La relatividad de la Existencia Humana por Federico Romero
¿Alguna vez has observado una foto satelital?
Hace poco tiempo, me encontré con una foto satelital del Río de la Plata, en la que se puede observar la desembocadura del Delta del Tigre (con aguas de los ríos Paraná y Uruguay), la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, y desde Colonia hasta Punta del Este, para quien no conoce ésta zona geográfica, esta foto abarca más o menos un área de 400 kilómetros tanto de este a oeste como de norte a sur.
El conurbano bonaerense así como Montevideo son las dos ciudades que más se destacan visiblemente en el mapa, y en ellas viven unos cuantos millones de personas.
Entre tanta agua y tanto verde, ambas ciudades parecen simples hormigueritos, o simples pedacitos de polvo entre un montón de pasto, junto a un tremendo charco.
Eso nos habla de la relatividad de los tamaños, ya que ese gran espacio visto desde nuestro punto de vista concreto, es desde el espacio un montoncito de nada.
Es un pedacito de tierra entre mucha tierra y agua más. Es casi como la nada en un gran todo.
Jorge Drexler describe al Hombre y al Planeta en una de sus canciones con frases que describen muy eficientemente la relatividad y el valor de nuestra Existencia.

El pensar en uno, como ser humano, un pequeñísimo pedazo de materia (un "enjambre de moléculas") inmerso en un lugar tan pequeño en el espacio como una ciudad (un "hormiguerito") nos lleva de la mano a los conceptos de macrocosmos y microcosmos.
Visto desde abajo, cada persona está en su microcosmos, y su macrocosmos es la zona geográfica en la que vive, pero visto desde arriba, una ciudad es un microcosmos, inmerso en otro macrocosmos que sería el planeta.
Desde la filosofía Hermética se ha enunciado el llamado principio de correspondencia, el cual dice que "como es arriba es abajo", con lo que se pretende dar explicación y describir la existencia de una analogía de orden cósmico, por la que todas las cosas a su nivel y con sus particularidades están sujetas a las mismas leyes y características de existencia.
Nuestra ciencia actual tiene al átomo (a-tomo, in-divisible) como la estructura de existencia más irreductible, formada de dos cargas básicas, una positiva y otra negativa.
Según lo enunciado por nuestra ciencia, existen átomos de muchos elementos.
Los átomos se unen con otros - por afinidad - formando moléculas, que son las unidades más pequeñas de cualquier tipo de sustancia o compuesto conocido.
Como mencionábamos recién, los átomos y moléculas responden a un cierto tipo de afinidad correspondiéndose unos con otros para formar estructuras mayores o simplemente realizar una función natural específica, de acuerdo a las conocidas pero enigmáticas leyes físicas naturales.
Podemos afirmar que la predictibilidad sobre la reacción potencial (resultado de causas - efectos) de cierta estructura es inversamente proporcional a la complejidad de dicha estructura.
Dicho de forma más práctica, cuanto más simple es una estructura natural, es más potencialmente predictible; del mismo modo cuanto mayor sea la complejidad de la estructura (o sistema) natural, será más compleja la tarea de poder elucidar el comportamiento reactivo de dicha estructura o sistema ante cierto escenario causal.
De acuerdo a las mencionadas leyes, una molécula determinada siempre se comportará de cierta manera con respecto a otra, si las condiciones están dadas.
Eso es ciencia. Del mismo modo en un nivel más alto, las células de cierto tejido orgánico reaccionarán de una manera constante y predecible bajo ciertas condiciones.
Subiendo un poco más en la escala, los órganos de un cuerpo animal, serán afectados de cierta forma y no otra, bajo condiciones específicas.
Lo mismo se puede inferir del comportamiento animal, el cual es altamente predecible científicamente. Hasta este nivel ha llegado sin mayores controversias la Ciencia Positivista.
Desde no hace mucho tiempo apareció como disciplina científica la Psicología, la cual en algunos aspectos ha logrado demostrar su validez, y en otros aspectos todavía se mantienen conceptos que son muy discutidos, lo cual le quita prestigio como ciencia, si es que se le puede llamar así en las condiciones epistemológicas en que se encuentra actualmente.
