Los problemas del más allá y a ciencia
Del Espiritismo a la Metapsíquica
EL 31 de julio de 1914, por la noche, en uno de los barrios exteriores de París, el conde Ugo de Baschieri -médium entonces muy conocido- exclamó de pronto, en estado de «trance»: «Está a punto de morir asesinado un personaje importante. ¡Cuánta sangre!... ¿Qué hora es? Las nueve y treinta y cinco. Pues bien, pasa algo terrible cerca del bulevar de los Italianos...» La predicción del médium fue cierta. Jean Jaurés, el adalid de los obreros franceses, caía bajo los disparos de un individuo que a nadie, por cierto, había confiado sus propósitos. La premonición del conde de Baschieri, con toda su trágica certeza, tuvo la virtud de despertar enconadas polémicas en torno del espiritismo, doctrina que con mayores o menores éxitos se había extendido ya por todo el mundo.
En los Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, atrajeron poderosamente la atención del público las manifestaciones espiritistas: golpes dados en muebles, movimientos inusitados de los mismos, mesas que impelida,- por una fuerza incógnita se agitaban, zarandeándose ruidosamente sobre el piso. Se les ocurrió a las hermanas Fox, que decían poseer facultades espiritistas, combinar los golpes con letras del alfabeto y así afirmaron que sostenían conversaciones con los espíritus.
Del asombro a la moda sólo hay un paso, que la veleidad humana salva siempre gustosa. Las manifestaciones multiplicáronse y a la admiración de los crédulos se unió la curiosidad de personas de formación universitaria, renombradas en el ejercicio de profesiones relacionadas con las ciencias y las artes, que desearon observar los fenómenos. La opinión de algunas de esas "personalidades, después de asistir a varias sesiones, fue francamente favorable y declararon no poder atribuir los fenómenos más que a causas desconocidas.
Los pueblos sajones unen a un gran afán por lo práctico un sentido de ingenua mística, que pone a veces a sus actos el sello de las mayores contradicciones. Mientras «la fiebre del oro» producía verdaderos éxodos hacia California y el Yukón, y se arriesgaba tranquilidad, comodidad y hasta la vida, para recoger relucientes pepitas, otra parte de la población vivía inquietudes opuestas, pero no menos obsesionantes.
Por otra parte las mismas hermanas Fox que habían sido las iniciadoras de las prácticas espiritistas en los Estados Unidos y las primeras médiums, declararon hacia el final de su vida que todo aquello no había sido sino una superchería y un engaño.
Nace la Sociedad de Investigaciones Psíquicas
Estos acontecimientos se habían desbordado del continente americano. Europa atisbaba los nuevos fenómenos y las burlas zaherían a los aventurados exploradores del «más allá». Se imponía una prueba más decisiva.
Para Inglaterra el método es tradicional, y allí los acontecimientos de ultratumba no escaparon a intentos de rigurosas comprobaciones. Experiencias mediúmnicas realizadas por el célebre físico William Crookes alcanzaron gran resonancia y en 1882, se fundó en Londres la Sociedad de Investigaciones Psíquicas a la que se adhirió William Crookes, que fue uno de los más decididos investigadores de los fenómenos espiritistas.
Con anterioridad, la Sociedad Dialéctica de Londres, reputado círculo científico, había nombrado en 1869 una comisión de treinta y tres miembros, para «examinar y aniquilar para siempre -decía la resolución- los fenómenos espiritistas, que solo son obra de la imaginación». Entre los comisionados, lo que prueba el interés del caso, se encontraba el antropólogo John Lubbock, presidente de la Royal Society los naturalistas Thomas Henry Huxley y Russell Wallace; el físico Williams Crookes y otros.
