-Señor del universo, Tú sabes que si tuvieras tierras y me las dieras para cuidar, yo lo haría gratuitamente, aunque cobro salario a todos los demás. Lo haría por Ti sin cobrarte, porque Te amo.

Cierto sabio lo encontró por azar y le oyó orar de esta manera. Le dijo entonces: -¡Necio, no debes orar así!

El pastor le preguntó cómo hacerlo y el sabio se puso a enseñarle el orden de las plegarias según se encuentra en el ritual.

El sabio se alejó, y el campesino no tardó en olvidar lo que se le había enseñado, de modo que no oró más. Sentía temor de hacerlo como solía hacerlo, ya que el sabio le había dicho que estaba mal decir esas cosas, y no podía decir lo que el sabio le había indicado porque se le enredaba todo en la cabeza.

Esa noche el sabio fue reprendido en un sueño y se le dijo que si el campesino no retornaba a su oración espontánea a él se perdería de creer en algo precioso.

Al despertar, el sabio acudió presurosamente al campesino y le preguntó como oraba ahora. El campesino respondió que no lo hacía más, ya que había olvidado las plegarias que él le había enseñado.

El sabio le rogó no hacer caso de lo que él le había enseñado, Dios le quería con su verdadera oración.

                                                              Yehudah el Pietista (judío - alemán del siglo XIII)
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La Plegaria del Campesino

Rabí Yehudáh el Pietista narra en su “Sefer Hasidim” (“Libro de los piadosos”) la siguiente historia:

Había una vez un campesino iletrado que no sabía orar, así que en cambio le decía a Dios: