SOBRE LA MUERTE de José Manuel Molina Ruiz y David Subirons Vallellano

Muerte y reencarnación.
La muerte.
Somos viajeros en un viaje cósmico: polvo de estrellas que gira y baila en los remolinos del infinito. La vida es eterna. Pero las expresiones de la vida son efímeras, momentáneas, transitorias. Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nubes de otoño. Contemplar el nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de una danza. Una vida es como un relámpago en el cielo; corre como un torrente por la ladera empinada de una montaña.

La muerte simplemente es un paso más que damos hacia una forma de vida que se expresa en otra frecuencia, y el preciso instante de la muerte es una experiencia única, bella, liberadora, que se vive sin temor y sin angustia. El hecho de preocuparnos por la muerte no significa una evasión de la vida, sino todo lo contrario. La integración de la idea de la muerte en el propio pensamiento nos permite dirigir nuestra vida de manera más consciente, más meditada. Entonces tenemos mucho cuidado sobre el uso que hacemos de ella, y no derrochando demasiado tiempo en cosas sin importancia.

La muerte no es el fin, sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en este cuerpo físico sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. La vida no está limitada a una existencia única. Esta vida en el plano físico es más bien una minúscula parte de una existencia individual mayor que se desarrolla bastante más allá de nuestra limitada vida de “aquí abajo”.

La muerte física del hombre se puede comparar al abandono del capullo de seda por la mariposa. El capullo de seda y su larva pueden compararse con el cuerpo humano, un cuerpo humano transitorio. Como si éste fuera una casa ocupada provisionalmente o, mejor, como si el cuerpo fuera un vehículo con el que manifestar nuestra consciencia en esta dimensión. Morir significa, hablando simbólicamente, simplemente mudarse a una casa más bella o, también, desechar un vehículo de categoría inferior por uno de mayores y mejores prestaciones.

Desde que el capullo de seda se deteriora irreversiblemente, ya sea como consecuencia de un suicidio, de un homicidio, de un infarto o a causa de enfermedades crónicas -no importa la forma-, va a liberar la mariposa, es decir, nuestra alma. En esta etapa, cuando nuestra mariposa haya abandonado su cuerpo, viviremos importantes acontecimientos que, por diversas razones, es necesario y útil que conozcamos anticipadamente. Si ejercemos nuestra consciencia y obramos en este plano físico y en el otro adecuadamente jamás sentiremos temor ni nos sumiremos en el sufrimiento.

Cese de la vida.
La muerte se caracteriza por el cese de las correlaciones funcionales que aseguran el mantenimiento de las constantes químicas del medio interno. La detención del latido cardiaco o de la respiración, considerados antes como signos característicos de la muerte, no lo son hoy, teniéndose como tal el cese
de la actividad del sistema nervioso central. Así es como define la muerte el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española.

Algo ha cambiado, los antiguos científicos, y por tanto autocoronados únicos portadores de la verdad, creían que alguien había dejado de existir, que había muerto, al comprobar que les faltaba el latido cardiaco o bien la respiración. Hoy, otra nueva hornada de esta especie, los científicos, siguen creyéndose los únicos portadores de la verdad y del conocimiento. Pero hoy no hay ya muerte hasta que el sistema nervioso central ha cesado su actividad.
Algo es algo. Quizás dentro de uno lustros o décadas tengan a bien ilustrarnos
con que la vida no desaparece cuando el sistema central cesa su actividad.

Hay quien piensa que la vida es eterna, que no se acaba nunca, que no está limitada a un pasaje sobre la tierra, sino que forma parte de todo un proceso evolutivo de perfeccionamiento. Eso implicaría que nuestra conciencia puede actuar independientemente del cuerpo físico. ¿Significa que hay algo en nosotros capaz de sobrevivir a la muerte de éste?, ¿Es aquello a lo que llamamos alma?, ¿Es prisionera del cuerpo físico?, ¿Solo puede escapar a la muerte del "cascarón" físico?, ¿Podemos ejercitarla para facilitar su salida?
Desde luego estas preguntas no las podremos responder desde el punto de vista científico. Pero esa premisa no es, para nosotros, la única valida.

No hay duda de que sí hay respuestas, pero éstas las debemos encontrar por nosotros mismos. Es absurdo esperarlas de un mundo súper científico, que tiene sus propios intereses, que sume a la humanidad en el desorden y que está totalmente dividido entre lo que es el pensamiento, el sentimiento y la acción.

Las personas que tienen la capacidad de desdoblarse de su cuerpo físico, "experiencias fuera del cuerpo" -EEC-, nos dicen que con ellas, podríamos ampliar nuestra conciencia, dándonos una mayor sensación de libertad y la certeza de que es posible vencer la barrera “infranqueable” que supone la muerte, a la que solemos considerar nuestro enemigo final.

Todo esto puede parecer muy subjetivo. Pero nos queda el consuelo de saber que la inmensa mayoría de las culturas conocidas han aceptado la existencia de un "doble" sutil, que abandonaría el cuerpo físico durante el sueño y que podría sobrevivir a la desaparición de este. Por referirnos tan sólo a la tradición occidental, encontramos esta idea entre pitagóricos, órficos, platónicos, neoplatónicos y hermetistas.

Todos ellos creen en el alma y que esta posee un vehículo para su manifestación. Algunos lo llaman cuerpo astral o sideral. Ahora bien, una advertencia. No vale la pena que pierdas el tiempo leyendo estas páginas si eres de los que prefieren oír a sentir.

Nosotros, desde nuestro humilde punto de vista, y con la experiencia que otorgan los viajes astrales, sólo podemos decir una cosa... no hay muerte.
Pruebas.
¿Existe vida después de la muerte? Todos nos "morimos de ganas" por conocer la respuesta a una pregunta sobre la que los seres humanos discuten desde hace siglos. Y la respuesta sigue en el mismo punto: precisamente en "punto muerto".
Claro, que esto es así si sólo buscamos la respuesta en la ciencia oficial, si sólo buscamos pruebas científicamente fundadas, experimentales u objetivas.

Pero la actitud científica -muchas veces ciega a la evidencia- exige fenómenos matemáticamente demostrables, repetitivos, mensurables, que no se adecuan a esta cuestión. Henri Bergson, en su alocución presidencial a la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres, en 1913, declaró con respecto a las apariciones y a esta investigación psíquica: "Cuando considero el gran número de casos, su semejanza, su aire familiar y la coherencia de tantos testimonios, todos analizados, verificados y examinados, tiendo por mi parte, a creer tanto en la telepatía y apariciones como, por ejemplo, en la derrota de la Armada Invencible. No es una certidumbre matemática como la formulada por la prueba del teorema de Pitágoras. No es tampoco la certidumbre que emerge del examen de la ley de Galileo. Es, no obstante, el tipo de certidumbre que tenemos en el campo de la historia y la jurisprudencia”.