Dieciocho meses duraron las pruebas y dieron lugar a un informe afirmativo sobre la existencia y realidad de los tan debatidos problemas. A. Russell Wallace, la más alta cumbre del evolucionismo muerto Darwin, declaró, después de firmar el antedicho informe: «Cuando me entregué a estas investigaciones era profundamente escéptico... Los hechos, sin embargo, son cosas irrefutables: me vencieron y me obligaron a aceptarlos». El mismo escepticismo que doblegó a Russell Wallace, animó en un principio a Williams Crookes. Hombre de laboratorio, esclavo de la precisión en toda experiencia, se entregó durante cuatro años, después de firmado el informe de la Sociedad Dialéctica, al estudio de los fenómenos que, sin convencerlo en cuanto a la explicación, patentizaron para él su realidad. En el mismo laboratorio de sus éxitos científicos, rodeados los espectadores y médiums por delicados aparatos eléctricos de su creación para revelar cualquier intento de sustitución o superchería, efectuó importantes investigaciones sobre los fenómenos psíquicos.
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La supervivencia del alma ¿es real?
En torno a esta pregunta han girado por siglos las creencias humanas, y por conocidos los casos, huelga ejemplificar. Los espiritistas aceptan de antemano tal supervivencia y la aceptan porque creen comunicarse con aquellos que ya no son, por medio de la palabra del médium. Pero ¿qué es un médium? Un individuo dotado de sensibilidad especial o, corno los espiritistas prefieren expresar, de una sensibilidad que todos poseemos, con la sola y única diferencia de estar en ellos más desarrollada. En estado “extático”, en «trance», en «situación», en las innúmeras formas que los tratados especializados describen, el hombre llamado a servir de intermediario conviértese en el hilo conductor que une nuestro mundo de materia con el de las sombras desencarnadas, con el reino silencioso y absoluto de la muerte.
Física y mentalmente, los médiums son normales. Sus reacciones en nada superan las de otros hombres, o quedan bajo el nivel común. Sólo en «trance» su personalidad real está abolida. Entonces aparecen como intérpretes de los dictados del más allá, el «espíritu» se «encarna» en ellos, responde por boca- de ellos a preguntas, interroga, siempre con obsesionante interés de probar que una vez existió. El fraude y las simulaciones, son probables en tales experiencias, máxime porque casi nunca están rodeadas por la más absoluta garantía. Además, todas las grandes figuras que en los comienzos se abocaran a estos problemas han muerto, Crookes, Lodge, James y otros, que conocieron el deseo de explicar estos problemas; que vivieron apasionantes horas queriendo interrogar a los que fueron, saben que pruebas se requieren para convencer a los escépticos. ¿Por qué, entonces, si sobreviven, guardan silencio? ¿Es tan horrible el más allá que no desean acongojar a los que todavía no dieron el gran paso, o es tan sublime que desean no hacerles despreciar aún más su existencia terrena?

Sir Oliver J. Lodge, eminente físico ínglés que efectuó importantes investigaciones sobre los fenómenos psíquicos y el espiritismo, acerca de los cuales escribió varías obras.
La Sociedad de Investigaciones Psíquicas (Society for Psychical Research) pronto diseminó a los cuatro vientos y popularizó los resultados de las nuevas investigaciones. La ortodoxia no rigió en sus comienzos, el charlatanismo no se albergó en sus sesiones y nunca a sabiendas sus miembros falsearon testimonios o hechos; la sola prueba de que los espiritistas de la vieja escuela la designaron como enemigo de los fenómenos del más allá, por su rigorismo y afán de precisar, abona el caso.
Sir Arthur Conan Doyle, el célebre novelista creador del famoso personaje Sherlock Holmes, profesó el espiritismo sobre el que dio notables conferencias y escribió diversas obras entre ellas Historia del Espiritismo,
Lo que «espíritus» interrogados revelaron sobre el más allá es de una pobreza absoluta, pues hicieron de su vida ultraterrena un pálido calco de la de este mundo. ¡Triste y doloroso resultado!; ¿Por qué los cuerpos fluidos han de necesitar, si existen, casa y vestimentas? El engaño antropomórfico del espíritu es evidente. Su más allá es un calco en pequeño de la vida terrestre.
