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Toques Zen en su Vida
Recuerde este proverbio chino:
Los Maestros pueden abrir la puerta mas sólo usted puede entrar.
Tenga un proyecto de vida.
Y además esté abierto para percibir las señales del camino. Sea flexible como los gajos de un árbol al viento, así nada podrá quebrarlo.
Encienda un incienso.
El marcará el tiempo de su meditación o de cualquier actividad y purifica el ambiente.
Además de eso, según los monjes zen-budistas, el humo esparce bienestar a todos los seres y eleva nuestro espíritu.
Tenga cerca una caja de arena, con algunas piedras y modifique
cada día la posición de ellas y el trazado de los granos.
Mover en el jardín zen es una forma de aquietar la mente y una metáfora de la vida: Todo está cambiando en todo momento, un día es diferente de otro y usted puede crear su presente.
Una composición natural
Los jardines Zen están formados por arena fina, piedras pulidas y cristales de cuarzo, pueden agregarse, además pequeñas conchas y velas.
Se arman en una caja de madera, barnizada o pintada a mano.
Sin vegetación o paisajes secos (kare-sansui) en los que la arena cubre toda la superficie del recipiente como si fuera un mar en calma.
La ausencia de cualquier riqueza material y su composición, a base de elementos muy simples, es el perfecto reflejo de la filosofía Zen, que predica máxima austeridad y sobriedad. Están concebidos para inspirar vitalidad, serenidad y favorecer la meditación (en sanscrito, Zen significa meditación).
En Occidente todavía no son muy conocidos y están considerados como una fórmula eficaz para combatir el estrés y el ritmo acelerado de la vida
Pequeños paraísos de buenas vibraciones
Para disfrutar de una agradable sensación de paz y bienestar, hay que respirar profunda y lentamente mientras se rastrilla la arena dibujando finas líneas, círculos o figuras simétricas. El jardín puede convertirse en un espacio de cambio permanente donde se pueden añadir o retirar elementos, recolocar las piedras, alisar determinadas zonas o trazar nuevos surcos, dejando que nuestro espíritu se exprese libremente. Los dibujos estimulan la creatividad personal y, en todos los casos, estos exóticos micro jardines pueden “funcionar” como un sencillo juego antiestrés. Una vez colocados los diferentes elementos, el jardín es una obra para la contemplación.
Desde su aparición, los jardines Zen se concibieron como una representación del cosmos. Una miniaturización donde las piedras representan las montañas, la arena la inmensidad del océano y un trozo de musgo un bosque frondoso. Además, para los japoneses también representan buena parte de su historia y están estrechamente relacionados con su desarrollo espiritual. En Occidente todavía no son muy conocidos y están considerados como una fórmula eficaz para combatir el estrés y el ritmo acelerado de la vida.
Japón, estos pequeños jardines llegaron hacia el siglo XIII, junto al budismo Zen que se extendía en muchas direcciones desde China. Esta doctrina predicaba una vida austera y largos periodos de meditación para clarificar la mente y conseguir un apacible estado de armonía. Esta filosofía se fundió con los principios de estética japoneses y su amor por la naturaleza, manifestándose en muchas de las artes niponas.
Durante el periodo de los samuráis el Zen se popularizó como una disciplina imprescindible para elegir con acierto el camino más adecuado en los momentos difíciles. En aquellos años se colocaron los primeros jardines Zen en los templos, el lugar que por excelencia se dedicaba a la meditación.
Elementos para un jardín sin flores
Arena. Neutraliza los malos pensamientos, las actitudes y emociones negativas, creando un ambiente de tranquilidad y serenidad. Un espacio de arena perfectamente alisado representa la inmensidad del mar. Los surcos pueden simbolizar los diferentes caminos que emprendemos en la vida.
Piedras. Representan los obstáculos o las experiencias de la vida. Las que son irregulares y asimétricas contienen una mayor carga de energía. En la filosofía Zen nada pasa por casualidad y todo tiene una causa y un efecto. En un plano físico, representan las montañas.
Cristales de cuarzo. Pueden recibir, almacenar y transmitir energías positivas y generan armonía. Su transparencia está relacionada con valores como la sencillez, la humildad y la modestia.
Conchas o caracoles. Nos ponen en contacto con el mar y nos recuerdan su presencia. Representan la tranquilidad y la paz que se percibe ante la presencia de un mar en calma y el rumor constante de sus aguas.
Velas. Ayudan en muchos procesos de meditación creando ambientes que propician el relajamiento. Sirven para iluminar el jardín con una luz sedante y natural. Dentro del jardín pueden colocarse pequeñas velas redondas y aromáticas. Si son alargadas es más conveniente situarlas fuera de él.

***
En el trabajo, cuando esté en una situación de conflicto o si recibe una provocación, no reaccione inmediatamente.
