzas morales".