Sus «almas» jamás se alejan de lo material del hombre: la Tierra
sigue como centro de sus actos y el mundo de vivencias que abandonan para no retornar más está impreso con indelebles caracteres en la vida y manifestaciones de los espíritus invocados. Sus respuestas, ¿no valen tanto como una manifestación subconsciente del médium? ¿No revelan una superchería?
Los defensores de la existencia de los fenómenos que hasta aquí venirnos describiendo no se detienen frente al problema de las comunicaciones con «espíritus», y cabe preguntar: ¿Hay relaciones simpáticas de un subconsciente a otro, visión a distancia, telepatía? Entre los vivos, ¿se rompe el hilo del acontecer que separa a una psiquis de otra sin ayuda de la palabra oral o escrita? Los sueños fueron en toda época un acicate para la curiosidad humana. La India, Grecia, Roma, la Edad Media inclináronse reverentes ante las manifestaciones oníricas. La Sociedad de Investigaciones Psíquicas inició en este trillado, pero nunca desbrozado, erial, sus primeras especulaciones.
Un caso de los coleccionados por los miembros de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas puede servirnos de ejemplo: Canon Warburton va a visitar a un hermano v encuentra sobre la mesa de éste un billete por el que se excusa, invitado a una recepción, de no esperarlo. Aguardándolo, Warburton queda adormecido en un sillón hasta que de pronto es bruscamente despertado por la visión de su hermano cayendo de una escalera.
Pocos minutos después llega éste y confirma la visión, pues estuvo a punto de sufrir una fractura al caer de una escalinata. Este simple hecho, al que los lectores podrán agregar muchísimos otros de su propia cosecha, probaría la existencia de dos fuerzas, una trasmisora y otra receptiva. En la tesis «espiritualista» -nunca los miembros de la Sociedad dijeron «espiritista», pues dejaron al arbitrio cíe cada miembro creer o no en los espíritus- se admite que hay seres humanos que bajo el influjo de una fuerte impresión emiten «ondas», captadas por el ser en quien se pensó fuertemente en ese instante, o por otro, que en las proximidades de aquél, posee las condiciones receptivas requeridas.
Estos fenómenos telepáticos, esto es, de trasmisión del pensamiento, recibieron en su momento dos explicaciones. La clásica tesis espiritista de la intervención de los espíritus, y la más concorde con los resultados de la ciencia, propuesta por Myers y Crookes. Para Myers la telepatía se debe probablemente a la percepción de diferencias mínimas en los niveles de presión, de carga eléctrica, etc., del ambiente, percepción para la cual algunos individuos -los receptores- estarían especialmente dotados. Crookes compartió la opinión de Myers, pero más físico que psicólogo, explicó esos fenómenos por «ondas etéreas», que poseen una amplitud más pequeña y una frecuencia mayor que los rayos X. Estas ondas, trasmitiéndose de un cerebro a otro, producirían excitaciones que generan una imagen igual a la que provocó la radiación. Con un ejemplo grosero, su mecanismo seria semejante al de! aparato Morse. El golpe del transmisor, convertido en onda eléctrica, provoca en- el receptor un golpe de la misma intensidad y duración, lo cual permite construir con signos convencionales el pensamiento trasmitido bajo los mismos signos.
Richet crea la metapsíquica
Las comunicaciones con espíritus, la criptestesia, la telepatía, a pesar de los esfuerzos desplegados por los miembros de la Sociedad ríe Investigaciones Psíquicas para estudiarlos experimental-mente, seguían asentados en el más allá.

El gran fisiólogo francés, Carlos Richet, laureado con el premio Nóbel. Interesado en las ciencias psíquicas, se propuso sistematizar los fenómenos espiritistas y escribió su vasto Tratado de Metapsíquica.
