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Lanzamiento del Libro de la Dra. Beatriz Rojas:
"El Dolor en Broma"
Al decir de la autora: “es un ensayo sobre el dolor en mi calidad de algóloga y ser humano sensibilizada por el dolor y el sufrimiento”.
La presentación del libro:
Jueves 17 de abril 2008, a las 18.30 horas en el Ateneo de
Montevideo en la Plaza de Cagancha.
Abrirá la presentación: el escritor Profesor Luís Víctor Anastasía
Acompañará el Arpista Paraguayo Sr. Dionicio Godoy.
Algo sobre la Dra. Beatriz Rojas:
Doctora en medicina, Universidad de Montevideo.
Médica Anestesióloga, Universidad de Montevideo
Médica Algóloga, Universidad de Santiago de Compostela.
Médica Teletermografista clínica, Universidad Complutense de Madrid.
Culmina sus estudios de medicina a los veinticinco años e inmediatamente se instala en José E, Rodó (pueblo de Drabble), departamento de Soriano, donde ejerce sus profesión como médica rural y docente del Liceo de José E. Rodó.
Ocupa el cargo de Médica de Policlínica en la población de Egaña donde con ayuda de la comunidad levanta el edificio de la Policlínica de Egaña, fundando y organizando además la Policlínica del pueblo Risso.
Se integra a la comunidad de estos pueblos y desarrolla actividades de carácter socio-comunitarios, participando activamente en comisiones para el desarrollo como ACOR (Acción Comunitaria Regional) MEVIR (Movimiento de erradicación de viviendas insalubres rurales), Movimiento de la juventud Agraria, fundando dos clubes agrarios juveniles en José E. Rodó y Egaña. Interviene activamente en la reorganización de la Sociedad de fomento rural, actuando por un tiempo como vice presidenta.
Organiza un Club de donantes de sangre y en 1967 se traslada a Europa en Misión Oficial de Estudios otorgado por el Ministerio de Salud Pública para estudiar la Organización de las clínicas de Psiquiatría Infantil especialmente en España, Francia y Suiza.
Esta Misión de estudios realiza durante su entrenamiento en el postgrado de Psiquiatría infantil en el hospital Pedro Vizca bajo la dirección del profesor Doctor Prego Silva.
Contrae matrimonio en 1970 y se traslada a Durazno, capital del departamento del mismo nombre. En 1970 realiza otra Misión Oficial para realizar estudios de las Organizaciones que colaboran con las Clínicas de Psiquiatría infantil. Este postgrado no lo culminó, pero en 1978 adquiere la especialidad de Anestesióloga.
En Durazno ejerce su profesión de médica en el hospital regional y en los Servicios de asistencia médica gremial, mientras realiza los estudios para adquirir la idoneidad en Anestesiología.
En 1971 le encomiendan la reorganización, actualización y dirección del Servicio de Hemoterapia del hospital, para el que lleva adelante un proyecto por convenio entre la comunidad y el Ministerio de Salud pública con el fin de adaptar el Servicio a las exigencias del Servicio Nacional de sangre y la OMS.
Desde 1971 realiza actividades docentes en la Defensa Civil y luego en la Cruz Roja en la formación de enfermeros en la escuela de enfermería de Durazno. Forma su familia con tres hijos varones y pierde a su esposo en 1985 a consecuencia de un accidente automovilístico. Sus hijos de 13, 11 y 7 años, quedaron a su cargo.
Gestionó e hizo posible instalar un Servicio del PRONACAN (Programa Nacional para el Cáncer de mama) en el predio del Hospital regional.
Cesó en el cargo en 1976. Se reintegró a Salud pública como médica anestesióloga una vez culminados sus estudios en la especialidad en 1978.
En Durazno participa activamente en la Comisión del Consejo del Niño, como delegada de la Intendencia. Integró la CIM (Comisión Interamericana de Mujeres). Como miembro de esta institución creó un espacio radial “La mujer y la Paz.”
