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Comentario Película
Santa Clara de Asís
Fiesta 11 de Agosto
Clara significa:
"vida transparente"
1193-(1194) - Nació en Asís, Italia, en 1193, el día 11 de julio, según se cree. Hija mayor de Favorino dei Scifi (Favarone Offreduccio), caballero rico y poderoso, conde de Sasso-Rosso, representante acaudalado de una antigua familia romana, con un gran palacio en Asís y un castillo en las faldas del monte Subasio. Su madre, Bta. Ortolana, pertenecía a la noble familia de los Fiumi, era una mujer muy cristiana, de ardiente fe. Desde niña clara demostró su agrado por la oración, amor y deseo por crecer cada día en su vida espiritual.

A los 15 años ya la pretendían en matrimonio, Clara confesó a su madre que se había consagrado a Dios. La  oración era la alegría, la vida; la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. La oración es el fin en la vida Religiosa y su profesión.

1211-(1212) - Francisco en el día de Ramos le dijo "debes cambiar los placeres del mundo por el duelo de los sufrimientos del Señor". Este es el tiempo favorable... es el momento... ha llegado el tiempo de dirigirme hacia El que me habla al corazón desde hace tiempo... es el tiempo de optar, de escoger...”, sintió una gran confirmación de todo lo que venía experimentando en su interior.

Pensó todo el día y a la noche decidió ya que debía seguir el servicio a Dios e informárselo a Francisco.

Clara sabía que esta determinación iba a ser causa de desagrado familiar, pues el solo hecho de la presencia de los Hermanos Menores en Asís (como se les llamaba a los seguidores de San Francisco) estaba ya cuestionando la desigualdad social entre pobres y ricos. Para Clara el reto era muy grande.

Siendo la primera mujer en seguirle, su vinculación con Francisco podía ser mal entendida. Clara sentía gran compasión y gran amor por ellos, aun cuando antes tenía prohibido verles y hablarles. Ella los cuidaba y los alimentaba enviando a una de las criadas. Le llamaba mucho la atención como los frailes cuidaban a los leprosos. Todo lo que ellos eran y hacían le llamaba mucho la atención y se sentía unida de corazón.

Clara es alojada en un convento. Cuando su padre y hermanos que esperaban casar a Clara con algún millonario hacendado, cuenta se dieron de su ausencia, se dedicaron a buscarla. Al encontrarla quisieron llevársela a la fuerza.

Ella se agarró a los manteles del altar, que se rasgaron ante tanta violencia de los atacantes, y cuando se la iban a llevar, Clara se descubrió la cabeza rapada y les dijo: "Por amor a mi Cristo Jesús he renunciado totalmente a todo amor por lo material y mundano". Los hermanos al verla así y tan resuelta, desistieron de tratar de llevársela. San Francisco hizo que Clara se fuera a vivir junto a la Iglesia de San Damián en Asís, en una pobre y humilde casita.

Días más tardes, San Francisco, preocupado por su seguridad dispone trasladarla a otro monasterio de Benedictinas situado en San Angelo. Allí la sigue su hermana Inés, quien fue una de las mayores colaboradoras en la expansión de la Orden.

Si hasta entonces había sido moderado el enojo de Favorino, creció cuando a los quince días de la evasión de Clara, su hermana Inés, casi niña, prometida en casamiento, se enfurece y envía a su hermano Manolo con doce hombres armados.

Estos propinan una gran golpiza a Inés y Clara implora el auxilio celestial. En respuesta los doce hombres vigorosos no son capaces de hacer adelantar el cuerpo de Inés ni una sola pulgada,  pesada como si fuera de piedra, en vano la sacuden tratando de arrastrarla.

Su tío Manolo, alza el puño contra el cráneo de la niña,  quedando con el brazo en alto pero sin movimiento. Entre tanto llega Clara, y le entregan a Inés medio muerta. Aceptaron la decisión de las jóvenes, aún la decisión de la  hermana, Beatriz, su prima Pacífica, su tía Bianca y después de la muerte su padre se les unió su madre.
En el pueblo otras jóvenes decidieron irse también de monjas con ella, pronto el convento estaba lleno de mujeres dedicadas a la santidad.