Se había querido explicar su mecanismo, pero siempre conservando la tesis inicial: los espíritus. Surgida la preocupación por estos problemas de la obsesión por el «más allá», el celo experimental de un Crookes, de un Lodge, de un Lombroso, no consiguió despojarla del poder de la creencia espiritista.
En París, Charles Richet, Premio Nóbel de Fisiología, fue el primero que desafió la crítica conjunta de los espiritistas y de sus impugnadores.
De los primeros rechazó la creencia en fuerzas sobrenaturales, de los segundos la incredulidad sobre, la existencia de los hechos estudiados.
Para el espiritismo, lo «maravilloso» está por encima de los hombres; nuevo artículo de fe, para ellos es menester creer, como el católico cree en el misterio de la Santísima Trinidad; someterse a ello como el budista se somete a la ley del karma. Para Richet lo «maravilloso» es fuerza todavía no estudiada, al margen de la ciencia, por ser hechos que esperan para ser aceptados junto a los de la física o de la biología. Fenómenos precientíficos, pero no sobrenaturales, encuentran albergue en la hipótesis de trabajo, perfectibles y mudables como tales, pero nunca dogmas. En una palabra, fenómenos todavía no introducidos en el cuadro de las ciencias.
Metapsíquica, un neologismo que prospera
La psicología clásica no se ocupa de estos problemas, tampoco la biología, y Richet, cuyos trabajos se reparten en ambas ramas del saber, procuró estructurar una nueva ciencia que los cobijara. En 1905 expuso su punto de vista bajo el título de Metapsíquica. El neologismo de Richet prosperó : al significar más allá de las cosas psíquicas, como metafísica más allá de las físicas, tiene en su favor el valor de precisar netamente, sin caer en supuestas «maravillas», la clase de fenómenos que abarca. Metapsíquica se la llama universalmente -menos en los países germanos, que adoptan la expresión parapsíquica- la nueva rama de! saber que Richet define como «el estudio de los fenómenos mecánicos o psicológicos debidos a fuerzas que parecen inteligentes, o a poderes desconocidos latentes en la inteligencia».
Esta definición, aunque pueda ser discutible en su estricto sentido, presenta la ventaja de precisar a qué clase de fenómenos pretendemos referirnos cuando hablamos de metapsíquica.
Procura, pues, observar, pero no explicar; en el estado actual del saber es imposible resumir los hechos que estudia con la pulida precisión de las definiciones de la física. Los fenómenos meta-psíquicos escapan por ahora a todo intento de precisarlos concretamente. La única evidencia es la de su realidad. ¿Sentaremos por ello un «ignoraremos»? No, simplemente «ignoramos», ya que estos fenómenos esperan en el umbral del santuario el momento de penetrar.
Dura lucha por la verdad científica
Hablar de fenómenos metapsíquicos no es caer, como muchos temen, en las redes del espiritismo. Richet y sus discípulos aceptan, como lo aconseja el sentido común, hechos innegables que hasta entonces sólo fueron reconocidos por los espiritistas; el punto de divergencia está en la interpretación positiva y fisiológica que se les da. Para los espiritistas, el universo está poblado de almas desencarnadas, cuyo poder produce en los vivos premoniciones y cuya fuerza hace mover mesas. Un mundo de seres irreales puebla otro universo que satura y envuelve al nuestro. Ahora bien, cambiemos los términos y la explicación de los hechos variará. El espíritu que provoca la premonición se transforma en fuerza propagada en el espacio y que actúa sobre un ser de sensibilidad especial.

Entre los fenómenos que se afirma ocurren en las sesiones espiritistas, figura éste en que el médium, en trance y con sus brazos atados a! sillón, es despojado de su chaqueta de modo sobrenatural. Harry Edwards (foto).