En 1992 encausó su vocación por el alivio del dolor realizando estudios de postgrado en la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Santiago de Compostela.
En 1993 completó sus estudios en la Unidad del dolor de la Universidad Complutense de Madrid. Cumplía así su tercera Misión Oficial de Estudios, extendiendo su entrenamiento e idoneidad en Termografía clínica.
Cumple funciones de médica anestesióloga y Terapeuta del Dolor hasta el año 2002, en instituciones del Ministerio de Salud Pública y servicios de asistencia médica cooperativa del interior del país.
Ha ejercido su profesión médica y de especialista durante cuarenta y un años.
Finalizó su actividad en el hospital pediátrico y obstétrico ginecológico Pereira Rossel, donde organizó la primera Unidad de estudio y Tratamiento del Dolor.
Después de acogerse al régimen jubilatorio, continúa su vocación de escribir y gana una mención especial en un concurso literario organizado por la fundación “Melvin Jones” y en abril del 2004 obtiene el primer premio en el concurso literario de la casa de la cultura de San José, Uruguay.
Escribe su libro “Curso para dejar de fumar” que se fundamenta en un método diferenciado que aplica la D.I.D (Desintoxicación Intensiva Domiciliaria) en el año 2003.
En el año 2004 participa en la 4ª maratón de lectura de los autores del MERCOSUR en la Biblioteca Nacional de Montevideo.
Es conferencista de temas médicos y sociales. Actualmente dedica buena parte de su tiempo a ayudar a las víctimas del Tabaquismo, y a dictar conferencias en varias instituciones.
En este año 2008 dictará un curso en el Ateneo de Montevideo sobre Foros de Salud: información y educación para mejorar la calidad de vida.
El prólogo del libro es obra del Prof. Dr. José Luís Madrid Arias
Ex Presidente y fundador de la Sociedad Española del Dolor
PROLOGO AL LIBRO.
Básicamente mi idea de la medicina comienza y termina con un enfermo diciendo: Doctor, tengo dolor, por favor quítemelo”
En tiempos no lejanos cuando la medicina curativa era todavía desconocida, el médico proporcionaba al paciente, simpatía, buenos consejos, resignación, animo y… poco más…
Gradualmente con el advenimiento de los narcóticos y la obtención de la morfina a partir del opio, lo forma de aliviar el dolor se intensificó. Más tarde, con la moderna cirugía, los antibióticos, la asepsia, etc., las causas del dolor podían removerse o extirparse, lo que hizo que el tratamiento puro y exclusivo del dolor pasara a un segundo plano. No significó esto, que el dolor fuera finalmente conquistado, sino que su tratamiento era secundario comparado con en el resto.
Esta situación existe hoy en día, hay un gran número de pacientes que sufren dolor de distintas graduaciones, desde el más severo y desgarrador al más moderado, pero todos ellos de una manera crónica y, que la mayoría de las veces dura hasta la muerte del individuo.
El dolor no es una simple modalidad única, ya que tiene implicaciones psíquicas y psicológicas y, los pacientes con dolor crónico realmente sufren. Es importante para nosotros la palabra “sufrimiento”: los pacientes con dolor crónico realmente sufren. Uno tiene solamente que pensar en el paciente con un cáncer inoperable, o en el paciente con dolor vascular de la extremidad inferior con los dedos de los pies al borde de la gangrena, o en el dolor causálgico, para darse cuenta de que estos pacientes sufren.
Por lo tanto me parece a mí que la función de una Unidad del Dolor es aliviar el dolor de tal manera que la calidad de vida del paciente mejore. Nótese, que esto no significa que la dolencia sea totalmente curada, sino que proporciona alivio del dolor para que el estilo de vida y la calidad de la misma mejore.
Así pues, una Unidad del Dolor debe tratar a sus enfermos de la manera que sea posible conseguir estos fines, tomando las precauciones necesarias para evitar que el paciente quede en peores condiciones que al principio.
