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Hijos de la Vida e Hijos como barcos

Hijos de la Vida

Tus hijos no son tus hijos. Son los hijos e hijas del anhelo de la Vida. Vienen a través de ti, pero no de ti y, aunque están contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues tienen los suyos propios. Puedes albergar sus cuerpos, pero no sus almas, pues sus almas habitan en la casa del mañana, que tú no puedes visitar, ni siquiera en sueños. Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no intentes que sean como tú.

De: El Profeta, de Gibran Jalil Gibran, conocido también como Khalil Gibran  Gibran Khalil Gibran (1883-1931); ensayista, novelista y poeta libanés.

Hijos como barcos

Al mirar una embarcación en puerto, imaginamos que está en su lugar más seguro, protegido por una fuerte ancla o bien amarrado al puerto.

Sin embargo, sabemos que está allí descansando, abasteciéndose y alistándose para volver al mar, para cumplir con el destino para el que fue creado y nació, para buscar sus propias aventuras, amaneceres, atardeceres, tormentas y riesgos.

Dependiendo de lo que la naturaleza le reserve, tendrán que desviar la ruta, buscar nuevos caminos y atracar en otros puertos.

Pero volverán fortalecidos por la experiencia, con más conocimientos y enriquecidos por diferentes culturas.

Y allí estaremos esperando feliz en el puerto su regreso, junto a otras personas que los amen.

Así son los HIJOS. Tienen a sus padres o sea su puerto seguro en el hogar, hasta que deciden independizarse.

Sin importar cuanta seguridad, protección y apoyo económico puedan tener junto a sus padres, los hijos nacieron para surcar los mares de la vida, correr sus propios riesgos y vivir sus propias aventuras.

Solo te quedará la satisfacción de que les enseñaste todo lo que sabias, claro que también llevarán consigo los ejemplos adquiridos, los conocimientos aprendidos en el colegio, pero lo más importante estará en el interior de cada uno; la capacidad saber de ser feliz buscando su destino.

Los hijos nacen de los padres, pero deben convertirse en CIUDADANOS DEL MUNDO. Los padres pueden querer que haya siempre una sonrisa en los hijos, pero no pueden sonreír por ellos. Pueden desear su felicidad, pero no pueden ser felices por ellos.

Sabemos que no existe felicidad inmediata, que no es algo que se guarda en un escondite para ser dada o transmitida a alguien.

LA FELICIDAD CONSISTE EN TENER UN IDEAL PARA BUSCAR Y LA CERTEZA DE ESTAR DANDO PASOS FIRMES EN EL CAMINO DE ESE LOGRO.

El lugar más seguro para el navío es el puerto. Pero no fue construido para permanecer allí.

Los padres piensan que serán el puerto seguro de los hijos, pero no pueden olvidarse que deben de prepararlos para navegar mar adentro y encontrar su propio lugar, donde se sientan seguros, con la certeza que deberá ser, en otro tiempo, un puerto para otros seres (los nietos).

Nadie puede trazar el destino de los hijos, Lo que sí podemos hacer es tomar conciencia y procurar que lleven en su equipaje VALORES como:

HUMILDAD, SOLIDARIDAD, HONESTIDAD, DISCIPLINA, GRATITUD Y GENEROSIDAD.

Los padres no deben seguir los pasos de los hijos y los hijos nunca deben descansar en los pasos que los padres alcanzaron. Los hijos deben seguir desde el puerto adonde sus padres llegaron y como los navíos, partir en busca de sus propias conquistas y aventuras.

Para ello, requieren ser preparados y amados, con la certeza de que:
“QUIEN AMA EDUCA”.

¡Cuán difícil es soltar las amarras y dejar partir al navío!… Sin embargo, el regalo de amor más grande que puede dar un padre es la autonomía.

Por eso nosotros los padres tenemos el deber de darles las herramientas para que aprendan a labrarse su propio futuro, permitiéndoles cometer sus errores, librar sus batallas, tendrán que pedir perdón y saborear sus triunfos.

Solo así podrán valorar las cosas buenas y aprender de las malas.

Es con amor, moral, disciplina y con buenos ejemplos que se logran buenos hijos, buenas embarcaciones que surquen las aguas tormentosas con determinación y optimismo, sabiendo que pronto llegarán a puerto.

Nadie puede trazar el destino de los hijos, lo que sí podemos hacer es tomar conciencia y procurar que lleven en su equipaje de valores, humildad, honestidad, disciplina, generosidad y gratitud.

Los padres no deben ser muletas en los pasos de los hijos y los hijos no pueden descansar en los pasos que los padres alcanzaron. Deben partir en busca de sus propias conquistas y aventuras. Para ello, fueron educados y amados.

A mis hijos les digo; "Tomarán el camino que les dicte su conciencia y mientras lleven el equipaje que le preparamos de humildad, honestidad, disciplina, generosidad y gratitud, seguirán siendo siempre el orgullo de sus padres".

Siéntanse amados por su padre, que él esta agradecido de que la vida le regalara la bendición de conocerlos, Ah y por favor en cuanto lo estimen conveniente y si lo necesitan, no dejen de volver al puerto.