Es con esos "ojos" con los que se debe indagar en estas cuestiones, si no lo haces así corres el riesgo de quedarte igual de ciego que lo ha hecho la ciencia en el transcurso de la historia. Tampoco pedimos que se deba creer por el mero hecho de hacerlo. Más bien lo apropiado sería que pudieras disponer de tu mente sin ninguna barrera.

Un testimonio -e incluso varios- no constituye una prueba. "Testigo único, testigo nulo", decían los romanos. Sin embargo, las experiencias individuales forman un conjunto de pruebas subjetivas. ¿Pero que tipo de pervivencia nos espera, si es que la hay? Cuando pensamos en esta viva después de la vida nos viene a la mente una pervivencia individual, de la misma manera que hemos estado viviendo en este plano. Una prolongación de lo que hemos sido en esta vida, un perfeccionamiento de lo que hubiéramos deseado ser.

Queda por determinar que puede ser la supervivencia. ¿Acaso un regreso a la gran "sopa" atómica? Al fin y al cabo, aun reducido a polvo, nuestro cuerpo estará todavía compuesto de átomos, que servirán de "mantillo" a futuras criaturas. ¿Una reencarnación de lo mejor de nosotros mismos? ¿O tal vez la reintegración de lo que hemos sido en un cuerpo de nueva materialidad? Lo decía Dalí: "Reclamo una vida en el más allá con persistencia de la memoria.
De buena gana renunciaría a las beatitudes eternas siempre que, en la eternidad, lo recordara todo". Las religiones no afirman esta posibilidad de una conciencia preservada, pero todos coinciden en la idea de una persistencia. ¿Cual de ellas?

¿Cuándo entra el alma en el cuerpo humano?
Si partimos de la base y las creencias reencarnacionistas, en las que la muerte
no es sino que un paso adelante -o atrás- en nuestra evolución para alcanzar el perfeccionamiento y el acercamiento a la luz suprema, deberíamos preguntarnos cuándo entra el alma en el cuerpo humano, si el feto posee un alma humana desde el mismo momento de la concepción. La doctora en psicología Helen Wambach, en su libro "Recalling Past Lives: The Evidence From Hynopsis" y en su artículo "La vida antes de la vida", ha realizado unas investigaciones a 750 personas bajo hipnosis acerca de sus vidas antes del nacimiento.

A la pregunta de "¿Cuándo entra su alma en el feto? se obtuvieron interesantes versiones. Pero lo sustancial de este trabajo fue que casi la totalidad de los 750 casos que respondieron dijeron que pasaron a tener relación con el feto y a formar parte o a relacionarse con él justo en el momento de la concepción. Muchas personas dijeron encontrarse durante el período de gestación "dentro y fuera" del cuerpo fetal.

En el libro de la pareja, A y D. Meuroís-Givaudan "Los nueve peldaños, nacer y renacer" se expone el acercamiento paso a paso, del itinerario de un alma en proceso de encarnación. Los autores contactan con ese ser por medio del viaje astral -tema que tratamos en otro cuaderno de esta misma serie.

En un fragmento de esas conversaciones, este ser que prepara su encarnación, su vuelta a este plano físico, dice refiriéndose a su vuelta: "Pues bien, sabed que tengo un poco la impresión de que voy a morir..., de que me ha tocado el turno. De modo que es preciso que abandone mi confort interior y, lo que es peor, a mis amigos de aquí".

¿Donde está entonces la muerte? ¿En el regreso o en la partida? ¿Cual es el regreso y que es la partida?

Las etapas del viaje al más allá.
Según las personas que han estado al borde de la muerte física hay una serie de etapas que se recorren en ese estado. A continuación exponemos la clasificación del doctor Moody, doctorado en medicina, autor entre otros de los libros "Life after Life" y "Reflections on Life after Life":

- Impresión subjetiva de estar muerto.
- Audición de un ruido desagradable y entrada en una región oscura -
túnel.
- Desdoblamiento del cuerpo físico -extracorporalidad.
- Encuentro con un ser fallecido.
- Audición de una voz y aparición de un ser de luz.
- Desfile panorámico de la vida.
- Sensación de chocar una barrera.
- Rechazo o no deseo de volver atrás y entrada a la luz.
- Decisión de regresar a la vida.
- Modificaciones fundamentales del comportamiento.
Recordemos que el doctor Moody estudió unos ciento cincuenta casos y
que estableció estas experiencias de pre-muerte en tres categorías principales:

- Las vividas por personas declaradas clínicamente muertas y reanimadas.
- Las vividas por heridos o accidentados graves que han visto de cerca la muerte.
- Las vividas por moribundos y agonizantes, capaces todavía de contar lo que sienten.
Sin embargo, las obras del doctor Moody presentan un inconveniente que es necesario subrayar: dejan suponer que en el instante de la agonía todo el mundo vive la misma experiencia "trascendente", lo cual no es cierto. Por otra
parte, coloca en el mismo nivel todos los estadios de esta experiencia sin facilitar estadísticas ni porcentajes. Observando de cerca la historia/tipo establecida por el doctor Moody a partir de la experiencia de los agonizantes, se descubre que cada estadio no se vive por todos los individuos en la misma proporción. Por ello recomendamos de corazón a los interesados en el tema que completen los libros del doctor Moody con el del doctor Ring, que estudia
además si las causas de la agonía, las razones de la muerte, modifican los relatos de estas experiencias.

Aunque, por ejemplo, es diferente el caso de los suicidas. Kenneht Ring interrogó a numerosos suicidas fallidos. Entre esos sujetos ninguno mencionó el fenómeno del túnel, ni vio luz brillante ni apaciguadora, ni encontró presencia de seres queridos desaparecidos, ni penetró en un mundo trascendente de gran belleza. El caso de los suicidas parece ser distinto del de las demás personas que no llegaron a irse del todo -accidentados o clínicamente muertos. Vale la pena dedicar unas líneas a ello.

Precisemos en principio que las observaciones del doctor Ring afectaron a 24 personas -muy poco para establecer una estadística- y que 22 de esas personas habían tomado estupefacientes o alcohol antes de su tentativa de suicidio -lo que tiene una acción neutralizante sobre las experiencias de agonía, como lo ha demostrado el doctor Osis. Sin duda porque los estupefacientes producen amnesia y bloquean la memoria, lo que produce que los sujetos escapados a su suicidio no tengan nada que contar.

Un psiquiatra de San Francisco, David Rosen, interrogó a ocho supervivientes del Golden Gate Bridge, el famoso puente de San Francisco, uno de los más altos del mundo y desde el que se arrojan muchos suicidas. Los resultados en la encuesta de Rosen son muy reveladores: los supervivientes vivieron todos la historia/tipo descrita por Moody y Ring.