San Francisco les reconstruye la capilla de San Damián y co-funda con Clara la Orden de las Clarisas. Cuando se trasladan las primeras Clarisas a San Damián, San Francisco pone al frente de la comunidad, como guía de Las Damas Pobres a Clara, como superiora de la comunidad, y aunque ella toda la vida trató de renunciar y dedicarse a ser una sencilla monjita de segundo orden, siguió hasta su muerte, ejerciendo la autoridad en forma muy agradable y llena de caridad. Como madre amorosa de sus hijas espirituales, siendo fiel custodia y prodigiosa sanadora de las enfermas.

Por su gran severidad en los ayunos, sus hermanas, preocupadas por su salud, informaron a San Francisco quien intervino con el Obispo ordenándole a comer, cuando menos diariamente, un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media. Cuando hacía falta pan para sus hijas, ayunaba sonriente.

Poco a poco la experiencia le fue enseñando a no ser demasiado exagerada en penitencias porque se le dañaba la salud. Y más tarde escribirá a sus religiosas: "Recuerden que no tenemos cuerpo de acero ni de piedra”.

Clara acostumbraba tomar los trabajos más difíciles, y servir hasta en lo mínimo a cada una. Pendiente de los detalles más pequeños y siendo testimonio de ese corazón de madre y de esa verdadera respuesta al llamado y responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos.
Servía la mesa, lavaba los platos, atendía a las enfermas, llena de compresión y misericordia. A los pocos años ya había conventos de Clarisas en Italia, Francia, Alemania y Checoslovaquia.

No usaban medias, ni calzado, se abstenían perpetuamente de carne, y sólo hablaban si las obligaba a ello alguna necesidad grave o la caridad. La fundadora les recomendaba el silencio como remedio para evitar innumerables pecados de lengua. Dormía sobre una dura tabla y por almohada tenía un poco de pasto seco.

San Francisco y el obispo de Asís le mandaron que no dejara pasar un día sin comer aunque fuera un pedazo de pan.
Brother sun, sister moon-San Francisco-(Franco Zeffirelli)
MIlagros      La Eucaristía ante los sarracenos

              El milagro de la multiplicación de los panes
"Hermano Sol, Hermana Luna"
SE DECLARA MONUMENTO HISTÓRICO LA PARROQUIA DE SANTA CLARA DE OLIMAR
Muchas veces, cuando hacía mucho frío, se levantaba a abrigar a sus hijas y a las que eran mas delicadas les cedía su manta y si el sayal de alguna de las hermanas lucía más viejo ella lo cambiaba dándole el de ella. Su vida entera fue una completa dádiva de amor al servicio y a la mortificación. Su gran amor al Señor es un ejemplo que debe calar nuestros corazones, su gran firmeza y decisión por cumplir verdaderamente la voluntad de Dios para ella. Guió a las mujeres medievales hacia metas más altas, promoviendo el heroísmo civil o religioso.

"En una ocasión, después de haberle lavado los pies a una de las hermanas, quiso besarlos. La hermana, resistiendo aquel acto de su fundadora, retiró el pie y accidentalmente golpeó el rostro a Clara. Pese al moretón y la sangre que había salido de su nariz, volvió a tomar con ternura el pie de la hermana y lo besó."

1212-1213 - Clara y sus hermanas reciben de san Francisco la «Forma de vida» que, al igual que la primitiva Regla de los Hermanos, consta de algunas frases breves del Evangelio.

Al principio, Clara y sus compañeras no tenían regla escrita que seguir salvo una corta formula vitae dada por San Francisco, y que puede encontrarse entre sus trabajos.
Clara quiso Al igual que su mentor Francisco, que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar.
Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento le escribió:
"Santo Padre: le suplico que no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo". A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con aquellas palabras de Jesús: "Mi padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros".

1216 - Recibe de Inocencio III el «Privilegio de la pobreza», que permite a Clara y a sus hermanas vivir sin posesión alguna.