Respire y preste atención, pues siempre hay una manera de resolver las cuestiones de forma pacífica, con respeto amorosamente. Caso contrario, usted entra en la sintonía de acciones y pensamientos negativos, dañinos para los otros y para usted mismo.
En el tránsito, manténgase atento y gentil con los otros conductores.
Mantenga distancia y ceda el paso. Si está muy alterado con la espera, tenga en el vehiculo música tranquila y algunos caramelos. Eso baja la ansiedad y suaviza el enojo e impaciencia.
Simplemente sea lo que es, acepte su cuerpo y sus pensamientos
Acuérdese de mirar hacia el cielo.
Eso expande los límites de la mente y nos recuerda que somos una pequeña parte del inmenso Universo, que esta siempre en movimiento.
Al hablar, use palabras de cariño y respeto,
pues usted está delante de otro ser humano, sea quien fuera.
Reserve algún tiempo y apenas quede sin hacer nada:
No piense, no contemple, no desee cambios.
En cada gesto simple de lo cotidiano,
Usted puede descubrir nuevos placeres. Saboree el agua y cada alimento como un bien precioso, una fuente de energía vital. Cuando este comiendo o cocinando, no desperdicie.
Comience el día sentándose con la columna erecta, (puede ser en una silla), perciba su respiración, los latidos de su corazón, sus tensiones, sus pensamientos.
Quédese así por algunos minutos, después respire hondo y salga al mundo dispuesto a aceptar el día como venga, como si fuese el primero de su vida.
Viva el momento presente.
El pasado ya se fue y el futuro aún no existe. El aquí y ahora es la única realidad.
La respiración tiene el poder de cambiar rápidamente su estado de ánimo.
En situaciones de estrés, ansiedad, enojo, tristeza, calme su respiración y tenga en mente que todas las situaciones son pasajeras, que todo está en constante transformación.
Preste atención en todo lo que hiciere y mire las acciones y los comportamientos repetitivos como una nueva oportunidad de percibir la vida con más cuidado y amor.
En el trabajo, cuando esté en una situación de conflicto o si recibe una provocación, no reaccione inmediatamente.
Respire y preste atención, pues siempre hay una manera de resolver las cuestiones de forma pacífica, con respeto amorosamente. Caso contrario, usted entra en la sintonía de acciones y pensamientos negativos, dañinos para los otros y para usted mismo.
En el tránsito, manténgase atento y gentil con los otros conductores.
Mantenga distancia y ceda el paso. Si está muy alterado con la espera, tenga en el vehiculo música tranquila y algunos caramelos. Eso baja la ansiedad y suaviza el enojo e impaciencia.
Simplemente sea lo que es, acepte su cuerpo y sus pensamientos
Acuérdese de mirar hacia el cielo.
Eso expande los límites de la mente y nos recuerda que somos una pequeña parte del inmenso Universo, que esta siempre en movimiento.
Al hablar, use palabras de cariño y respeto,
pues usted está delante de otro ser humano, sea quien fuera.
Reserve algún tiempo y apenas quede sin hacer nada:
No piense, no contemple, no desee cambios.
En cada gesto simple de lo cotidiano,
Usted puede descubrir nuevos placeres. Saboree el agua y cada alimento como un bien precioso, una fuente de energía vital. Cuando este comiendo o cocinando, no desperdicie.
Comience el día sentándose con la columna erecta, (puede ser en una silla), perciba su respiración, los latidos de su corazón, sus tensiones, sus pensamientos.
Quédese así por algunos minutos, después respire hondo y salga al mundo dispuesto a aceptar el día como venga, como si fuese el primero de su vida.
Viva el momento presente.
El pasado ya se fue y el futuro aún no existe. El aquí y ahora es la única realidad.
La respiración tiene el poder de cambiar rápidamente su estado de ánimo.
En situaciones de estrés, ansiedad, enojo, tristeza, calme su respiración y tenga en mente que todas las situaciones son pasajeras, que todo está en constante transformación.
Preste atención en todo lo que hiciere y mire las acciones y los comportamientos repetitivos como una nueva oportunidad de percibir la vida con más cuidado y amor.
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Cuenta la leyenda que cuando el jardinero terminó su obra llamó al emperador para que contemplara su jardín.
“Te felicito. Es el más hermoso de los que he visto y esa roca es la más bella de todas”, sentenció el monarca.
Al instante, el jardinero cogió la piedra señalada por el emperador, la sacó del jardín y la tiró al mar. Entonces le explicó a su señor:
“Ahora todo está perfecto y el jardín puede contemplarse en armonía. Un jardín, como la vida, tiene que ser visto en su totalidad. Si nos detenemos en la belleza del detalle, el resto nos parecerá demasiado feo”.