Con esto, podemos objetar, se destruyen expresiones vacías: «espíritus», «almas desencarnadas», y se crea otra: «fuerzas», expresión vaga, genérica. ¿Cuál es la esencia de estas fuerzas, cómo obran? Aquí comienza la verdadera labor de crear la nueva ciencia; tras el sutil velo de una palabra: «fuerzas», se oculta todo un mundo preñado de interrogantes. Corrido el velo, sabremos qué manos mueven los títeres en el tinglado.
¿Dio ya la metapsíquica la esperada explicación; fuera de algún esbozo, hay una razón explicativa, lógica y experimental-mente aceptable? Esta posición de uno de los más brillantes profesores de la Facultad de Medicina de Paris provocó las críticas cerradas de unos y las burlonas -siempre las más- de otros.
Una defensa plena de ecuanimidad científica
Richet ensayó su defensa con palabras que responden a nuestros interrogantes y, por lo demás, plenas de ecuanimidad científica: «Se me ha dicho con frecuencia que se necesita valor para sostener mis opiniones sobre los fenómenos meta-psíquicos. Se equivocan. No hace falta valor para defender la verdad, Al contrario, la valentía se precisa en todo caso para negar el valor de la experimentación, para echar sin examen a la profunda fosa de los errores todo ese conjunto de hechos innegables. El hecho de que nuestra inteligencia perciba vibraciones desconocidas nada modifica en las leyes de la percepción sensorial. El acceso de vibraciones todavía desconocidas a nuestra inteligencia subconsciente es un fenómeno aparte de los hechos comunes, pero en nada contradictorio. Es una verdad nueva. Eso es todo». «En este momento -explica Richet-, no hay en la sala ningún concierto. Vosotros no oís tampoco nada. Podríamos, pues, afirmar que no existen vibraciones sonoras musicales en el aire. ¡Craso error! Instalad el receptor de un aparato de radiotelefonía, y en el acto oiremos un concierto ejecutado a tres, a cien kilómetros de distancia. Basta un receptor para demostrar la presencia de vibraciones en torno nuestro. Pues bien; aunque no conozcamos esas vías misteriosas de la inteligencia, no por eso dejan de existir. Basta un sensitivo, un receptor, para comprobar su realidad…» En este hermoso como valiente alegato está implícita toda la metapsíquica.
La explicación espiritista, simplista para ojos avezados al rigor especulativo, ha encontrado así en el terreno científico una nueva forma opuesta y que invalida sus conclusiones. Supongamos, dice Richet, que exista en algunos individuos ir: estado de semisonambulismo, en tal grado, que fuera posible que una parte del encéfalo produzca pensamientos, reciba percepciones, sin que el yo lo advirtiera. La conciencia de este individuo persiste en su integridad aparente: por lo menos, se cumplirán operaciones muy complicadas fuera de la conciencia, sin que el yo voluntario y consciente pardea sentir modificación alguna. Otra será la persona que en él obrará, pensará, querrá, sin que la conciencia, es decir, el yo consciente, tenga la menor noción.
Durante una sesión espiritista, la mesa se levanta y da vuelta alrededor de lo habitación. Harry Edwards (foto).
La tesis citada no aclara la forma en que se realizan adquisiciones conscientes sin la intervención de las vías sensoriales comunes, pero puede considerarse un singular esfuerzo para comprender científicamente los fenómenos cuya explicación se adjudican los espiritistas.
Un punto crucial: el ectoplasma
Como en la mitología griega Anteo, el hijo de la Tierra, que ya vencido, cobraba nuevas fuerzas al contacto con su genitora, la metapsíquica, al apelar a la experiencia, ha salvado airosa los obstáculos derivados de la apreciación de sus dos sostenes básicos: la criptestesia, o sea todos los fenómenos mediúnmicos, comprendidas las premoniciones, y la telequinesia o movimiento de objetos sin que aparentemente ningún fenómeno observable lo produzca.

El tercer obstáculo, por menos precisado lábil y más abierto a las tentativas de fraude, queda aún como flanco lacerado que si no se restaña, deja escapar gota a gota la esencia misma del cuerpo doctrinario de que es parte. El «ectoplasma» es esta piedra de toque.
