Los Rainmakers o “Fabricantes de Lluvia”, por Nelson Guizzo         

A lo largo de la historia, todas las culturas han intentado manejar o estimular las fuerzas de la naturaleza con diversos métodos, fueran estos religiosos, mágicos o científicos. En el Viejo Testamento, la Biblia nos relata que el Rabino Elías produjo sequía durante 3 años para castigar a su Rey cuando éste enceguecido por su consorte, mando asesinar a todos los rabinos. Luego Elías demostró nuevamente que podía y avisó a su Rey que traería la lluvia, y así quedó registrado en el libro más leído de la historia (Santiago 5:16 al 18). Basado en estos hechos Paulo Cohelo escribió “La Quinta Montaña”. También Jesucristo, en medio del mar increpa a los elementos y frena de inmediato una tempestad. En el “Al Muwata” o libro de la Petición de Lluvia del pueblo árabe, se cuenta que el profeta Mahoma a pedido, también había producido tanto lluvia como sequía. San Juan Bosco entre sus tantos milagros comprobados, también produjo lluvia.
En el Reino de España ante problemas de sequías o inundaciones, el gobernador de la provincia solicitaba ayuda al Obispo de la Iglesia Católica, éste cursaba la orden a todas las parroquias quienes organizaban las  “Rogativas” o procesiones con imágenes de Cristo, de la Virgen María, o también de San Mamerto (quien fue Obispo de Viena y quien instituyó las Rogativas allá por el año 469).  Cada provincia tenía su orgulloso Pendón  que los caracterizaba (bandera consistente en líneas gruesas de colores) para la  ocasión, y así se han mantenido como tradición hasta hoy día. En el 2003 la prensa comunicó que el Obispo de Cartagena cursaría orden a las 291 parroquias de su Diócesis para que  en las misas dominicales se rezara por las lluvias. Podríamos así continuar con otras culturas, pues todas tuvieron su “fabricante de lluvias”.
Pero pasemos a un área donde la actuación sobre la naturaleza trató de hacerse en forma científica y con métodos secretos. En EEUU, durante la Guerra de Secesión (1860-1864) se había observado en forma muy frecuente que a las grandes batallas les continuaban abundantes lluvias. Esto inquietó la mente de más de uno, y llevó a pensar que eran producidas por el ruido de los cañones, o por el humo producido por ellos, en forma similar a la actividad volcánica (en España se solía cañonear las nubes con sal).

En 1871 Edward Powers escribe un texto llamado “La Ciencia de la Pluviocultura” donde detalla estas observaciones, y reedita este texto 20 años después con el titulo “La Guerra y el Tiempo”, logrando convencer en ese momento al Consejo de Estado a que invierta una suma importante para investigar la producción de lluvia mediante el sonido y demás. Allá por 1880 aparece la primer patente de estimulación de lluvia mediante este sistema, perteneciente al General Daniel Ruggles del Ejército americano de Federicksburgo, Virginia, que la llamó “Teoría de la Conmoción”. Es así que la expansión en la conquista del oeste americano con su fiebre del oro y sus promesas de libertad y prosperidad provocaron, a causa de largas sequías, que apareciera toda una casta de fabricantes de lluvia profesionales conocidos como “RAIN-MAKERS” o “hacedores de lluvia”, quienes aproximadamente, entre 1870 y 1930, ofrecieron su servicio a quien se lo pidiera.

Se crearon empresas como la Interestatal Artificial Rain Company, la Swiser Rain Company, la Chicago Rock Island y Pacific  entre otras.





















