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              Juan Sebastián Gaviota de Richard Bach (fragmento)

…Al amanecer, Juan Gaviota estaba practicando de nuevo. Desde dos mil metros los pesqueros eran puntos sobre el agua plana y azul, la Bandada de la Comida una débil nube de insignificantes motitas en circulación.

Estaba vivo, y temblaba ligeramente de gozo, orgulloso de que su miedo estuviera bajo control. Entonces, sin ceremonias, encogió sus antealas, extendió los cortos y angulosos extremos, y se precipitó directamente hacia el mar. Al pasar los dos mil metros, logró la velocidad máxima, el viento era una sólida y palpitante pared sonora contra la cual no podía avanzar con más rapidez. Ahora volaba recto hacia abajo a trescientos veinte kilómetros por hora. Tragó saliva, comprendiendo que se haría trizas si sus alas llegaban a desdoblarse a esa velocidad, y se despedazaría en un millón de partículas de gaviota. Pero la velocidad era poder, y la velocidad era gozo, y la velocidad era pura belleza.

Empezó su salida del picado a trescientos metros, los extremos de las alas batidos y borrosos en ese gigantesco viento, y justamente en su camino, el barco y la multitud de gaviotas se desenfocaban y crecían con la rapidez de una cometa.

No pudo parar; no sabía aún ni cómo girar a esa velocidad.

Una colisión sería la muerte instantánea.

Así es que cerró los ojos.

Sucedió entonces que esa mañana, justo después del amanecer, Juan Salvador Gaviota se disparó directamente en medio de la Bandada de la Comida marcando trescientos dieciocho kilómetros por hora, los ojos cerrados y en medio de un rugido de viento y plumas. La Gaviota de la Providencia le sonrió por esta vez, y nadie resultó muerto.

Cuando al fin apuntó su pico hacia el cielo azul, aun zumbaba a doscientos cuarenta kilómetros por hora. Al reducir a treinta y extender sus alas otra vez, el pesquero era una miga en el mar, mil metros más abajo.

Sólo pensó en el triunfo, ¡La velocidad máxima! ¡Una gaviota a trescientos veinte kilómetros por hora! Era un descubrimiento, el momento más grande y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento una nueva época se abrió para Juan Salvador Gaviota. Voló hasta su solitaria área de prácticas, y doblando sus alas para un picado desde tres mil metros, se puso a trabajar en seguida para descubrir la forma de girar.

Se dio cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de su ala una fracción de centímetro, causaba una curva suave y extensa a tremenda velocidad. Antes de haberlo aprendido, sin embargo, vio que cuando movía más de una pluma a esa velocidad, giraba como una bala de rifle... y así fue Juan la primera gaviota de este mundo en realizar acrobacias aéreas.

No perdió tiempo ese día en charlar con las otras gaviotas, sino que siguió volando hasta después de la puesta del Sol. Descubrió el rizo, el balance lento, el balance en punta, la barrena invertida, el medio rizo invertido.

Cuando Juan volvió a la Bandada ya en la playa, era totalmente de noche. Estaba mareado y rendido. No obstante, y no sin satisfacción, hizo un rizo para aterrizar y un tonel rápido justo antes de tocar tierra. Cuando sepan, pensó, lo del Descubrimiento, se pondrán locos de alegría. ¡Cuánto mayor sentido tiene ahora la vida! ¡En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres! ¡Podremos aprender a volar!...

  
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Comentarios: El libro trata sobre como un ser aparentemente simple nos hace ver lo importante de la vida de todos los seres, el vuelo de la vida, la libertad, el expresarse, el amor y su importancia. Si aplicamos solo una parte de lo que trasmite el libro con su mensaje, podremos rescatar nuestros sueños más sepultados.

Todo es posible si se intenta, es un libro con fotos y de fácil redacción y por extensión, lectura.

El autor: Richard Bach nació en Oak Park, Illinois, Estados Unidos en 1929. Hijo de Roland Robert y Ruth Helen Shaw.

De niño vivió junto a sus padres en Long Beach, California.

Como nacen sus dos pasiones: volar y escribir

1955 - se gradúa en la Universidad del estado como
mecánico de fabricación de aviones y de estaciones
generadoras de energía.

1957-1962 se desempeña como piloto de la Fuerza Aérea
Norteamericana

1962 - Comienza a escribir artículos para revistas
especializadas en aviación.

1963 - Se convierte en editor de la revista Fliying.

1970 - Es presidente de la aerolínea Trans-creature.

Allí trabajó, además, como piloto acrobático en la
Creature Enterprises. Inc.

1974 - actúa como piloto de espectáculos aéreos.
Ese año conoce la luz su libro: "Juan Sebastián Gaviota"
("Jonathan Livingston Seagull").

1975 - se vincula a la Universidad de Embry Riddle como
instructor de filosofía del vuelo.

Como piloto realizó: vuelos comerciales, fue instructor
de vuelo, y su hoja de vida supera las 3000 horas.
Vuela aviones de su propiedad y participa en torneos aéreos.

¨Volar es mi religión, es la única forma que tengo de aproximarme a la verdad¨. Sobre sus libros, escribe en uno de ellos: “Cuando compré mi primera máquina de escribir, prometí que nunca escribiría sobre cosas en las cuales no estuviera verdaderamente interesado. Hoy me siento tranquilo de no haberme separado de aquella promesa”. Ha ganado multitud de premios literarios en Estados Unidos y en Europa. Su obra es conocida en todo el mundo, desde Ciudad del Cabo (África) hasta la Patagonia, desde Pekín hasta Alaska. Bach es un clásico de los best-sellers mundiales.

En lo familiar: se casó y es padre de cinco hijos.