Este amor por la pobreza nacía de la visión de Cristo pobre, de Cristo Redentor y Rey del mundo, nacido en el pesebre. Aquel que es el Rey y, sin embargo, no tuvo nada ni exigió nada terrenal para si y cuya única posesión era vivir la voluntad del Padre. La pobreza alcanzada en el pesebre. Cristo pobre cuyo único deseo fue obedecer y amar.
Siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro San Francisco, quiso Clara que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y, aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar

1218-1219 - El cardenal Ugolino da a las clarisas la Regla de S. Benito y las Constituciones (de tradición camaldulense).
Algunos años más tarde, aparentemente en 1219, el Cardenal Ugolino, protector en aquella época de la orden, y posteriormente Gregorio IX, esbozó una regla escrita para las Clarisas de Monticelli, tomando como base la Regla de San Benito, manteniendo sus puntos fundamentales y añadiendo algunas constituciones especiales. Esta nueva regla que, eliminaba de las Clarisas la característica franciscana de la absoluta pobreza, fue aprobada por Honorio III (Bula "Sacrosancta", 9 de diciembre de 1219).

Cuando Clara lo supo se opuso con valentía y éxito a las innovaciones de Ugolino, por ser completamente opuestas a las intenciones de San Francisco. Éste había prohibido a las Damas Pobres, como lo había hecho a sus frailes, la posesión de cualquier bien terreno, incluso en común.

1228 - Gregorio IX confirma el «Privilegio de la pobreza».

Gregorio IX visitó a Clara en San Damiano, y la presionó tratando de hacerle aceptar algunos bienes para cubrir las necesidades imprevistas de la comunidad. Pero Clara rehusó firmemente. Gregorio, creyendo que su renuncia podía deberse al miedo a violar el voto de absoluta pobreza que había hecho, ofreció absolverla de él. "Santo padre, yo anhelo la absolución de mis pecados", contestó Clara, "pero no deseo ser absuelta de mi obligación de seguir a Jesucristo".

El heroico desprendimiento de Clara llenó al papa de admiración, como muestra la carta, aún existente, que le escribió, hasta el punto de otorgarle el 17 de septiembre de 1228 el célebre Privilegium Paupertis, con algunas consideraciones relativas a la corrección de la regla de
1219. La copia original autógrafa de este privilegio - el primero de este tipo solicitado, u otorgado por la Santa Sede - se conserva en el archivo de Clara de Asís.

No es improbable que Clara hubiera solicitado un privilegio como el anterior en una fecha más temprana, y que lo hubiera obtenido de viva voz. Es cierto que tras la muerte de Gregorio IX, Clara tuvo que luchar una vez más por el principio de absoluta pobreza prescrito por San Francisco, pues Inocencio IV habría querido dar a las Clarisas una regla nueva y mitigada. Pero la firmeza con que ella se sostuvo venció al papa. Finalmente, dos días antes de la muerte de Clara, Inocente, no vacilando ante la reiterada petición de la abadesa moribunda, confirmó solemnemente la definitiva Regla de las Clarisas (Bula "Solet Annuere", 9 de agosto de 1253), y de este modo les aseguró el precioso tesoro de la pobreza que Clara, a imitación de San Francisco, había tomado desde el momento de su conversión.

1233-1253 - Clara intercede dos veces salvando a la Ciudad de Asís
Cuando, en 1234, el ejército de Federico II estaba devastando el valle de Espoleto, los soldados, preparándose para el asalto de Asís, escalaron los muros de San Damiano de noche esparciendo el terror entre la comunidad. Clara se levantó tranquilamente de su lecho de enferma, y con el copón con la Eucaristía hizo frente a los invasores, que ya habían apoyado una escalera en una ventana abierta. Se cuenta que, conforme ella iba alzando en alto el Santísimo Sacramento, los soldados que iban a entrar cayeron de espaldas como deslumbrados, y los otros que estaban listos para seguirles iniciaron la huida. Debido a este incidente, Clara es generalmente representada portando un ciborio (copón con las hostias para la Eucaristía).

Cuando, algún tiempo más tarde, una fuerza mayor, conducida por el general Vitale di Aversa, que no había estado presente en el primer ataque, volvió para asaltar Asís, Clara, junto con sus hermanas, se arrodilló en la más sincera oración para que la ciudad pudiera ser salvada. Al poco se desencadenó una furiosa tormenta, que desparramó las tiendas de los soldados en todas las direcciones, y causó tal pánico que volvieron a tomar refugio en la huida. La gratitud de los habitantes de Asís, que de común acuerdo atribuyeron su liberación a la intercesión de Clara.

1247-1252 - Clara escribe el Testamento y la Regla.

1253 - 9 de agosto. Inocencio IV confirma la Regla propia de Clara.