Y hubo personajes muy importantes como Charles Mallory Hatfield (1880-1958) apodado “el Rey de la Lluvia”, quien durante treinta años las produjo por centenas y por contrato en lugares con extrema sequía por todo EEUU y Alaska. Varias sociedades históricas recogen estos acontecimientos. Se fama creció aún más pues se dice que llegó a inundar San Diego, rompiendo 100 de los 101 puentes que existían en Oceanside, California. En su memoria se hizo la película The Rainmaker con Burt Lancaster y Katherine Hepburn (se le invitó al estreno de la misma) el libro homónimo del premio Nobel Saúl Bellow (en francés: “Le faiseur de la pluie”) y varias obras de teatro, entre ellas una interpretada por el legendario Darren Mac Gavin. Al estreno en español se le colocó el no muy elegante nombre de “El Farsante”.-


















                       El Ingeniero que “hacía llover” en la Argentina

Más cerca en el tiempo y en la distancia, en la otra orilla del Plata, un hombre se arrogaba el poder de estimular tanto la lluvia, como el ciclón o el tornado. Era un Ingeniero en petróleo de nacionalidad argentina, que se había recibido en la Universidad de Milán, Italia, llamado Juan Baigorri Velar (1891-1972). Había inventado un equipo que, conectado a una batería, producía rayos electromagnéticos para con ellos radiografiar el subsuelo en la búsqueda de yacimientos petrolíferos o corrientes de agua. Tamaña fue su sorpresa cuando empezó a observar que a las pocas horas de encender su equipo siempre se producían nubes y llovía. Electricidad y el magnetismo son las dos caras de la misma moneda, y no se puede generar uno sin que suceda el otro, y la electricidad como parte de un sistema para estimular lluvia ya lo había indicado como una realidad posible el famoso Nikola Tesla, tan genial como lamentablemente casi desconocido. Baigorri Velar  nació en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, Argentina, de padre militar. Estudió primaria en su provincia y luego viajó a Buenos Aires a estudiar en el Colegio Nacional. Luego viaja a Italia donde se recibe como Ingeniero Geofísico, y se especializa en petróleo. Varias empresas petroleras  le posibilitan viajar por Asia, Á-frica, Europa y EE.UU.

Luego, en 1929, es contratado por el Gral. Enrique Mosconi, Director de la YPF, (Compañía Petrolera del Estado Argentino, hoy privatizada) y retorna a su país natal con su señora y su hijo  William.

En el viaje, traía un aparato diseñado por él, de formato cúbico, del tamaño de un televisor mediano, y del cual partían dos antenas desplegables. Según dijo, dicho aparato servia para medir cambios en el campo electromagnético de la atmósfera y de la tierra.

Se instala en el Barrio Caballito, pero se queja de la gran humedad ambiental ya que le afectaba mucho a sus bronquios, por lo que recorre Buenos Aires buscando un lugar mejor donde hospedarse.

Lo encuentra en el cruce de Ramón Falcón y Araújo, en Villa Luro, barrio relativa-mente pequeño al Oeste de Buenos Aires. Allí había una casa que estaba en venta, y que era aconsejable por la altitud, además,  esa finca ostentaba un altillo perfecto para ubicar su laboratorio y continuar con sus investigaciones.

Comenzó a utilizar sus inventos para medir los cambios electromagnéticos y la humedad ambiental, y con la utilización de uno de sus aparatos con los cuales hurgaba el subsuelo, al intentar buscar petróleo descubrió muchas corrientes de agua y según dijo, también el famoso Mesón de Hierro, un aerolito caído dos siglos atrás en el límite del Chaco Austral y el Chaco Santiagueño, pero esa es otra historia.

Corría 1938, Baigorri descubre que uno de sus aparatos al ser cargado con reactivos químicos y conectado a una batería, empieza a concentrar nubes y luego a producir lluvia.  Comenzó a probarlo en diferentes partes del país, haciendo crecer su fama, cuestión que molestó a más de uno, entre ellos al Ing. Alfredo  Galmarini  quien era Director del Servicio de Meteorología,  y quien acusaba de fraudulento a Baigorri  y a su invento, y no perdía oportunidad de desacreditarlo por la prensa.

