Entrevista a la Psicóloga y Aux. Psiquiátrico Diana D'Ambrosio, realizada por la Periodista Luciana Possamay, publicado en el periódico “La República”, Año 2000. Actualmente La terapeuta reside en España, En las Palmas de Gran Canaria... Para comunicarse con ella linkeé aquí
Frustración, insatisfacción, depresión… Para salir del pozo, darse cuenta
Debemos hacernos cargo de nosotras. Saber cómo somos y crecer desde esa toma de conciencia. Eso es lo que recomienda una psicoterapeuta que atiende a mujeres violadas, golpeadas, atrapadas en la rutina, entrampadas en una manera de trabajar y consumir que genera tensiones, estados depresivos y frustración.
Cuando caemos en el pozo de la frustración, la insatisfacción y los estados depresivos, debemos darnos cuenta.
Darnos cuenta de cómo somos, de los por qué y para qué de comportamientos que nos llevaron allí.
Puede ser, por ejemplo, que una mujer que tiene graves dificultades para entablar contactos normales con los hombres, no sepa que fue violada porque eso ocurrió en una época muy temprana de su vida. Cuando la verdad aflora, se “da cuenta” de para qué ejercita acciones que obstaculizan su relación cotidiana con ellos y la llevan incluso a eludir el acercamiento de una posible pareja.
Pero el tema de los contactos difíciles, conflictivos, no se agota con el ejemplo. Sucede que no sólo las agresiones sexuales influyen. Alcanza tal vez con que nuestros padres no hayan sido muy cariñosos para que nosotras a la vez seamos “frías” y distantes con los otros seres humanos, incluyendo a nuestra pareja y especialmente a nuestros hijos. Y aquí, otra vez, el “darse cuenta” nos puede sacar del pozo al que nos conduce esa suerte de incapacidad para relacionarnos y convivir.
Es en ese ámbito de la toma de conciencia donde opera la psicóloga-terapeuta gestáltica Diana D’Ambrosio, casada, madre de un varón y una mujer adolescentes. Y lo que ella hace no se limita a esclarecer un pasado obviamente inmodificable. Trasciende esa frontera para, a partir de una insatisfacción que golpea en el presente, “promover el deseo de mejorar en el futuro, teniendo como meta el crecimiento personal del ser humano”.
MUJER Y SOCIEDAD
Mujeres de todas las edades constituyen el 75 por ciento de las personas que atiende D’Ambrosio. De este porcentaje, la mitad busca apoyo psico-terapeútico a raíz de las violaciones o intentos de violación.
La otra mitad incluye un alto número de casos que también dicen mucho acerca de la sociedad uruguaya: jóvenes y adultas golpeadas por esposos o padres, solteras y casadas atrapadas por la rutina, empleadas y profesionales víctimas del doble peso de las tareas domésticas y el trabajo fuera de casa.
Cada situación, por supuesto, es distinta y exige terapias específicas. Por ejemplo, algunas mujeres que han sido golpeadas o agredidas sexualmente sienten que ellas son las culpables de lo que les sucedió, que se merecen ese “castigo”. “Estas situaciones -señala D’Ambrosio-reclaman trabajar para que recuperen la autoestima”.
Del mismo modo, las terapias son coherentes con las exigencias que plantean los estados depresivos en que suelen caer las adultas mayores que arriban a la etapa de la menopausia, con quienes se trabaja para desterrar la falsa creencia de que el retiro de la menstruación las hace “menos” mujeres. Pero hay muchos otros motivos de problemas agudos.
“La sociedad de consumo - dice D’Ambrosio exige para los hijos ropas de marca, computación y clubes caros. El dinero que gana el padre no alcanza para solventar todos esos gastos y entonces la mujer que trabaja fuera de su casa debe multiplicar su esfuerzo para aportar más. A eso se agregan las tareas domésticas, y de ese modo cada vez tienen menos tiempo para sentarse a hablar con sus hijos, besarlos, abrazarlos. No lo hace aunque quiera hacerlo. Todo eso va creando una situación que se manifiesta en estrés, cansancio, depresión, insomnio, frustración. Esas mujeres llegan incluso a no saber quiénes son. Yo les pregunto quiénes son y ellas sólo responden que son esposas o madres. Se ven a sí mismas sólo como objetos destinados a ganas dinero, criar hijos y limpiar”.
En esos casos, el apoyo psico-terapeútico consiste en que esas mujeres se den cuenta de que no son sólo lo que ven cuando se miran a sí mismas desde su propia depresión.
“Se trata -explica D’Ambrosio- de que cambien la rutina y disfruten de la vida. Aplico ejercicios con los que se logra que se ocupen más de sí mismas. Y al estar ocupándose de ellas, aunque sea apenas en ese rato que vienen a la terapia, van aprendiendo a vivir”.
SENSACIONES, ACCIONES, OPUESTOS
La terapéutica gestáltica trabaja con el darse cuenta y también con los miedos, las sensaciones corporales, las acciones (buenas y malas) que desplegamos en la vida, las resistencias que usamos para defendernos en el mundo, los asuntos inconclusos (esos que dejamos a medio cerrar por una u otra razón), el contacto con los otros, los sentimientos, las características opuestas (generosidad y avaricia por ejemplo) que conviven en nuestra personalidad y la teatralización de las experiencias.
Pero D’Ambrosio no utiliza sólo los métodos gestálticos. “También utilizo -dice- el análisis transaccional, el conductismo u otros que sean adecuados, según los casos y los pacientes”.
Y agrega: “Busco que la gente se dé cuenta de cómo es, que trate de hacer su propia experiencia y sacar de ella lo positivo. Porque de eso se trata precisamente: de vivir y crecer”.

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