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OPORTUNIDADES por Federico Romero
En este mundo los Seres Humanos no nacemos iguales, y tampoco crecemos iguales, ni nos desarrollamos con igualdad.
Todo va en las oportunidades que le toca vivir a cada cual.
El asunto de la IGUALDAD de oportunidades va mucho más allá de las condicionantes económicas y las implicancias políticas o filosóficas.

Es cierto que lo económico y social es un aspecto que no podemos desconocer, pero el problema es muy profundo.
Primero que nada la noción de IGUALDAD entre los Seres Humanos es un concepto UTÓPICO.
La IGUALDAD es más un concepto teórico y matemático que referente a lo humano. La posibilidad de la existencia de dos o más “cosas” iguales en la naturaleza manifestada es altamente improbable.
Ninguna cosa en este Universo es IGUAL a otra por más que lo parezca (por ejemplo los productos fabricados en serie). Mucho menos podemos esperar de la naturaleza viviente.
Hasta ahora hemos mencionado la noción de IGUALDAD en términos de lo constitutivo, lo absoluto de una cosa en sí.
Sin embargo aún en la remota posibilidad de que dos cosas fueran exactamente iguales en su constitución, tendríamos que adjuntar por lo menos una variable más: su posición relativa con respecto a su mundo circundante.
Si llevamos el asunto de la IGUALDAD al plano de lo humano... no precisamos decir lo notablemente complejo que es.
El Ser Humano es una criatura superior socializada, que por todo lo antedicho es imposible que se desarrolle en condiciones de IGUALDAD ni constitutivas ni relativas.
Constitutivamente somos todos diferentes, y en términos relativos todos estamos situados en condiciones diferentes.
Partiendo de la premisa de la DESIGUALDAD INEVITABLE del SER HUMANO, se hace ineludible la incorporación de dos conceptos bien básicos para la convivencia: TOLERANCIA y PACIENCIA.
TOLERANCIA: entendemos por tolerancia a la actitud básica de no violentar a quienes por cualquier razón son diferentes al individuo que evalúa dichas diferencias.
PACIENCIA: dijo algún sabio alguna vez que “la paciencia es la CIENCIA de la PAZ”. ¿Qué más se puede agregar? Todo parece poco al lado de semejante definición pero podríamos agregar que la PACIENCIA radicaría en el saber esperar y en cierto modo comprender las razones por las que ciertas cosas suceden, sin perder el control, sin desesperar en ello.
Dijo el Maestro* Jesús el Nazareno “No juzgueis”.
Quizá el sí tenía en cuenta (como la persona de “alta calidad” que fue) el hecho de que no podemos evaluar (juzgar) y condenar a otros, partiendo de nuestras propias y particulares variables de vida, cuando el otro tiene por naturaleza variables diferentes (condiciones ambientales, condiciones personales, motivos y razones, valores, etc. etc.) de las nuestras.
El Ser Humano como producto
El Ser Humano es matemáticamente un producto. ¿Por qué? Porque es el resultado objetivo de la combinación de ciertos factores.
Todos los humanos son diferentes (como factores) y todos sus subproductos (hijos) lógicamente también lo serán.
También las circunstancias que intervienen como factores son diferentes para todos.
Podemos intentar aproximarnos a las diferentes realidades pero nunca a comprenderlas pues la complejidad de la historia de cada persona es inaprensible.
De la combinación de los diferentes factores resultará la CALIDAD de cada persona, es decir sus cualidades, sus habilidades, sus deficiencias, su “bondad” o su “maldad”.
A nuestro lado podemos tener personas tan diferentes a nosotros que nos resulte difícil convivir si quiera algunos minutos junto a ellas.
Ante la incomprensibilidad de las condiciones particulares de cada persona las únicas alternativas para el buen convivir son las actitudes antes mencionadas como la TOLERANCIA y la PACIENCIA.
Si todos nos peleáramos con todos por cada diferencia... qué pocos quedaríamos sobre la tierra... Algo hemos avanzado... pero aún nos falta mucho.
Operativamente nos volvemos TOLERANTES, pero por conveniencia inmediata.
Por lo general no somos ni PACIENTES ni TOLERANTES a conciencia, es decir, convencidos de ello.
Perdemos de vista que las personas no son “buenas o malas”, “honestas o deshonestas”, “pobres o ricas”, “limpias o sucias” porque lo han querido sino más bien porque sus aspectos ambientales predominantes las han llevado a ser lo que son.
También es cierto que muchos pueden darse cuenta de lo “malo” y eligen dejar de ser así, pero esos son unos pocos privilegiados.
Por esa misma razón el juzgar, burlarnos, despreciar y hasta perjudicar y agredir a las personas que por cualquier razón son diferentes a nosotros (que somos como somos porque tuvimos la suerte o la desgracias de ser como somos) resulta de cualquier manera INJUSTO.
Juzgar - Discriminar - Naturaleza Humana - “Darse cuenta”
Ya hemos expuesto lo que implica juzgar a otros, y lo injusto de evaluar a personas que están determinadas por circunstancias tan disímiles.
Juzgar es una tarea sin sentido entre los humanos.
La discriminación es hija del juicio de valor humano.
Cuando uno comprende que quien es diferente tiene sus “razones”, sus “motivos” particulares para ser así, tal como nosotros tenemos los nuestros, discriminar también se vuelve una tarea sin sentido.
Es naturalmente humano que todos tendamos a juzgar y discriminar.
Pero como especie hemos evolucionado desde lo natural (lo bruto) hacia nuevas formas más avanzadas de vivir, y la TOLERANCIA es un punto crucial para el próximo salto de nuestra civilización.
El “darnos cuenta” de las características que nos determinan a ser como somos, nos permite empezar a TOLERAR las diferencias, a ser comprensivos con quienes no han salido favorecidos en el reparto de virtudes.
Quien se da cuenta, ya debe sentirse favorecido en cierta manera.
De esa forma podemos llegar incluso a perdonar conductas que nos parecen de mala voluntad.
También podemos perdonarnos a nosotros mismos por nuestros errores, ya que el error es hijo de la ignorancia en un momento dado, y no tenemos la culpa de haber sido ignorantes al momento de habernos equivocado.
El perdón ya sea a uno mismo o a un tercero, “aliviana” la carga de rencor que uno lleva en su interior, y eso es objetivamente mejorar la calidad de vida.
En conclusión, las diferencias entre las personas que son “peores” y las que son “mejores” radica en las OPORTUNIDADES que unas y otras tuvieron a lo largo de su formación.
No podemos pensar en convencer a otros de ser diferentes, porque el convencimiento es un tipo refinado de violencia.
Pero sí podemos aprender a TOLERAR, SER PACIENTES, PERDONAR y COMPRENDER de forma amorosa, esperando que al otro le empiece a servir un sistema mejor de vivir, si es que el nuestro, es un buen sistema para vivir.

(*) El calificarlo como Maestro refiere a el carácter objetivo que ha tenido como personalidad que ha influenciado a tantas generaciones de Seres Humanos, y por lo respetable de los valores humanos y conceptos que legó a nuestra civilización.
Dicha mención no tiene la menor intención de resultar dogmática, ni de culto en modo alguno.
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