Aunque la opinión más extendida afirma que los suicidas no viven la experiencia trascendente de la muerte porque el suicida "viola" en cierto modo la planificación de la vida, las observaciones empíricas tienden a demostrar lo contrario. En realidad, a este respecto no se ha publicado ninguna estadística seria. El doctor Ring se esfuerza en llenar esta laguna con la ayuda de Stephen Franklin. Ya en la actualidad el doctor Ring revisa sus primeras observaciones y advierte que ciertas experiencias trascendentes han sido vividas por los suicidas frustrados, incluso por aquellos que habían ingerido estupefacientes. Por lo tanto, estas experiencias parecen que son universales y no están vetadas a nadie.

Algo de ciencia: La Búsqueda -científica- del cuerpo astral.
¿Sobrevive el espíritu al cuerpo? Algunos investigadores han intentado dar una
respuesta experimental al problema. En el siglo pasado, el doctor Zaalberg van Zelst de la Haya publicó una obra -se trataba de cinco gruesos volúmenes ilustrados. Con ellos produjo cierta conmoción, pues creía haber establecido ciertos hechos concernientes al cuerpo astral, o sea el doble psíquico que abandona al individuo después de la muerte.

Los hechos consignados por el doctor van Zelst eran el producto de sus experiencias de laboratorio. Él afirmaba que el cuerpo astral es susceptible de
comprimirse y de expandirse. Daba incluso una precisión asombrosa: había logrado pesarlo; decía, y se había encontrado con que pesaba 69,5 gramos.

Ahora bien, ¿se trata sólo de una coincidencia?. Esto concuerda con las experiencias realizadas por el doctor Duncan Mac Dougall quien, por su lado, había constatado que en el momento de la muerte el cuerpo pierde aproximadamente entre 62 y 78 gramos...

En estos últimos años, el doctor R. A. Watters, siguiendo las direcciones del pensador metafísico W. Carrington, se dedicó a otro tipo de experiencias.
Carrington se había quedado estupefacto ante los testimonios de algunas personas que habían velado a un muerto. Éstas contaban que una nube dejaba el cuerpo del difunto a la altura de la cabeza. Algunas de ellas afirmaban también que esa nube tomaba una forma corporal muy definida y que permanecía en posición horizontal a una quincena de centímetros por encima del lecho. Carrington quería saber si se podía fotografiar a ese doble psíquico.

La reencarnación - El comienzo de la vida.
Llegados a este punto, sólo queremos recordar que el comienzo de una nueva
vida "el regreso" lo volveremos a hacer todos, y para recordar todo lo que eso
conlleva, sería bueno recordar lo siguiente:

…Y una mujer que estrechaba una criatura contra su seno dijo: Háblanos  de los hijos. Y él dijo: Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del anhelo de la vida misma por perpetuarse. Llegan por medio de vosotros, pero no de vosotros, y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Les podéis dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, porque ellos tienen los suyos. Podéis acoger sus cuerpos, pero no sus almas, porque sus almas moran en la casa del mañana, que no podéis visitar ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros por ser como ellos, pero no tratéis de hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer. Sois el arco por el cual vuestros hijos son disparados, como flechas vivientes. El arquero ve la diana en el camino del infinito, y con su fuerza os doblega para que vuestras flechas vayan raudas y lejanas. Dejad que vuestra tensión en las manos del Arquero sea una alegría; pues de igual manera Él ama la flecha que vuela, como ama también el arco que se tensa.

El renacimiento.
La creencia en la supervivencia después de la muerte es tan antigua como la propia capacidad para creer. Las evidencias que existen también indican que la creencia en la reencarnación es tan antigua como la de la supervivencia. La idea del renacimiento nunca ha desaparecido del todo, ni siquiera en la civilización occidental, donde el cristianismo ortodoxo ha rechazado la doctrina desde hace casi dos milenios, favoreciendo la enseñanza de que el destino eterno del hombre viene determinado por una sola vida terrenal. A lo largo de los tiempos del cristianismo ha habido un número sorprendente de grandes pensadores que han aceptado esa creencia, ya fuera abiertamente o en secreto, cuando hacerlo así representaba el ostracismo y la puesta en juego de muchas otras cosas.

Si preguntamos a cualquier persona: "¿Deseas subsistir después de la muerte, crees que subsistirás? ¿Qué es en realidad eso, la continuidad que tú deseas; qué es eso que, según tú, persistirá después de la muerte?" Es posible que nuestro interlocutor encuentre esas preguntas absurdas o, al menos, que un gran número de aquellos a los que preguntes, las encuentren descabelladas. La respuesta no es del todo simple. "Es mi continuidad lo que yo deseo", o "soy yo quien continuará existiendo", responderán los interpelados, según sus convicciones religiosas o filosóficas. "¿Tu continuación?, ¿Quién eres tú?, ¿en qué consistes? Cuando tú dices: “soy yo el que aspira a subsistir”; ¿Qué es ese yo?

Para la mayoría de los occidentales, ya sean los que se atienen a la definición del catequismo: "El hombre está compuesto de un cuerpo mortal y de un alma inmortal" o a definiciones análogas que establecen una división bien marcada entre espíritu y materia, no hay tema de discusión. Es el principio inmaterial, el alma, la que subsiste, mientras el cuerpo es destruido.

El problema de saber si después de la muerte nos convertiremos en un cuerpo de luz -como quiere la tradición cristiana- o si nos reencarnamos, es una de las cuestiones más difíciles que se plantean. Cada uno decidirá según sus convicciones íntimas, pero sería razonable suponer que, al igual que en la vida, la supervivencia es extremadamente diversa y que después de la muerte algunos se reencarnaran y otros se convierten en cuerpos de luz.

La mayoría de doctrinas esotéricas profesan la reencarnación en las más variadas formas. Puesto que el estado humano es sólo una de las formas múltiples y provisionales de la existencia, según estas creencias el ser, tras cada muerte, retoma un nuevo cuerpo, humano o animal. O, de acuerdo con una concepción procedente de Oriente, la trasmigración no concierne al ser real y completo sino que se efectúa sólo a partir de agregados psíquicos, de principios vitales que se elaboran de acuerdo con una estructura nueva, condicionada por la vida precedente.

El origen de estas ideas, que se han extendido entre el gran público de un modo con frecuencia muy ambiguo, debe buscarse, evidentemente, en las religiones orientales y en particular en aquellas que reúnen hoy millones de creyentes: El hinduismo y el budismo.

"El ser humano forma parte, con una limitación en el tiempo y el espacio, de un todo que llamamos Universo. Piensa y siente por sí mismo, como si estuviera separado del resto; es como una ilusión óptica de la conciencia. Esa ilusión es una cárcel que nos circunscribe a las decisiones personales y al afecto hacia las personas más cercanas. Hay que traspasar sus muros y ampliar ese círculo para abrazar a todos los seres vivos y a la naturaleza en todo su esplendor."

La reencarnación según el budismo.
Las teorías que conciernen a la supervivencia y a los sujetos que las conocen, y que encontraremos en el Tíbet, no son totalmente extrañas a los occidentales. El Tíbet, cruce donde se encontraron y mezclaron inmigrantes venidos de los cuatro puntos cardinales y también, según ciertas leyendas, de regiones extraterrestres, ofrece una notable diversidad de estas creencias, ya que cada grupo de inmigrantes trajo consigo concepciones sobre el tema capital de la perennidad indefinida, universalmente deseada, de la vida individual.

