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¿Veganismo o Antiespecismo? ¿O Ambos? Respuesta a El Veganismo al Frente
                                                                               por Pablo Fernández Beri

El artículo El Veganismo al Frente, del blog Pensamiento Vegano plantea un razonamiento muy acertado, el de la necesidad de contar con dos “patas” para la difusión de los Derechos Animales.

Por un lado, la difusión del veganismo y, por otro, la contestación y/o boicot al especismo.

Esta dualidad o estrategia doble necesaria es planteada en un comienzo en el artículo, pero al final, las conclusiones parecerían llegar a otra dualidad: la de “difundir un veganismo práctico” (que pareciera sugerir un veganismo poco serio o superficial), y “una defensa práctica del veganismo” (que no aclara qué tipo de veganismo, si uno que es producto de la idea de que los animales no son objetos sino sujetos de derecho, o si en cambio se trata de uno que sea por difundir una cultura del veganismo en sí misma).

Asimismo, el artículo plantea que, ante la primera dualidad, con la cual estoy efectivamente de acuerdo, la difusión del veganismo sería prioritaria ante el rechazo al especismo.

Si bien concuerdo que, como estrategia, la difusión y consiguiente extensión del veganismo sea prioritaria en determinadas circunstancias o coyunturas, no lo sería siempre, o en la mayoría de los momentos.

Este tipo de dicotomías, tales como la que planteo en la entrada de este blog, “Quién Fue Primero, La Gallina o El Huevo?”, cuestionan una firme creencia en que existe un “camino único” o “garantizado” para llegar a un determinado objetivo.

Si hablamos de estrategia, esto necesariamente debería ser así, uno debe confiar en lo que hace como la mejor opción posible.

No niego que la extensión del veganismo sea fundamental y, de hecho, lo creo firmemente, así como ello ha formado parte de la estrategia general de este mismo movimiento.

Pero, en ciertas coyunturas o momentos históricos, es estratégicamente conveniente para la causa, enfatizar la contestación de los embates especistas.

Para citar un ejemplo, es bastante conocido el hecho de que la historia es cíclica, y en casi todas las democracias modernas, las administraciones fluctúan entre políticas de mayor a menor control social.

Los momentos históricos (típicamente social-democracias, o administraciones “populistas”) suelen ser de un gran control social, donde hay poco espacio para difundir las llamadas sub-culturas o culturas de las minorías, como lo es, por ejemplo, la del veganismo.

En cambio, hay momentos en los cuales el control social se atenúa, y sobreviene una mayor tolerancia hacia las minorías, las sub-culturas, “lo diferente”, etc.

Partimos de la base de que el veganismo no sólo es una cultura minoritaria, sino que también lo es porque confronta grandes intereses establecidos, los de la industria ganadera.

Por otra parte, en momentos donde se acepta la existencia de grupos minoritarios que confrontan intereses, puede existir una fuerte campaña oficial por fomentar el consumo de animales, no necesariamente cuestionando una cultura o sub-cultura que vaya en contra de ello.

Quienes son los que promueven el especismo? Ciertamente, y como bien señala el artículo El Veganismo al Frente, el especismo es promovido por quienes tienen intereses económicos basados en la creencia de que los animales son “objetos de derecho” utilizables para fines humanos.

Un ejemplo de este especismo abierto, asumido y desfachatado es el del portal especista “Primero el Hombre”. Pero no todas las acciones especistas son tan frontales, combativas, o dirigidas al “consciente” de la población.

La enorme mayoría del trabajo especista va dirigido al subconsciente, por medio de la educación desde muy tempranas edades.

Es un hecho que el especismo está tan eficazmente difundido, que la gran mayoría de la población repite y educa a sus hijos con valores (¿o antivalores?) especistas sin siquiera proponérselo de manera conciente.

Esto sucede porque el especismo forma parte de la cultura.

La dicotomía sobre si el uso de animales como si fuesen objetos existe porque existe un prejuicio especista, o si ese prejuicio especista existe porque (los especistas) usan a los animales como si fuesen objetos, pe parece de simple lógica pensar que ocurre de la primera forma.

No obstante, creo que el segundo razonamiento es válido y aceptable como opinión. Estamos hablando de una dicotomía que no es menor en lo absoluto, sino que, por el contrario, coincide con una de las discusiones políticas más relevantes de los últimos siglos.

Estamos hablando de la dicotomía clásica entre: A) Primero cambia el individuo (el sujeto), luego la sociedad y; B) Primero cambia la sociedad, y luego el individuo. Karl Marx planteaba esta segunda perspectiva, por citar un ejemplo, mientras que autores como Albert Einstein sostienen la primera.

No vamos a entrar aquí en discusiones políticas, y eso lo explicaré más adelante, pero según el segundo planteamiento (el seguido por Marx y otros), para lograr un cambio en cada sujeto o individuo, primero habría que conseguir un cambio a nivel macro, en la “superestructura” (en este caso, en la sociedad en su conjunto), ya que el individuo se encuentra condicionado por la primera.

El autor de El Veganismo al Frente responsabiliza al capitalismo por tener intereses en que se continúe con la explotación especista, o sea, con la que usa a los animales que no pertenezcan a la especie humana (quienes se colocan en la posición de sujetos), como si fuesen objetos.

Si bien es cierto que, como planteamos anteriormente, existen intereses económicos que dependen de la citada creencia especista, ninguna sociedad humana, capitalista o no, ha renunciado a esa idea.