Él ectoplasma o «teleplasma» de los investigadores germanos consistiría en expansiones de una sustancia tenue que emana del cuerpo del médium durante el estado de «trance», es decir expansiones sarcódicas, como la expansión pseudopódica sale de la célula amibiana, que puede proyectarse para asir las partículas alimenticias e incorporarse a los objetos vecinos. Igualmente, en el trance mediúmnico, del cuerpo del médium pueden salir filamentos fluidos, expansiones en forma de nubes, velos, tallos, etc., que toman la apariencia de miembros humanos y a veces de cuerpos humanos completos.
Estos ectoplasmas, en una primera fase de su acción, ateniéndose a la descripción que da Richet, son invisibles y, sin embargo, son capaces de mover objetos y dar golpes en una mesa. Después se vuelven visibles, aunque nebulosos, pero todavía sólo son bosquejos. Más tarde cobran formas humanas, porque tienen la propiedad extraordinaria de cambiar de forma, de evolucionar bajo nuestros ojos. En algunos segundos este embrión puede adquirir la apariencia de un ser viviente. A veces aparece de golpe, bruscamente, sin haber pasado por la fase de la nebulosidad luminosa.
Para explicar estos fenómenos descritos por tantos autores, la metapsíquica dice: «La hipótesis más verosímil es que hay en nuestro cuerpo fuerzas capaces de exteriorizarse».
La sencillez de la hipótesis asombra pero es regla que lo simple esconda sorpresas y resulte a la postre complejo. Presupone una fisiología, una física y una química nuevas, pues esos seres con forma humana que nacen y mueren tras velos blancos no son seres humanos.
Las materializaciones ectoplasmáticas obtenidas por algunos observadores con médiums de fama mundial como Einer Nielsen, Ada Bessinet, y sobre todo el polaco Kluski, llamaron la atención en los medios más refractarios a esta clase de experiencias.
Se estima que es esta una de las más notables fotografías obtenidas de un espíritu. Aquí se ve a Estelle Stead con la imagen del "espíritu" de su padre, que perdió la vida en el naufragio del Titanic.
La Universidad de Cristiania, a petición de la Sociedad Noruega de Investigaciones Psíquicas, nombró una comisión encargada de verificar la realidad de las materializaciones ectoplasmáticas atribuidas a Kiner Nielsen. Este médium, afamado en los países nórdicos, llegó a recibir el apelativo del «Gran Nielsen», y sus manifestaciones ectoplasmáticas dieron durante meses tema para las columnas de los grandes diarios.
Las conclusiones a que llegó, empero, la Comisión -y que fueron profusamente difundidas- resultaron negativas.
Las manifestaciones ectoplasmáticas atribuidas a los otros médiums que antes hemos citado fueron controladas en Londres por el British College of Psychic Science, y en

París por los profesores Lapicque, Pieron y Dumas, que concluyeron en la misma forma negativa. Mas las luchas en torno al problema fueron tan enconadas que en Irlanda terminaron con una tragedia. El doctor Crawford, después de sus experiencias, tuvo el convencimiento de la realidad fenoménica del ectoplasma ; ante la perfidia de las acusaciones y las críticas malintencionadas, concluyó por suicidarse. La nueva doctrina tuvo así su primer mártir y el mundo científico una prueba de la irresponsabilidad de críticos que abandonan el campo de los intereses públicos para lacerar intimidades.
Del ectoplasma hemos visto hasta ahora la faz negativa; veamos, pues, la positiva. Geley y Schrenck-Notzing aseguran haber probado la existencia del ectoplasma. El primero no sólo sostiene haber observado su formación, sino que obtuvo con él moldes de parafina. La prueba no deja de ser sorprendente. ¿Fenómenos psíquicos capaces de dejar rastros físicos? Nos proponemos examinar objetivamente el caso; primero veamos las condiciones de la experiencia descritas por el propio doctor Geley.
