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                                                                    “Los Secretos de Asís”
                                                                                          entrevista al autor del libro
                                                                                                Daniel Meurois Givaudan



Daniel Meurois Givaudan comparte los secretos de su obra:


Este libro no es, un relato más, entre la multitud de los que se han consagrado a Francisco de Asís… Es más bien una inmersión total en su alma, y en el corazón del misterio que le alimentó.

Creemos conocer, más o menos, la trayectoria fulgurante de este hombre que, mil doscientos años después del Cristo, quiso reencontrar su sencillez y su dulzura. Creemos conocer… pero sin embargo se ignora lo esencial: el enorme secreto que le habitaba y que, si hubiera sido divulgado, habría podido cambiar el rostro de occidente. Es al descubrimiento de este secreto, a lo que Daniel Meurois nos invita en obra, sumergiéndonos con él en la Memoria del Tiempo.

A través de los ojos del mismo Francisco, y también a través de los de Clara de Asís, su hermana de alma, nos lleva de la Italia medieval hasta el Egipto de los Caballeros del Temple; allí donde el Islam y el Cristianismo hablaban de un mismo jardín interior: el de la compasión y el amor por todo lo que existe.

Gracias a su enfoque diferente, audaz y emotivo, del verdadero itinerario del “Poveretto”, Daniel Meurois nos lleva una vez más a las fuentes primeras del pensamiento crístico, hacia su esencia revolucionaria, sus hechos históricos y sus misterios… cuidadosamente escondidos.

Pero, más allá de todo eso, la enseñanza entregada por Francisco de Asís nos tocará a cada uno de nosotros en lo más profundo, debido a la modernidad de su intento: el de la búsqueda de una unión posible y necesaria entre el Espíritu y la carne.

Respondiendo a nuestra necesidad de conocer la verdad, restituye con justicia, libertad y ternura la que fue la relación de la incontestable pareja solar formada por Francisco y Clara de Asís.

Un testimonio que nos reenvía a nuestros interrogantes de hoy… un libro que osa decir… una mirada que “sacude” la vida… recordándonos su belleza.

El escritor Daniel Meurois Givaudan, francés, hoy asentado en Canadá, no defrauda nunca con sus obras. Sigue aportando siempre su granito de arena. Debemos a Daniel muchos instantes inolvidables en compañía de Jesús, María Magdalena, los apóstoles, Akenatón, Nagarté, los esenios, Luís IX, los maestros budistas de Camboya…, con su facilidad para viajar por los registros akásicos siempre tiene algún elemento particular que aportar a nuestra historia colectiva.

Según él se hallan a disposición de quienes se consagran al servicio impersonal. Los archivos akhásicos recogen toda la trayectoria de la humanidad, de cada una de las almas que hollaron nuestro mundo, desde el principio de los tiempos. Se trata de un “disco duro” de translúcidos gigas, cuya capacidad desborda los límites concebibles. El contenido de sus archivos es imperceptible para la mente concreta. Conseguir el “password” para acceder a esos mágicos registros, ha sido la aspiración de muchos maestros, guías e iniciados.

¿Con qué detalle te llega la información? ¿Te ves en la obligación de reconstruir detalles o todo te viene tal cual?

Cuando penetro los anales akásicos, me veo absolutamente inmerso en la secuencia de la época. No observo la escena como si estuviera delante de una pantalla de televisión, yo estoy absolutamente allí, en el momento. Todo es revivido con la misma intensidad que en la realidad. Tengo sensaciones visuales, olfativas, auditivas e incluso de tacto, pero no de mi tacto, si no del de esa persona en la cuál yo estoy inmerso en ese momento. Si esa persona toca algo, yo tengo la misma sensación de tocar. La vivencia es, por lo tanto, absoluta. Al escribir, no tengo necesidad de intentar reconstruir ningún aspecto, puesto que vivo la experiencia tal cual. Me percato de muchísimos detalles, escucho todos los sonidos… La precisión es increíble. Todo queda grabado en mí durante tres o cuatro días. Después esas vivencias me quedan registradas como una vivencia normal, por ello es importante que me apresure a escribir.

¿Todo ello lo trasladas a los libros?

No, es absolutamente imposible. En un libro no se puede describir todo el detalle. Además hay momentos emocionantes, intensos y hay momentos cotidianos. Mi labor se asemeja a la de un realizador de cine que ha filmado kilómetros de película, pero que después se queda únicamente con lo más importante. Mi trabajo de escritor es el de seccionar momentos sustanciosos y de tejerlos entre sí, de forma que se asemeje a un libro, no una enciclopedia. Mi tarea no es por lo tanto la de un novelista, puesto que yo no invento. Soy más bien transcriptor de esas escenas que elijo.