El ejemplo más cercano a una consideración diferente hacia los animales no humanos es el de la India, siendo de tradición cultural y religiosa lacto-vegetariana, colocando a la vaca como sagrada. Igualmente, el especismo existe en cualquier cultura desde el momento en que se discrimine según especie, colocando a la especie humana en el lugar de la “especie elegida”.

El autor de El Veganismo al Frente propone que en una sociedad ideal, no capitalista y de economía planificada, la difusión del veganismo sería más fácil.

Descontando que las economías planificadas no suelen ser demasiado “democráticas”, al menos en el sentido liberal de la palabra, cabe señalar que a lo largo de la historia, el veganismo fue planteado por primera vez en el Reino Unido, y no en la Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte o China, por citar algunos ejemplos.

Igualmente, aceptemos por un momento la propuesta.

Imaginemos que vamos y convencemos a los hermanos Castro, o a los gobernantes de China o Corea del Norte, de que planifiquen la economía de sus países entorno al veganismo. Para empezar, con una población que, como cualquier otra de cualquier otro lugar del mundo, tiene en su subconsciente ideas especistas (es más, están muy acentuadas en algunos casos), la idea del veganismo les parecerá simplemente un “verticalazo” más de sus gobernantes.

De hecho, hay muchos relatos de algunos de esos países donde los pobladores se quejan cuando en el racionamiento se les da poca carne, o la misma es de “mala calidad”.

Me atrevo a afirmar que en una sociedad en la que muchos ciudadanos no se perciben como “libres” e independientes sujetos (más allá de toda opinión política al respecto), resultaría incluso contraproducente plantearles la idea de que los animales no humanos (a quienes el especismo nos dice desde pequeños que hay que tratar como si fuesen “objetos” o “cosas”) sí tienen derecho a ser sujetos poseedores de sujetos básicos (o sea, derecho a no ser usados como objetos).

¿Por qué es más conveniente atacar los dos frentes sin descuidar uno de ellos?

El autor del artículo de referencia plantea que en una sociedad capitalista, habría un aumento en la propaganda especista (creación de la falsa necesidad de consumir y usar animales) en caso de que el veganismo creciera. Esto no es cierto de ninguna forma.

Sólo por citar un ejemplo, el caso del Uruguay, que es el que más conozco, el cual es un país con una larga y fuerte cultura especista, diré lo siguiente: no podría afirmarse, por más que nos gustara la idea, de que nuestro trabajo de difundir el veganismo en estos últimos años, si bien ha sido firme y muy positivo, haya puesto en jaque o amenazado la industria frigorífico-ganadera local.

No obstante, durante los últimos año y medio a dos años, y especialmente a partir de 2007, el aumento del especismo en los medios masivos de comunicación ha sido considerable.

¿Cuál es nuestra propuesta?

No desestimo que una vez que somos veganos estamos mucho más convencidos de que la discriminación especista existe, pero tampoco desestimo que la razón fundamental para hacernos veganos sea una firme convicción de que el especismo es, como toda forma de discriminación, deplorable y condenable.

¿Cómo es posible ser vegan sin ser críticos del especismo?

Ciertamente es una idea enfatizar que no es necesario usar a los animales para ningún propósito humano, estamos seguros de ello, y es fundamental para hablarle a alguien que está dando sus primeros pasos veganos.

Pero si bien hablar de “necesidad o falta de ella” para consumir animales, la razón fundamental para ser, estar y continuar veganos, si no es una firme convicción filosófica de que por el sólo hecho de sentir (dolor y placer) merecemos el derecho a no ser utilizados como objetos para los fines de otros, posiblemente no consiga sostener un veganismo por demasiado tiempo, ya que el especismo cuenta con muchos trucos y muchas redes entretejidas.

Cómo separar veganismo de  antiespecismo?

Cuando difundimos el veganismo, si queremos extender un veganismo auténtico y convencido, no podemos dejar de “atacar” (por supuesto que no estoy llamando a la violencia, y esto no me canso de repetirlo en cada uno de los artículos, como por ejemplo, en uno de reciente publicación) al especismo en su punto más débil, que es el siguiente.

¿Cómo justifica el especismo que, teniendo los animales humanos y los no humanos (esta distinción es arbitraria y especista en sí misma) la misma capacidad de sentir (dolor y placer), sean los humanos los que discriminen y utilicen a los no humanos (los animales) como si fuesen “objetos”?

La respuesta es sencilla: no puede justificar eso si no es mediante el propio especismo, mediante una creencia que es rígida y dogmática en que los humanos somos “seres elegidos” (por Dios, o por el Derecho, o por ambos), y que tenemos el “derecho sagrado” o “consagrado” a utilizar todo lo que no sea humano, para nuestros fines.

Como explica el Catedrático Gary L. Francione, basar el veganismo en cualquier otro principio que no sea la firme convicción de que humanos y no humanos debemos tener derecho al menos a no ser objetos, carece de sentido.

Los especistas han sido bastante efectivos creando y haciéndonos creer cuentos e historias para convencernos de que usar a los animales “está bien”, pero sin embargo se avergüenzan (no en todos los casos, como por ejemplo, en el portal “oficial” del especismo citado anteriormente) de ser especistas.

Ayudémosle a asumirse y sincerarse entonces.

Mientras tanto, difundamos el veganismo, por supuesto.
Cambiar el mundo
Abolición del especismo
Los Seis Principios de la Posición de los Derechos Animales, de Gary Francione
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Para saber más visita: Blogspot de Pablo Fernández Beri
http://pablofernandezberi.blogspot.com/
http://www.DerechosAnimales.tk
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Un Cambio Pacífico
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