Antes que nada, ¿en que constaten los moldes de parafina? Una vasija contiene parafina fundida sobre agua caliente y está colocada cerca del médium durante las sesiones. La «entidad» materializada, el ectoplasma en otras palabras, es «invitada» a sumergir su pie, mano, o cualquier otra parte en la parafina. Entonces se forma casi instantáneamente un molde exactamente aplicado sobre el miembro ectoplasmático. Después, el ectoplasma se desmaterializa y abandona el molde a los experimentadores. Luego es posible colar el yeso en este molde y desprender la parafina sumergiéndolo en agua hirviendo. Así, queda un molde que reproduce en todos sus detalles la parte desmaterializada.
Durante la sesión, los experimentadores forman una cadena en torno de la mesa y dos «controles» tienen, uno la mano derecha, el otro la izquierda del médium, y así evitan todo manipuleo de éste, una débil luz roja deja ver la silueta siempre inmóvil del médium.
Sin duda, no faltan objeciones al desarrollo de esta experiencia. ¿No pudo uno de los espectadores aportar el molde de parafina con un implemento de caucho o de seda insuflado en el momento oportuno? El doctor Geley afirma que en previsión de cualquier fraude, puso a la parafina colorantes que después producen en el molde una reacción química. Más ¿ignoraban los presentes este procedimiento? ¿No pudo uno de los ayudantes estar complicado en el posible fraude?
Schrenck-Notzing - Mad. Bissom
Fotografía de una cabeza materializada mediante el ectoplasma que parece fluir del cuello y la cabeza de la médium en trance.
Las precauciones en estos casos nunca, son suficientes, pero la desconfianza tampoco debe extralimitarse. La conclusión del doctor Geley es que «algo» se sumergió en la parafina licuada y dio el molde. ¿Qué es ese algo? Los demás observadores han asegurado la inmaterialidad del ectoplasma, su desaparición a todo contacto. En tales condiciones
¿puede producirse un molde? Se requieren otros criterios para dar mayor asidero a la experiencia de Geley, y a un minucioso alemán corresponde haber desarrollado este nuevo tipo de pruebas.
El doctor Schrenck-Notzing procuró rodear sus experiencias, similares por lo demás a las de Geley, de la más absoluta garantía. Las formaciones ectoplasmáticas se producen en la oscuridad; los fenómenos mediúmnicos gustan de las sombras, y éstas -de noche todos los gatos son pardos- forman una pareja ideal con la superchería. No obstante, Schrenck-Notzing colocó en su laboratorio, con diversos ángulos de enfoque, cámaras fotográficas especiales. Así, a la luz roja, que durante las sesiones puede brillar, los ojos mecánicos colocados por Schrenck-Notzing vigilaban a los actores de la tragicomedia; no revelaron ninguna superchería y sobre las placas son visibles las materializaciones ectoplasmáticas.
Las precauciones adoptadas por Geley y Schrenck-Notzing ayudan a disipar dudas, pero las objeciones no son menos fuertes. Por ello debemos pensar que todavía transcurrirán años antes de que nuevas experiencias permitan inclinar con un si o un no rotundos el fiel de la balanza.

Schrenck-Notzing - Mad. Bissom
Detalle ampliado de la fotografía anterior, en la que se ve, a lo derecha, parte de la cabeza de la médium, de la que brota el ectoplasma como una emanación luminosa que formo la cabeza materializado.
¿Cuál es la última palabra sobre los fenómenos de mediumnidad?
En posición dubitativa quedamos, pues, frente a los fenómenos de materializaciones, frente a la telequinesia y a la criptestesia. Las contradicciones indican que todavía es muy largo el camino que recorrer para llegar a una posición inconmovible. Hasta ahora las experiencias no han sido bastantes aunque se invoquen nombres laureados en su favor o en contra: el argumento de «competencia» es sólo un puntal accesorio. Lo seguro es quitarlo, y si el muro queda en pie, sus bases son sólidas; si se derrumba, las apreciaciones posteriores sobran.