Las crónicas de los diarios de ese año, hablaban de fraudes en las elecciones parlamentarias que ponían al Presidente Roberto Ortiz al borde de la renuncia, y de River que inauguraba su monumental. Mientras, Baigorri estimulaba lluvia por todo el interior del país: en la Estancia del Sr. Juan Balbi, de Santiago del Estero hacía 16 meses que no llovía, en la Estancia del Dr. Pío Montenegro (Gobernador de Santiago del Estero), tres años que no llovía, logrando 60 mm. en dos horas, (una lluvia normal es de 30mm).
Logra pluviosidades en Caruhé, tres años que no llovía. Se hizo así muy famoso, y entre otros, a Buenos Aires viajaron dos cronistas del The Times de Londres para entrevistarlo y saber como funcionaba su aparato. Él jamás reveló su secreto ni quiso venderlo, pues decía que su invento sería sólo para beneficio de su patria.

Sin embargo, dio algunas indicaciones: “mis aparatos constan de dos circuitos, el A) provoca tornados y ciclones, y el B) lluvia intermitente. A través de dos antenas expandidles el equipo despide rayos electromagnéticos hacia la atmósfera”.

Simultáneamente crecían la fama y el enfrentamiento con el Ing. Galmarini quien a pesar de las muestras del funcionamiento del equipo, continuaba aseverando que el invento era un fraude manifiesto.
Baigorri Intenta buscar el patrocinio de algún ente estatal y se dirige al Ferrocarril Central Argentino. El Gerente era un inglés muy escéptico y sarcástico, y escucha burlonamente a Baigorri descreyendo de su invento y lo manda a “hacer llover” a Santiago del Estero.

Hacia allí parte el ingeniero con un perito agrónomo que fiscalizaría el funcionamiento y los resultados de la experiencia. Llega y le promete al pueblo que lo sacará de la sequía y el 25 de diciembre de 1938 para alegría de unos y tristeza de otros (por las fiestas de fin de año) Baigorri cumple con su promesa. Vuelven con el gerente a los pocos días, certificando el perito que efectivamente, en una estancia de la localidad de Estación Pinto, el “Mago de Villa Luro” hizo llover en poco menos de ocho horas.

A principios del Siglo XX, el uruguayo Natalio Botana, había fundado el diario Crítica (lamentablemente desaparecido), llamado “el diario del pueblo” por su carácter popular. Si bien Botana era casado con una anarquista (Salvadora Medina), y por otro lado era muy conservador, había logrado en su diario un núcleo cultural donde convergían tanto notas científicas, políticas, sociales y deportivas, como también de ocultismo, astrología y deportes, en un medio y en una época en la cual el tradicionalismo cultural estaba instaurado, logrando un periodismo de vanguardia. Grandes personajes como Jorge Luís Borges y Roberto Arlt  formaban parte del staff permanente del diario instalado en pleno centro de Buenos Aires. Hacia él se dirigió el serio e indignado Baigorri, decidido a retar públicamente al Director de Meteorología declarando: “como respuesta a la censura a mi procedimiento, regalo - por intermedio de Crítica -, una lluvia a Buenos Aires para el dos de enero de 1939”.

Ésta no fue respondida por Galmarini al periódico y ante el silencio manifiesto y para que no hubiera lugar a dudas, Baigorri decide mandarle un paraguas de regalo a la oficina de aquél, con un texto que decía: “para que lo use el 02 de enero”.
El primero de enero no había argentino que no tuviera presente el desafío entre ambos ingenieros. Ansiosamente observaban el cielo en un día de calor y humedad como pocos.

Reproducimos por lo gráfico, el  texto en la columna de El Clarín de Héctor Gambini, “Historias olvidadas de Buenos Aires”: “en la  mañana del dos, toda la ciudad volvió al trabajo. Y nada. Ni rastros de lluvia. Pero no había viento ni para mover un pétalo de rosa. Y las nubecitas blancas y enfermizas de la tarde anterior iban echando cuerpo y color. Primero grises plomo, después virando hacia  el negro. Cada vez más. Hasta que una brisa de suspiro apareció de la nada con un aliento de humedad en suspensión. Gotitas sin peso ni para llegar al suelo. Y otras gotitas finas detrás, que ya tocaban el asfalto. Y otras gordas como ñoquis, que ahora hacían dibujos en los charcos incipientes. Enseguida, tormenta eléctrica y chaparrón violento. Una catarata que caía del cielo mientras Crítica paraba las rotativas para salir al mediodía con el título principal  de la quinta edición, en tipografía catástrofe: “como lo pronosticó Baigorri, hoy llovió” debajo de una  volanta que daba información acerca de lo que acababa de ocurrir en Buenos Aires: “Baigorri consiguió que tres millones de personas dirijan sus miradas al cielo”. La gente coreaba en las calles “que llueva, que llueva, Baigorri está en la cueva... enchufa el aparato y llueve a cada rato...”. 