1253 - 11 de agosto: muerte de Clara. Es enterrada en la iglesia de San Jorge.
Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damiano, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar.

El pueblo amó a Clara en vida con amor hacia la "Madre Seráfica” (humilde, pobre).

Hacía ya tiempo que el pueblo amaba y veneraba a Clara. Valiente y alegre hasta el final, a pesar de sus largas y dolorosas enfermedades, Clara hizo que la levantaran en la cama y, así reclinada, "hiló las más finas hebras con el propósito de tenerlas tejidas en el más delicado material, con el cual hizo después más de un centenar de corporales, y, guardándolas en una bolsa de seda, ordenó que se repartieran entre las iglesias de los campos y montes de Asís".

Estando ya al borde de la muerte, Clara, habló con las clarisas sobre los beneficios que Dios les brindó y las exhortó a que perseveraran.

Fue visitada dos veces por el papa Inocente IV, quien dijo: "Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita".
Cardenales y obispos iban a visitarla y a pedirle sus consejos,  el cardenal Rainaldo le dio la extrema unción. Su hermana Inés,  tres de los primeros compañeros de San Francisco, León, Ángel y Junípero,  estuvieron también presentes en el lecho mortal, y Clara les pidió que leyeran en voz alta la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan, como habían hecho treinta y siete años antes, cuando Francisco estaba tendido moribundo en la Porciúncula.  Ella expresó: "Desde que me dediqué a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan".
El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida.

1254 - 24 de noviembre. Apertura del proceso de canonización de Clara.

1255 - 15 de agosto. Canonización de Clara por el papa Alejandro IV.

En la Basílica de Sta. Clara encontramos sus restos óseos y muchas de sus reliquias.
En el convento de San Damiano, se conservan su cuarto donde ella pasó muchos años de su vida acostada. También se conservan el oratorio, la capilla, y la ventana por donde expulsó a los sarracenos con el poder de la Eucaristía. Hoy las religiosas Clarisas son aproximadamente 18.000 en 1.248 conventos en el mundo.

Las Clarisas querían retener el cuerpo en San Damiano, pero los magistrados de Asís decidieron llevarlos a ciudad. Los milagros de Clara se habían contado por doquier. Los restos de Clara fueron depositados en la capilla de San Giorgio, donde la predicación de San Francisco había tocado por primera vez su joven corazón, y donde su propio cuerpo había igualmente sido colocado mientras se elevaba la Basílica de San Francesco. Dos años más tarde, el 26 de septiembre de 1255, Clara fue solemnemente canonizada por Alejandro IV, y ordenada la construcción de la iglesia de Clara bajo la dirección de Filippo Campello, uno de los principales arquitectos de su tiempo.

El 3 de octubre de 1260, los restos de Clara fueron transferidos desde la capilla de San Giorgio y enterrados profundamente en la tierra. Tras haber permanecido ocultos durante seis siglos- al igual que los restos de San Francisco, la tumba de Clara fue localizada en 1850, para gran alegría de los habitantes de la ciudad. El 23 de septiembre de ese año el ataúd fue desenterrado y abierto; la carne y ropas de la santa se habían reducido a polvo, pero el esqueleto estaba en perfecto estado de conservación. Finalmente, el 29 de septiembre de 1872, los huesos de la santa fueron transferidos, con mucha pompa, por el arzobispo Pecci, posteriormente León XIII, al sepulcro erigido en la cripta de Santa Chiara para recibirlos, y donde ahora se pueden contemplar. La fiesta de Clara es celebrada en toda la Iglesia el 12 de agosto; la fiesta de su primer traslado se mantiene en la orden el 3 de octubre, y la del hallazgo de su cuerpo el 23 de septiembre.

Iglesias en el Uruguay:
Iglesia de San Antonio y Clara (Hermanos Capuchinos, Canelones 1660 esq. Minas).

Una de las biografías de Santa Clara
Recopilación
de    Alel Laru y
Leo Francdamorì
Escenas de "Hermano Sol, Hermana Luna" dirigida por Franco Zeffirelli
"El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre" - Clara.
"Clara, indigna ancilla Crhisti et
plantula beatissimi patris Francisci"

"Yo Clara, sierva de Cristo, pequeña
planta de nuestro Padre Francisco."