Subiendo un poco más en la escala que veníamos tratando, se puede afirmar que las personas suelen reaccionar de formas más o menos predecibles.
La diferencia, radica en la alta complejidad de la conformación humana.
El ser humano es un animal superior, el cual a diferencia del resto del reino animal, posee una mente conciente y una cualidad notable que es la VOLUNTAD.
La Voluntad es una cualidad determinante, es la variable más importante a tener en cuenta acerca del comportamiento humano.
El ser humano tiene poder de decisión, tiene una capacidad de elección acerca de su propio comportamiento, y tiene además capacidad de abstracción, lo cual le permite planificar lo que quiere hacer o conseguir, tiene la capacidad de la creación, de crear cosas que no existían previamente.
La decisión está sujeta básicamente a la voluntad individual (individuo, indivisible, a-tomo, el átomo humano).
Esta característica es la más importante en la complejidad humana, ya que la voluntad determina decisiones, y las decisiones determinan acciones o reacciones.
La voluntad es una forma superior y trascendente, y es un poder que no se puede negar de ninguna manera, ya que tiene imperio sobre la materia.
Estas características hacen que el ser humano sea una entidad muy compleja y menos predecible.
A nivel microcósmico (en sí mismo como persona), el ser humano es algo tremendamente complejo.
Sin embargo en un nivel más macrocósmico (entorno natural, su mundo) el ser humano es un simple insecto.
Las sociedades y las masas de individuos se mueven y cambian su comportamiento de forma más o menos uniforme y predecible.
"Como es arriba es abajo", así como las moléculas o los sistemas simples son predecibles a su nivel, el ser humano y sus sociedades son predecibles modificables, siempre y cuando se muevan las fuerzas adecuadas para ello.
Visto "desde arriba" el sistema humano puede ser calificado como simples moléculas complejas, inmersas en células, tejidos y órganos que conforman un cuerpo mayor que es el planeta.
Toda célula vive de su entorno, del cuerpo en el que viven, y sus moléculas dependen directamente de eso, de la misma manera, el ser humano depende de un cuerpo mayor que es el planeta y sus características naturales particulares.
Así también, nuestro planeta puede ser visto como un simple grano de polvo (que lo es) flotante en un inmenso espacio formado de infinidad de cuerpos, mayores y menores a la tierra.
Por ley de correspondencia podemos inferir de igual modo que los ciclos y ritmos vitales de cada entidad viviente seguramente sean directamente proporcionales a su tamaño.
Como ya lo mencionamos antes, esto es solo el comienzo del camino Iniciático, el conocimiento del SI MISMO y del UNIVERSO.
La mayor parte de las respuestas no pueden ser comprendidas intelectualmente, sino más bien vivencialmente.
Ahondar más en estos laberintos del infinito y la relatividad de la existencia no es pertinente en este momento, esto es solo el botón de muestra, el resto depende de cada cual, y la ley de correspondencia es probablemente el mejor auxiliar que pueda tener un buscador de la verdad.

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Veámoslo: Tema: “Polvo de Estrellas”
Vale
Una vida lo que un sol
Una vida lo que un sol
Vale
Se aprende en la cuna,
se aprende en la cama,
se aprende en la puerta de un hospital.
Se aprende de golpe,
se aprende de a poco
y a veces se aprende recién al final
Toda la gloria es nada
Toda vida es sagrada
Una estrellita de nada
en la periferia
de una galaxia menor.
Una, entre tantos millones
y un grano de polvo girando a su alrededor
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas.
Vale
Una vida lo que un sol
Una vida lo que un sol
Vale
Se aprende en la escuela,
se olvida en la guerra,
un hijo te vuelve a enseñar.
Está en el espejo,
está en las trincheras,
parece que nadie parece notar
Toda victoria es nada
Toda vida es sagrada
Un enjambre de moléculas
puestas de acuerdo
de forma provisional.
Un animal prodigioso con
la delirante obsesión de querer perdurar
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas.
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Letras de un pensador hermético