El budismo no cree de la existencia de un alma individual y eterna. El ser humano es sólo el transmisor de un incesante flujo, de una energía ininterrumpida, de una corriente, siempre cambiante, de "fuerzas" acumuladas durante existencias anteriores. El sufrimiento proviene del absurdo deseo de querer ser "yo" en el seno de un mundo donde todo es ilusión -maya. Este deseo de permanencia, de estabilidad, de individualidad es la causa de los renacimientos en el mundo del dolor.

Existe un medio de liberación, el que encontró el propio buda -Buda significa "el despierto". Primero es preciso conocer la verdadera naturaleza del mundo, saber que todo es ilusión y suprimir cualquier deseo para alcanzar la liberación y fundirse en lo Absoluto: el Nirvana.

Estar libre de pasiones, deseos, de la individualidad, de las ilusiones del mundo, éste es el estado de bienaventurado -bodhisattva- que puede alcanzarse en este mundo y en vida, sin hacer intervenir las nociones de paraíso e infierno.
Sin embargo, esta ascesis física e intelectual no basta para la liberación, pues
también deben practicarse un conjunto de obligaciones rituales.

La ley del Karma es, también ahí, fundamental. Es el factor determinante de la existencia de un individuo. El hombre que muere renacerá en un estado agradable o desagradable, según las acciones que haya cometido en su vida aquí, en este plano. Pero -y es esencial comprenderlo bien- el que renace nada tiene que ver con el muerto, puesto que no hay preservación alguna de la individualidad. Es una entidad espiritual ligada al cuerpo material, pero no enteramente dependiente de él, que se separa cuando éste muere y cesa de ser utilizado por ella. Este Namshes entonces emigra, para ir a vivir a otro cuerpo.
De todas maneras, el Namshes no es libre de elegir a su gusto el nuevo cuerpo en el que vivirá. Este le es impuesto por el juego automático de las causas y de los efectos: el "juego de la acción" -Karma.

Sin embargo, el grueso de los tibetanos ha hecho del Namshes un equivalente del Jîva indio, que desempeña el mismo papel. Este Jîva no debe ser considerado como el equivalente del alma de la que hablan las religiones occidentales. No es creada, particularmente, para cada individuo en el momento de su nacimiento.

Ningún poder supremo regula la reencarnación del Jîva/Namshes; éste es automáticamente conducido hacia el nuevo cuerpo que debe habitar. Sólo los actos que realizó por intermedio del individuo al que estuvo unido, será la causa de su nueva reeencarnación.

En esta atmósfera de superstición se lee, en la mayoría de los hogares tibetanos, el Bardo todol, poema simbólico filosófico escrito por letrados para
letrados y que sirve todavía, en nuestros días, de tema de estudio y de meditación a ciertos pensadores del alto "País de la nieves".

El Bardo todol indica que el fallecido es un ser liberado si ha sabido reconocer la Luz fundamental y unirse a ella. En el preciso instante en que la fuerza psíquica escapa por la cúspide de la cabeza. El Principio Consciente elige su futuro receptáculo. Eso es, al parecer, lo que ocurre y permite comprender esta reencarnación que sigue siendo tan misteriosa como la vida misma.

La reencarnación en las culturas del mundo.
La idea de cesar de existir es, para todo individuo, odiosa y terriblemente penosa. Las culturas extinguidas y las que existen actualmente en el mundo, pueden divergir en numerosos puntos y costumbres, pero la reencarnación es una de las creencias más antigua y común en todas ellas. Algunos arqueólogos creen que esa fue la razón de que en la Nueva Edad de Piedra -10.000-5.000 a. de C. - se enterraran los cuerpos en posición fetal, para facilitar así el renacimiento.

En las religiones avanzadas se tiene que hacer una distinción entre reencarnación y la teoría o doctrinas kármicas que se han desarrollado, a veces durante milenios, para encajar con unas particulares tradiciones teológicas y religiosas. Por ejemplo, a los pueblos que viven tan cerca de la naturaleza que consideran a la humanidad como una parte integral de la creación, puede no resultarles difícil imaginarse a sí mismos como renacidos en cuerpos de animales o insectos. A los miembros de culturas avanzadas, con filosofías bien desarrolladas, conscientes de lo muy alto que se ha elevado el pensamiento humano como animal más evolucionado, les puede parecer repugnante la idea de hundirse en un cuerpo animal.

A continuación describiremos algunos ejemplos de teorías de la reencarnación.
Europa.
En la antigua Europa exitía un "cinturón de la reencarnación" que abarcaba por lo menos el norte del continente, con avanzadillas hacia el sur, tales como los lombardos, en Italia. Las antiguas baladas inglesas y escocesas hablan de que las almas de los hombres y mujeres pasan a los animales, aves o plantas y, según el folclore británico y bretón, los espíritus de los pescadores y marineros muertos habitan en los cuerpos de las gaviotas blancas, y los de los niños no bautizados flotan en el aire, en forma de aves, hasta el día del Juicio Final. Los teutones, e incluso los romanos -según Plinio-, atendían cuidadosamente a las serpientes domesticadas, a las que consideraban como encarnaciones de sus antepasados o como genios guardianes de sus hogares. Según los galeses, la doctrina de la reencarnación se inició con los celtas, ya en la prehistoria, y fue a través de ellos como encontró su camino hacia el este, para florecer en el hinduismo y el budismo.

África.
A lo largo y ancho de África hay cientos de tribus que creen en la reencarnación de una forma u otra. Theodore Besterman, al sintetizar las creencias de más de cien pueblos de todas partes del continente, descubrió que treinta y seis de ellas creían que los muertos regresaban en forma de seres humanos; cuarenta y siete que lo hacían en forma de animales y doce en forma de otras entidades. Los más civilizados de estos pueblos se inclinaban por la primera creencia.

De entre las tribus que creían en la reencarnación en forma humana, los zulúes poseían uno de los credos más avanzados. Dentro del cuerpo habita un alma, y dentro del alma, una chispa del espíritu universal divino, el I Tongo.
Existen siete grados de hombres, los más elevados y perfectos alcanzan un estado después de muchas reencarnaciones en los que ha cesado el renacimiento. Habitan en la Tierra, en formas físicas de su propia elección, y pueden retener o renunciar a esa forma, según prefieran. El destino final de la humanidad es la reunificación con el I Tongo.

Algunas tribus africanas creen que los espíritus ancestrales regresan a sus antiguos hogares con forma de serpientes; se les ofrece leche y a veces carne, ya sea porque su presencia demuestra que el antepasado está hambriento, o bien porque protegerá a quienes viven en el kraal. Hay una creencia china similar según la cual la visita de una serpiente representa la de un antepasado. Los betsileo de Madagascar sostienen que los nobles renacen en forma de boas constrictores, los plebeyos de buena posición como cocodrilos, y los miembros inferiores de la tribu como anguilas.

