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El cazador y el santo

Un cazador perseguía ansiosamente a un cervatillo, en medio del bosque.

Arco y fecha en manos, iba en pos de las huellas dejadas por el animal, hasta que las mismas lo llevaron a un extraño sitio donde algunos santos ermitaños se hallaban sumidos en meditación.

- ¿Podrá alguno de ustedes, preguntó, decirme si ha pasado por aquí un cervatillo?

Un cervatillo acaba de llegar, repuso el más anciano de todos.

- ¿Acaba de llegar?, indagó el cazador algo confundido.

- Sí, volvió a decir el santo, sonriendo enigmáticamente.

- Pero… ¿Dónde está…?

- Tú eres ese venado que buscas, y al que alimentas con el torrente de tu propio corazón. Verás, oh cazador, que solo es cuestión de tiempo. Del mismo modo que querías destruir la vida de tu presa, mañana querrán destruir la tuya. El dolor que sembraste aguarda por ti, en el país del mañana. El sol es padre de la Aurora, así como la Sombra lo es de la Noche… inocente alma. ¡Extrae de la pétrea montaña del mundo el diamante purísimo de tu Ser donde yace prisionero, ya no te determines por el mal!


Fuente: Revista Hastinapura - Página 7 - diciembre 2008/enero 2009