El inconveniente son los medios que utilizamos en la experimentación: impiden o transforman los fenómenos.
El clamor de los médiums que dicen sentirse perturbados por el rigor de la atmósfera de los laboratorios podría no ser infundado. En biología, por ejemplo, abundan los fenómenos cuya comprobación es dificilísima porque agentes indispensables, como la luz, afectan las manifestaciones que se pretenden estudiar.
De sorpresa en sorpresa nos llevó el hilo de los estudios metapsíquicos. "Una ilusión, el espiritismo, fue herida en sus raíces. Los hechos que le sirven de base pasaron del más allá a un medio menos misterioso pero más firme, la Tierra.
La impresionante silueta de la muerte vuelve a quedar entre sombras. Los hombres la temen y aman a la vez, se acercan a ella con la candidez de los niños que escuchan el ruido del crótalo, y una vez frente al frío de su mirada, quieren huir espantados o dominar su furia. Las hipótesis espiritistas hicieron casi siempre del «más allá» algo poco respetable: la ingenuidad y la superchería se entrelazan en sus atisbos. La metapsíquica ha vuelto la cuestión al firme sendero de lo humanamente posible. Ni dominio del más allá, ni sujeción a sus fuerzas: simplemente aprecia fenómenos que hoy, fuera de las leyes científicas, pero sin contradecirlas, podrán formar mañana en los cuadros del conocimiento humano.
Las premisas de Richet y de sus discípulos pronto podrán cambiar, mejor dicho, deberán cambiar según se suceda el ritmo de las experiencias y los hallazgos. De los tres pilares de la actual metapsíquica: criptestesia, telequinesia y ectoplasma, el último se revela como el menos firme, y hay discípulos que lo creen innecesario para el ulterior desarrollo de esa ciencia.
Así, el cuerpo general de las hipótesis podrá en el futuro no reconocer los entronques con su estado actual, pero el grande, el innegable mérito de la meta-psíquica es haber domesticado ilusiones, haber librado de huidizos ropajes o viejas creencias y con el núcleo valedero, ya en la senda del método y de la experimentación, proporcionar los lineamientos generales para una comprensión científica del problema.
C. Lombroso - Fenómenos hipnóticos y espiritistas - Fotografía de la levitación de una mesa durante una sesión espiritista. La médium es la famosa Eusapia Paladino.
L. Isaac - Black Star - Según los adeptos al espiritismo, este es un fenómeno de levitación del médium durante una sesión espiritista.

Fuente: Nueva Enciclopedia de Conocimientos Universales - Editorial Cumbre Libro 6 - EL HOMBRE
Criptestesia: Término ideado por charles Richet para designar la clarividencia. En la actualidad está en desuso, sustituida por clarividencia.
Ectoplasma o teleplasma: Para que aquellos que una vez vivieron en nuestro mundo físico puedan re-materializar sus cuerpos, compuestos de esta sutil sustancia etérica, ciertas condiciones son necesarias. La primera es la presencia de alguien que posea una superfluidad de la sustancia que en los años recientes ha sido denominada ectoplasma o teleplasma.
Metapsíquica: Ciencia que tiene por objeto el estudio de fenómenos mecánicos o psicológicos, debido a fuerzas que parecen inteligentes, o a poderes desconocidos, latentes en la inteligencia humana.
Telepatía: La telepatía es la capacidad de comunicarse sin utilizar un medio o un lenguaje visible. Este fenómeno puede ocurrir en estado de vigilia, trance, sueño en ocasiones hasta inconcientemente.
Telequinesia Telequinesis o Psicoquinesis: Es la capacidad de mover objetos o modificarlos utilizando la energía de la mente sin entrar en contacto físico con ellos.