Los africanos, a diferencia de los hindúes y budistas, consideran la vida como algo feliz, y la reencarnación como un buen destino. Tienen muy poca idea acerca de un final del proceso, y, si no pueden tener hijos, lo consideran una maldición porque eso bloquea el canal del renacimiento. En general, se cree que los antepasados sólo reaparecen en el seno de sus propias familias.

Océano Pacífico.
En las vastas extensiones de Oceanía -las islas del Pacífico, Indonesia, Micronesia, Melanesia-, la creencia en la trasmigración de las almas humanas hacia el mundo animal se halla tan extendida y es tan variada como lo son sus pueblos y su geografía. Los dyaks de Borneo creen que el alma muere varias veces, hasta que finalmente se convierte en un insecto o en una planta de la jungla. Una serie de pueblos de la Melanesia oriental y central creen que los espíritus viven en el otro mundo durante un tiempo, mueren una segunda vez allí, y luego regresan en forma de hormigas blancas; otros creen que después de la segunda muerte, se convierten en una variedad de criaturas.

Los habitantes del norte de Guinea consideran como sagrados a los monos, las serpientes y los cocodrilos, porque los creen animados por los espíritus de los muertos. Por la misma razón, los papuanos y otros nativos de Nueva Guinea no comen pescado, cerdo o casuario. Los nativos lifu y los isleños de las Salomón les dicen a sus familiares, después de muertos, qué criaturas animaran sus almas, para que sus parientes nunca las maten ni les hagan daño.

Los poso alfures de las Célebes creen que hay tres almas, el principio vital -inosa-, el intelectual -angga- y el elemento divino -tanoana-, siendo este último el que abandona el cuerpo durante el sueño, para desplazarse, y teniendo la misma naturaleza que muchos animales y plantas. En Bali, donde el hinduismo es la religión predominante, se cree que el individuo se reencarna una y otra vez en la misma familia.

La idea existente tras el canibalismo, que maduró antiguamente en el Pacífico, pudo haber sido la absorción de la materia del alma del hombre muerto, y la adición de la misma a la propia.

Australia.
La creencia en la reencarnación de los antepasados existe en cada una de las tribus de los clanes septentrionales de Australia central, y se puede suponer que esa doctrina fue originalmente universal entre los aborígenes australianos. Ellos creen que todas las personas vivas son reencarnaciones de los muertos. Después de la muerte el alma permanece en las cercanías deambulando por los estanques, las gargantas y los árboles, como algunas creencias africanas, a la búsqueda de una mujer a la que puedan pasar para nacer de nuevo. Sólo pueden nacer en el seno de su propio clan, aunque algunas creencias contradicen esta idea, como la de que el espíritu de un hombre muerto entra en su asesino. También es frecuente la reencarnación de los abuelos en sus nietos.

América.
Los indios tlingit, del sudeste de Alaska, creen que el alma se reencarna en un
nuevo cuerpo entre sus parientes, y acostumbraban a incinerar a sus muertos.
Cuando una mujer embarazada soñaba con frecuencia con un pariente muerto, se creía que ese pariente nacería como su hijo. Si se descubría que el bebé tenía una marca de nacimiento que ya existió en el cuerpo del fallecido, se consideraba que era la misma persona que había regresado a la Tierra, y al niño se le daba su mismo nombre. Es posible que los tlingit fueran influidos por el budismo, y también hay ciertas semejanzas superficiales con el hinduismo.
Tienen un concepto del karma, aunque no lo llaman por ese nombre, y esperan que las desgracias sufridas en una vida puedan disminuir en la otra.
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Los esquimales occidentales de Alaska desarrollaron un sistema de cinco cielos ascendentes, cada uno de los cuales se alcanzaba después de una encarnación terrenal, con una purificación gradual y progresiva, hasta la liberación final del ciclo de renacimiento.

Hubo al menos algunas docenas de tribus de América del Norte que sostuvieron creencias sobre la reencarnación, aunque se dice que sólo se formuló una doctrina coherente en el noroeste.

La trasmigración en el mundo animal era ampliamente aceptada por los sudamericanos. Los antiguos mexicanos creían que los príncipes, los nobles, los guerreros caídos en el combate y las víctimas de los sacrificios renacían después de haber pasado una temporada en el paraíso oriental del dios Sol, convertidos en pájaros de brillante y colorido plumaje, o como nubes o piedras preciosas.
Las personas de condición más baja se convertían en comadrejas, bestias malolientes o abejas. Las mujeres que morían durante el parto iban al paraíso
occidental del Sol, y podían regresar convertidas en mariposas nocturnas.

Los indios de Nuevo México creían que un bebé moribundo, cuando muriera regresaría, y que si su cuerpo era enterrado bajo la tierra del hogar, el alma encontraría a la misma familia. Los incas se aseguraban el regreso mediante la momificación del cuerpo, de modo que el alma pudiera regresar a su receptáculo anterior.

Ley del Karma.
El hinduismo sostiene el hecho de la reencarnación apoyándose en el proceso energético de la ley kármica causa/efecto. Ésta es una ley cósmica equivalente al hecho de que cualquier acto positivo o negativo genera una respuesta kármica recompensativa o castigadora. Este mecanismo va reproduciéndose mediante sucesivas vidas en la Tierra, las cuales tienen por única misión purificar el alma del ser hasta alcanzar la perfección total.

A lo largo de las distintas reencarnaciones vamos progresando en el nivel de conciencia hasta llegar a alcanzar la perfección total, que es la consecución del hombre perfecto. El proceso kármico reencarnacionista se basa en las leyes inmutables del nacimiento y de la muerte, aunque una vez encarnado dentro de un cuerpo físico el ser tiene la posibilidad de moverse libremente según los impulsos que su libre albedrío le dictamine.

A pesar de la prefiguración de la existencia, el ser humano posee la facultad de la libertad individual, que le permite elegir voluntariamente el desarrollo de su vida, llenándola de experiencias positivas y negativas. El comportamiento del hombre puede eliminar su viejo karma y crear uno nuevo
de valor más elevado en la escala de nuestra purificación espiritual.

Cuando se comprende el objetivo de la reencarnación se toma conciencia de que el proceso evolutivo tiene como objetivo igualar la existencia de todas las criaturas. Se comprende que nada hay al azar en la vida y que todo tiene su mecanismo compensatorio; ello proporciona calma de espíritu. Así se hace comprensible por qué unos seres están bien formados y otros no, por qué unos
están sanos y otros enfermos, y por qué unos son ricos y otros pobres espiritual o materialmente.