Este canto duro años en boca de los pequeños y hasta llegó a ser  letra de un tango no muy conocido.

Como todo Rainmaker, Baigorri tuvo aduladores y detractores, y a pesar que no hay registros de demasiados errores en su trabajo, continuaron las feroces embestidas de varios funcionarios que hicieron que el ingeniero se retirara de la vida pública, aunque continuó haciendo esporádicas apariciones.
La prensa que lo elevó también lo condenó al olvido,  pero aún así continuó trabajan-do. En el año 1951 es contratado como Asesor Ad Honórem del Ministerio de Asuntos Técnicos, y ese mismo año, el Ministro lo lleva a una zona donde hacía 8 años que no se sucedían precipitaciones, logrando una pluviosidad de 30mm.

Luego enviudó. Se dice que se llevaba muy mal con su hijo William, razón por la cual pasaba horas encerrado en su altillo de Villa Luro con sus invenciones, recluyéndose en un largo silencio. Ya anciano y solo, vendió su casa, en la cual todavía quedan restos y marcas en el lugar donde había colocado su famoso equipo con antenas, y se mudó al hogar de un amigo francés que le ofreció una habitación donde vivir.

En 1972, a los 81 años se enfermó gravemente de los bronquios y se fue solo al hospital, donde fallece, casualmente, el Día Mundial de la Meteorología.
Curiosamente, en el momento que su cuerpo era bajado en el Cementerio de la Cha-carita, tal vez como homenaje póstumo de la naturaleza, comenzó a llover. 

En la Biblioteca Nacional de Buenos Aires casi toda la información sobre Baigorri se perdió durante la censura general impuesta por el gobierno de Perón y por poco no pasa a la historia.

A pesar de sus logros pasó inadvertido para las posteriores generaciones, catalogado a lo sumo como un inventor fracasado.
A poco más de tres décadas de su fallecimiento no se logra ubicar ningún topónimo  ni monumento con su nombre, aunque la historia con el correr del tiempo quizá haga justicia y se le de un lugar de reconocimiento.
Nada más se supo de su invento, pero recordemos que su padre era militar y amigo íntimo del Gral. Roca y que Baigorri mismo tenía buena relación con algún que otro General, y quizás a causa de estos vínculos, se comentó que poco antes de morir habría donado su invento en forma secreta al Ejército Argentino.

Hoy en día el término RainMaker se utiliza tanto para premiar a cantantes de Rock, como para designar a grandes vendedores y formadores en marketing o boureau´s de abogados, por lo de la “lluvia de ideas”. 
Nelson Guizzo - http://www.egrupos.net/grupo/difusioncav
http://antecedentes.zzl.org/index.html

Fuentes de información para el presente artículo:

1) Invenciones Argentinas, de Pablo de Santis, Editorial Colihué, Buenos Aires, 1995

2) Web Argentina Misteriosa:
http://ar.geocities.com/argentinamisteriosa/

3) Diario Clarín,  “Historias Olvidadas de Buenos Aires”, columna de Héctor Gambini del Diario Crónica 5ta Edición 2 de enero de 1939: "Grandes inventos  y grandes inventores" de L. De Camp.: http://
www.clarin.com/diario/2002/06/17/indexdiario.htm

4) Web de Microaxial:
http://www.microaxial.com.ar/especiales.html

5) Web de la Sociedad Histórica del Estado de Kansas:  http://www.kshs.org/index.htm


6) Video de Gustavo Gorzalczany  del 2003
http://es.youtube.com/watch?v=qeh0zwLGuWk#