Es una función primordial de la Unidad del Dolor y de todos aquellos conectados con este tipo de actividad clínica el convencer a las autoridades y a la administración de que merece la pena el tratamiento del dolor crónico; y que aparte del aspecto humanitario del mismo, es una actividad costosa. Un empleado o un obrero que trabaja, produce para él, su familia y para la comunidad y por ende al país. Un trabajador con dolor crónico no produce nada y es una carga para la administración.
Estos éstos hechos están desarrollados en el libro de la Dra. Rojas que como protagonista de los hechos que denuncia tiene la autoridad moral y profesional para denunciar este caótico aspecto en muchos casos fruto de la incomprensión de la sociedad e incluso de los mismos profesionales de la sanidad.
Un libro como este es necesario para despertar y entender el desolador aspecto y la falta de interés por este problema, ya que como decía el clásico: “el dolor que mejor se tolera es el del prójimo”.
La preocupación por el alivio del dolor ha existido como parte integrante de las distintas enfermedades, sin merecer en muchas ocasiones su estudio y tratamiento.
En la Sociedad se han ido desarrollando varios cambios para que a partir de las últimas décadas, el dolor esté siendo objeto del nacimiento de múltiples asociaciones, congresos y revistas especializadas.
Por un lado el aumento de la expectativa de vida propicia la aparición de numerosas enfermedades crónicas e incapacitantes que a menudo van acompañadas de un grado mayor o menor de dolor: la artrosis, las síndromes músculo-esqueléticos y por supuesto el cáncer. Por otra parte, hay que considerar el gran número de pacientes con dolor debido a accidentes laborales y de tráfico, que dejan como secuela cuadros de dolor crónico, con la particularidad de que se presentan en individuos jóvenes y en edad laboral la gran mayoría de ellos y con una larga expectativa de vida.
Además, el aumento del nivel de vida junto con la presión que la sociedad de consumo ejerce cobre el individuo, ha ido catequizando al hombre moderno en lo que se denomina “teología del confort”, la cual ha desplazado la religiosidad natural del hombre, que le proporcionaba una mejor aceptación del sufrimiento. La desaparición del estoicismo, la secularización profunda de la sociedad ante la cual el individuo disminuye su umbral doloroso y demanda cada vez con más frecuencia un alivio del dolor en situaciones que años atrás tenía plenamente asumidas, hace que ese alivio se exija con rapidez; “aquí y ahora”. Soluciones que muchas personas antaño buscaban en la religión, se le exige ahora a la ciencia.
El 26 de mayo de 1973 se crea la Internacional Association for the Study of Pain (IASP), siendo su alma y fundador John J. Bonica, Profesor de Anestesiología de la Universidad de Washington.
¿Por qué surge la IASP en un país como EE.UU. y no en otro? La sociedad americana se caracteriza entre otras cosas por ser una sociedad hedonística y prototipo mundial del lujo y del consumo. El tratamiento del dolor se inicia pues en una sociedad muy determinada, como, otro producto más, cuya aparición sería impensable en otros países cuyas necesidades primarias quedan todavía muy lejos de ser atendidas.
El futuro de las Unidades del Dolor estará asegurado mientras existan como la Dra. Rojas, médicos y profesionales con el interés y el deseo por este tipo de pacientes, ya que nadie puede poner en entredicho la necesidad de abordar científicamente este complejo problema.
Todos los médicos deben saber con claridad que las situaciones de dolor crónico indican una situación fácilmente reconocible, pero al mismo tiempo una grave y seria enfermedad que únicamente podrá ser aliviada con el esfuerzo coordinado de un equipo de médicos de diferentes especialidades y empleando todas las posibles alternativas, variaciones y modalidades de tratamiento.
Espero y deseo que este libro de la Dra. Rojas despierte y agite en las distintas capas de la Sociedad, la comprensión, el conocimiento y la exigencia de reclamar soluciones al dolor… que no es una broma.