El karma es el destino del que cada hombre es protagonista a través de sus acciones. El Ser Supremo no premia directamente la virtud y castiga la debilidad, sino que la recompensa o el castigo van implícitos en la acción. Una
acción buena o positiva produce frutos buenos, y una acción mala o negativa comporta malos frutos. Se recoge lo que se siembra, y en muchos casos no hay
que esperar a otra vida para padecer o gozar del resultado de nuestras acciones.
Es como ya hemos dicho, la ley de acción y reacción. Ahora bien, no existe en
este mundo una acción absolutamente buena o absolutamente mala. Todas las
acciones llevan una carga positiva y una negativa. Decimos que es buena cuando su carga positiva es superior a la negativa y viceversa. Del mismo modo, no existe una conducta cuyas acciones sean todas buenas ni otra que sean todas malas. En términos generales, se considera buena una conducta que acumula más acciones positivas que negativas. Por eso, en la vida de todo ser humano hay placer y dolor en distintas medidas. Siempre en relación directa a la calidad de sus acciones pasadas.

Existe una conexión definida entre lo que estamos haciendo ahora y lo que ocurrirá en el futuro. También existe esta relación íntima entre lo que nos ocurre ahora y nuestras acciones pasadas. Nuestro presente está determinado
por nuestro pasado. De nuestra actuación presente depende nuestro futuro.
Sivananda lo da a conocer así: "Eres descendiente de tu pasado y progenitor de tu futuro". Digamos que las circunstancias que van a rodear nuestra vida actual son ya inamovibles, puesto que son consecuencia de cuanto hicimos con anterioridad. Es como una flecha que se ha lanzado y ya no hay modo de detener. Sin embargo, la actitud o la manera con que afrontamos esas circunstancias van a influir decisivamente en la formación de nuestro futuro destino.

Pueden distinguirse tres tipos de karma. Sanchita, o el total de semillas acumuladas a lo largo de todas nuestras existencias. Prarabdha, o el puñado de semillas que utilizamos en una vida y que conforman las circunstancias que
concurrirán en esa vida. Y Kriyamana, o el fruto que obtenemos de las acciones de esta vida y que pasa inmediatamente a engrosar nuestro almacén, Sanchita, y, por lo tanto, a influir en nuestro futuro.

No puede hablarse de predestinación, porque es el esfuerzo de hoy el que determina el destino de mañana. Deseo, pensamiento y acción van siempre unidos. Es el deseo quien da lugar al pensamiento y éste a la acción. Repitiendo una acción determinada se adquiere un hábito. Cultivando hábitos se desarrolla un carácter y es el carácter, en definitiva, el que determina el destino del hombre. El destino es, por tanto, una creación propia. Lo hemos creado por medio de pensamientos y acciones.

Las causas de nuestras acciones son nuestros pensamientos y la causa de éstos, nuestros deseos. Surge en la mente un deseo de posesión de un objeto.
Inmediatamente se piensa cómo conseguirlo y, acto seguido, se actúa para obtenerlo. El deseo, el pensamiento y la acción son los tres hilos que, entrelazados, trenzan la cuerda del karma. Pero, ¿cuál es la causa de nuestros
deseos? Aquí es donde se cierra el ciclo porque nuestros deseos sutiles dependen de las experiencias agradables recogidas como fruto de nuestras acciones. El deseo produce la acción y la acción produce el deseo. Me apetece
un helado, lo tomo y la experiencia deliciosa de saborearlo queda grabada en mi mente y surge más adelante en forma de deseo por otro helado.

¿Es ésta la historia de la gallina y el huevo? ¿No es este ciclo de deseos y acciones un círculo vicioso en el que la voluntad del hombre parece quedar al
margen? Sólo en apariencia, porque el deseo, antes de ser acción, ha de ser pensamiento y ahí es donde la voluntad del hombre puede manipular, controlar y seleccionar. Los deseos no determinan absolutamente la acción, sino que crea una tendencia. De aquí la importancia que el Yoga concede al pensamiento positivo. Pero no es el mejor camino forzar el pensamiento para que deje de ser “negativo” y se transmute en “positivo”, sino que viendo con claridad lo que uno piensa, cómo siente y obra, ve lo falso, lo inapropiado, y surge, con naturalidad, sin ningún esfuerzo, el pensamiento, el sentir y el obrar inteligente y adecuado.

Es harto intrincado establecer claramente las conexiones entre la ley del karma y nuestros procesos psicológicos, pero la ley existe y eso es preciso aceptarlo.
Por otra parte, es ciertamente confortante constatar que nuestro destino está
enteramente en nuestras manos y no somos guiñoles movidos caprichosamente
por fuerzas misteriosas y desconocidas.

Dejà Vu.
¿Has tenido la sensación de experimentar algo vivido con anterioridad? ¿Has tenido la impresión de conocer un lugar en el que no había estado antes? ¿Has
revivido una escena que ya había vivido mentalmente? Si has experimentado alguno de estos estados psíquicos antes de haberlos vivido físicamente, ha sido protagonista de un hecho involuntario de "dejà vu". Esta expresión francesa, "ya visto", ha sido adoptada como el término que define a este fenómeno.

La Parapsicología estudia este fantástico fenómeno de conocimiento subjetivo de lugares y hechos, y lo considera técnicamente como una forma de "clarividencia precognitiva viajera". Es la mente la que viaja, nunca el cuerpo físico. Es una forma de memoria perdida, su vivencia se pierde en el sustrato profundo de la mente y no se recuerda hasta el momento de producirse los hechos físicamente.

Esta memoria perdida abre las puertas a las tesis del mundo de la reencarnación. Los investigadores de las teorías reencarnacionistas, como el Dr. Ian Stevenson, director de la División de Parapsicología del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Virginia, estudian la hipótesis que el "dejà vu" pudiera ser una forma de constatación de una vida anterior. Ello explicaría que se tenga un conocimiento detallado de ciertos lugares sin haber estado realmente en ellos. El "dejà vu" sería una forma de manifestación mnésica, un
recuerdo.

Evidentemente, no existe confirmación oficial de tal tesis reencarnacionista, aunque sí indicios de su autenticidad debido al caudal de información suministrada. El fenómeno es, subjetivamente, real, como una precognición de hechos que después se convierten en realidad. La ciencia posee explicaciones psicológicas y neurológicas al respecto, pero tampoco están confirmadas.

El "dejà vu" se considera un hecho auténticamente audiovisual, más complejo que la clarividencia. El fenómeno se define por la sensación de "ya visto". A ello hay que añadir "ya oído", "ya olfateado" y "ya sentido", porque en realidad comprende un conjunto de sensaciones breves, pero muy intensas.

Las ciencias psíquicas -psicología, psiquiatría- registran el "dejà vu" bajo el término de "falsa memoria" y todavía desconocen las leyes de su funcionamiento. La persona que experimenta este fenómeno no lo recuerda nunca en el primer momento de producirse. No tiene conciencia de que es una premonición que más tarde se convertirá en realidad. Por el contrario, la aparición de la memoria perdida sólo se hace consciente en el momento en que los hechos se manifiestan objetivamente. Entonces, el sujeto toma conciencia de un hecho real que ya conocía.

Casi todo el mundo ha experimentado alguna vez en su vida el "dejà vu".
Cuando se manifiesta, al convertirse en realidad, nos deja perplejos. Entonces, fuera de control, la mente retrocede en el archivo psíquico con rapidez relampagueante a la búsqueda de datos almacenados. La psique sabe que está reviviendo algo que ya conocía. Las claves de los datos están grabadas en el subconsciente que se encargará de desvelarnos de qué se trata. Sin embargo, la mente nunca nos dice cuándo ni por qué se produjo esa vivencia.

La sensación que tiene la persona en el momento que experimenta el "dejà vu" es verdaderamente aterradora. El ser humano, instalado con comodidad en un mundo tridimensional regido por los conceptos espacio y tiempo, ve y siente por un momento cómo se le escapa el control de la mente que viaja hacia un pasado que él no conocía y le desvela cosas del futuro que acaban de producirse. Por unos instantes se encuentra fuera de las coordenadas que rigen su ámbito normal de desenvolvimiento. No entiende qué ha sucedido y llega a la conclusión que necesariamente se ha "ausentado" de su vida física.

Los resultados estadísticos de las investigaciones efectuadas en los casos de "dejà vu", no dejan de ser sorprendentes. Un 90% de experiencias fueron vividas por personas relacionadas con los lugares o hechos por razones socioculturales, por lo tanto los motivos estimulantes podrían haber originado dicha manifestación paranormal. Sin embargo, entre un 5% y un 7%, según los lugares, parecen estar relacionados con posibles existencias de vidas anteriores, es decir, abogan por la tesis reencarnacionista.

Entre los fenómenos documentados más célebres de "dejà vu" retromonitivo de conocimiento de vidas pasadas, se encuentra el caso de Bridie Murphy, ocurrido en 1956. Bajo estado hipnótico y por la técnica de regresión, Virginia Thige, ama de casa de Colorado, recordaba sus vivencias anteriores transcurridas 250 años atrás, en Irlanda, cuando ella era Bridie Murphy. Su sintonización era tal que incluso modificaba su voz y forma de expresión adoptando su antigua personalidad.

Naturalmente no se tiene certeza que éste fuera un caso auténtico de reencarnación, ya que retrotraerse a épocas anteriores en el tiempo resultó muy difícil para los investigadores. Estos casos, aunque mínimos, no dejan de ser extraordinarios. El sensitivo vive una retromonición en la que recuerda nítidamente haber vivido "otra existencia". Suministra tal cantidad de datos sobre la época, el lugar, las personas, y los hechos ocurridos por aquel entonces, que una vez investigados y contrastados con resultados positivos, rompen cualquier esquema lógico de la ciencia.

Si aceptamos la realidad del fenómeno del "dejà vu", porque está constatado que ciertamente se da, su manifestación debe necesariamente producirse siguiendo las pautas de un proceso psíquico que debe ser activado por algún tipo de estímulo catalizador del mismo. ¿Cómo se produce? ¿Qué explicación tiene? ¿Dónde tiene su origen?

Milenarios conocimientos esotéricos, divulgados por prestigiosos psíquicos como Edgar Cayce, sostienen que todo lo ocurrido en este mundo se encuentra grabado en los registros akáshicos que, en forma simbólica de faja etérica alrededor de la Tierra, protegen la vida en el planeta. Estos registros conforman la "mente mundial", en donde convergen todos los estadios del plano energético del planeta, que quedan grabados en el tiempo infinito, sin pasado, presente ni futuro. De ahí proviene todo el conocimiento que posee la
humanidad.

El prestigioso psiquiatra y padre de la psicología Carl Gustav Jung llegó a la conclusión de que existe un subconsciente colectivo en el que confluyen el conjunto de conocimientos acumulados en sucesivas generaciones de civilizaciones y culturas y en donde se almacena toda la sabiduría que existe. El subconsciente colectivo es un estadio adimensional energético. De él se extrae toda la información que hace posible las formas de conocimiento, la civilización y el progreso continuo que nos ha permitido llegar en la actualidad hasta donde nos encontramos.

En esta línea resulta relativamente fácil comprender que mediante un proceso de interacción psíquica una persona pueda tener acceso a estos registros, y conocer unos hechos energéticos que todavía no se han manifestado en nuestro espacio tridimensional. Cuando se poseen estos conocimientos ocultos y llega el momento en que se produce la manifestación de los hechos reales, tenemos la impresión de haberlas vivido con anterioridad.

Exactamente lo mismo puede suceder con el acceso a conocimientos referentes a vidas anteriores. Éstas pueden ser conocidas y asimiladas como si
se tratara de experiencias propias, vividas en otra existencia anterior. Por ello es fácil creer, erróneamente, que nosotros somos la misma persona que ha vivido antes. En realidad, lo único demostrado es que podemos tener acceso a
información, a datos sobre otras vidas, pero no que en el pasado fuéramos los
portadores de los mismos.

El acceso a los conocimientos del subconsciente colectivo explicaría la existencia de niños prodigio. Estos niños poseen extraordinaria sabiduría sobre
algo que nadie les ha enseñado pero que dominan a la perfección. De hecho, son conocimientos y facultades que provienen de grandes personajes de épocas pasadas. En algunos casos, estas personas no dudan en afirmar que ellos no son más que una marioneta, y que son los propios espíritus de estos personajes muertos quienes les inspiran, guían sus manos y sus mentes creativas.

Sugerencias, pruebas y conclusiones.
No nos sentimos cualificados como para emitir un juicio sobre los diferentes modos de concebir la inmortalidad que hemos expuesto. Reflexionando sobre todo ello parece ser que el ser humano por sí mismo no es capaz de llegar hasta el Absoluto, sino que necesita un mediador. Esta es la razón de ser de las religiones, que se esfuerzan en conservar y difundir la obra de aquel mediador, quien sea en cada caso. Sin embargo en la realidad el verdadero mediador está en nosotros mismos. Ninguna doctrina, ninguna, nos llevará a encontrar lo que el ser humano busca en la reencarnación... la paz, la tranquilidad, el cese de la angustia y del miedo. Ese es el origen fundamental de todo credo reencarnacionista, ese es el origen de que parezcan existir tantos modos de reencarnarse, tantos como pueblos habitan éste planeta.

La reencarnación es una teoría seductora. El pensamiento de haber vivido otro destino, en otra época, parece apasionante. Pero ¿existen pruebas de la reencarnación? La palabra prueba es, en principio, muy inadecuada, pues la certidumbre de los grandes sabios, sus comprobaciones, no pueden considerarse pruebas en el sentido científico del termino. ¿Pueden establecerse tales pruebas científicas? Ésta es la dirección de las investigaciones del doctor Stevenson que, advirtámoslo, no titula su más célebre obra "Veinte pruebas de la reencarnación" sino "Veinte casos que sugieren la reencarnación". Su espíritu científico le obliga a plantear el tema como una hipótesis.

En los casos estudiados, los sujetos no fueron sometidos a ninguna hipnosis ni a ninguno de los métodos de regresión que existen. Se tuvieron en cuenta siete elementos para definir y considerar las pruebas:

- Deseo de encontrar a la antigua familia.
- Repetidas afirmaciones de otra identidad.
- Costumbres, comportamientos, reacciones similares a los del difunto.
- Deformaciones congénitas o marcas de nacimiento.
- Habilidades, aptitudes insólitas, conocimientos particulares.
- Conocimientos históricos, erudición.
- Reconocimientos de lugares o de gentes.
Del primer tipo -deseo de encontrar a la antigua familia- en el que fue investigado un niño pequeño -cuatro años- de las ocho declaraciones hechas por el niño, siete se revelaron exactas, sólo el nombre del padre era erróneo. En todos los otros elementos e historias, el porcentaje de aciertos tras la investigación fue asombroso.

Al considerar los pros y los contras de la reencarnación hay que tener en cuenta dos divisiones de actividad y pensamiento: la empírica y la ética. Los datos nos demuestran que hay numerosos fenómenos humanos que sugieren la
existencia de la reencarnación; también es igualmente demostrable que a casi
todos ellos se le pueden dar otras explicaciones, normales o paranormales; sin
embargo, es indudable que después de haberse dado todas las explicaciones posibles, queda un residuo de fenómenos inexplicables para nuestro estado actual de conocimientos, como no sea explicarlos por medio de teorías mucho
más inverosímiles que la de la reencarnación.

Por otra parte, los ejemplos de fraude deliberado aparecen muy poco en la literatura, y el doctor Stevenson escribe que él sólo ha conocido un caso de fraude deliberado. Perpetrar un fraude lo bastante bien como para engañar al
mundo en gran escala requeriría demasiado tiempo y esfuerzo, y no tendría propósito alguna excepto para el exhibicionista paranoico o para el fanático.

El engaño inconsciente, en forma de convicción subjetiva basado en premisas falsas y supuestas existencias construidas sobre factores tales como actitudes de los padres, conscientes o inconscientes, absorbidas durante la infancia, sería algo tan insustancial que quedaría fácilmente al descubierto. Sus orígenes se pueden demostrar en muchos casos por medio de la hipnosis, una técnica muy útil para descubrir verdades personales desconocidas por el sujeto.

La criptomnesia, la memoria oculta, explicaría un amplio ámbito de fenómenos, ya que ésta cuenta con notables capacidades, como por ejemplo la demostrada habilidad para recordar una página entera escrita en un lenguaje desconocido, vista en una sola ocasión en una biblioteca, muchos años antes, siempre y cuando el sujeto caiga en un trance inducido o espontáneo. Si la criptomnesia se alía con fantasías incubadas en la mente subconsciente, se puede crear un escenario muy convincente, sobre todo si el sujeto posee una mente con información obtenida de numerosas fuentes y no tiene problemas en comunicarla.

La paramnesia, o falsa memoria, es otra fuente de experiencia ficticia del pasado que a menudo tiene un matiz reencarnacionista. En este caso, los recuerdos de la vida presente se malinterpretan y se ven coloreados por otros
factores, creándose la ilusión de una existencia en un pasado histórico, lo que
convence al sujeto de que ha vivido antes. Cuando aparece una fuerte emoción, se incrementa a menudo la certidumbre del sujeto.

Los estados alterados de conciencia, inducidos de modo "natural" por medio de la meditación o de técnicas de entrenamiento mental, o de modo artificial por medio de las drogas, se ven acompañados a veces por fenómenos tan cercanos a experiencias de vidas pasadas que, si no son lo que parecen ser, arrojan dudas sobre esas experiencias.

También pueden existir recuerdos heredados, de carácter popular, racial, ancestral, familiar o genético. La opinión general parece ser la de que aun cuando los seres humanos heredamos ciertos recuerdos expresados en instintos de supervivencia y, posiblemente, en una mayor capacidad para aprender ciertas habilidades -"recordamos" cómo chupar, y quizá un niño moderno aprenda a montar en bicicleta con mayor rapidez que su abuelo-, estos recuerdos pertenecen a un ámbito bastante limitado. Pero realmente, si reuniéramos todos los casos de aparente memoria heredada que aparecen en toda literatura sobre psicología anormal, parapsicología e investigación psíquica, parecería que la facultad es mucho más común de lo que se ha pensado hasta ahora; y si se demostrara que la memoria heredada existe, eso podría explicar numerosas experiencias reencarnacionistas.

La memoria cruza la frontera entre las explicaciones normales y paranormales, pues otra fuente de memoria podría ser el subconsciente universal del que habló Jung, y que se encuentra en el borde de la concepción
de la memoria cósmica e incluso de los registros akásicos. Si algunas mentes humanas son capaces de extraer información del almacén de memorias de cualquiera de estos depósitos, a través de algún medio psicólogico, aceptándolas luego como propias, eso podría explicar las experiencias del tipo
de la reencarnación.

Si se admite la validez de los fenómenos paranormales, aparece un amplio abanico de explicaciones distintas a las de la reencarnacionista para explicar las experiencias de renacimiento. Por ejemplo, la precognición, la retrogresión, la telepatía de padres, parientes o amigos, y también podría incluirse la paramnesia telepática.

Los recuerdos de vidas pasadas, incluyendo las extraídas de las mentes de pacientes hipnotizados, pueden tratarse de romances terapéuticos, creados a modo de anticuerpos mentales para curar las fobias y neurosis de la vida presente, o, en algunos casos, quizá se trate de válvulas de escape. Los argumentos éticos contra el renacimiento son que la fe en esa idea conduce al
fatalismo, la pasividad y la depresión. Sin embargo, cualquier fe puede tener resultados negativos, desde la autosatisfacción y la beatería hasta el fanatismo y la crueldad.

A pesar de todas las diferencias que los separan, hay muchos credos en los que se detecta un cierto tema arquetípico. De alguna forma, encontramos nuestro origen a partir de Dios; descendemos a la materia; progresamos de regreso hacia Dios. El propósito del proceso es completamente ético y educativo, y consiste en, a partir de la inocencia, dirigirnos por medio de la experiencia hacia una moralidad triunfante victoriosa que nos permita ser dignos de reunirnos con nuestro Hacedor sobre -¿nos atrevemos a decirlo? - términos iguales. La reencarnación sería la herramienta mediante la que se configura nuestro destino.

Nosotros vemos en la reencarnación un hecho. Pero cada credo reencarnacionista es una verdad y, como siempre decimos, no hay verdades absolutas, en este plano sólo podemos dedicarnos a buscar nuestra verdad, y esa únicamente la encontraremos por nosotros mismos. Las herramientas que debemos utilizar para realizar esta tarea son el conocimiento y el discernimiento. Ellos nos llevaran a esa “nuestra verdad”.

Fuente: “Cuadernos de ONG La Página de la Vida, www.proyectopv.org
Primer capítulo - 1ª Edición: Noviembre de 2005
Serie Púrpura nº 1. Sobre la muerte.