¿Es una suerte vivir todo eso?

Cierto, pero al mismo tiempo es una responsabilidad cuando accedes a tan privilegiada información. Trato de cuidar mucho la escritura. A menudo he de preguntarme: ¿habré transcrito bien lo que he presenciado? Siempre me queda la duda de no haberlo hecho fielmente. Hay muchos lectores detrás.
A veces me asalta el temor de haber trasladado una caricatura de lo que yo he recibido. Son impresiones muy precisas y no deseo caricaturizar. Es un desafío mantenerme fiel a la realidad pasada.

¿Cómo es la vuelta de ese “túnel del tiempo”?

Tengo una cierta tendencia a evadirme. Retornar de ese estado de conciencia al habitual es difícil. Al volver a este mundo denso y material hay un desajuste inevitable.

¿Qué emociones afloran en tu particular oficio?

Una de las mayores dificultades surge cuando yo también me encuentro presente, cuando abordo pasajes en los que me hallo personalmente implicado. A veces me encuentro con seres que en la actual encarnación juegan roles muy diferentes y con los que tengo relaciones afectivas. Ello me muestra la relatividad de las relaciones humanas. Puedo observar personas con las que he compartido momentos hermosos o que por el contrario han sido mis adversarios. Es complicado cuando las emociones afloran. Mi problema es que tengo demasiada memoria y ello puede suponer una desventaja.

¿Rehuyes el presente?

No lo rehúyo, pero hay una parte de mí que siempre está fuera en el tiempo, no es fácil vivir conmigo. Por ello es importante anclarme en la tierra. He de desarrollar un contacto constante y directo con la vida. Nunca excesos, pero hace falta que acepte los pequeños placeres de la vía cotidiana: comer, beber con moderación… Hace falta que encarne bien aquí.

¿Cómo ves el mundo tras tus viajes a través de los registros akásicos?

Con una densidad que me hace daño. Incluso si se tiene la impresión de que otras épocas eran más bárbaras y duras, con masacres, esclavitud…, en nuestros días la opresión y la explotación están más escondida, pero sigue ahí.
Por el contrario todo está desacralizado. En los tiempos del pasado que yo he podido visitar, había siempre referencias a elementos sagrados. Es decir la existencia de la divinidad era una evidencia para todo el mundo.


Pero se acerca de nuevo un tiempo más sagrado…

Cierto, pero los medios se resisten a dar cuenta de la repercusión que está comportando el avance de la conciencia. Este gran movimiento basado en una conciencia más sagrada de la vida está remontando y va a invadirlo todo como una gran ola. Se está trabajando mucho en muchos lugares por la manifestación de esa gran ola.

¿Te sientes un elegido del Cielo para la labor que te encuentras realizando?

No siento que sea un elegido del Cielo. Yo no creo que nos elijan para cumplir determinadas misiones. Creo que cada uno de nosotros nos elegimos a nosotros mismos.

En un momento determinado de nuestra evolución, nuestra alma siente una dirección, una necesidad de especialización en un sentido determinado. Mi especialización ha sido la de escritor. Esta es mi tercera vida como escritor.
Desde hace varias vidas trabajo también la salida del cuerpo de esta forma consciente. Sin embargo creo que mi estilo de escribir era mejor en mis anteriores vidas.


Bueno, bueno, eso ya es mucha modestia…

Sí, es cierto… Conozco las debilidades de mi estilo. He perdido en la forma, si bien es verdad que he ganado en conocimiento metafísico.

¿Tengo entendido que no repasas los originales?

Así es. Una vez que he escrito el libro, ya está listo. No lo vuelvo a tocar.


¿Cómo elijes los temas que abordas?

No elijo deliberadamente los temas. Tampoco hay jamás una imposición desde arriba, en el sentido de que “debes escribir sobre esta o aquella cuestión”. Es simplemente como una demanda de adentro. Por ejemplo, hace poco sentí el reclamo interior de escribir sobre San Francisco de Asís.

¿En qué lengua visionas las imágenes?

Yo escucho en la lengua de la época. Los sonidos me vienen en la lengua del momento, pero lo curioso es que, a causa de un mecanismo misterioso, comprendo ese significado y lo puedo interpretar con mi vocabulario de hoy.
Transcribo con el vocabulario que tengo a mi disposición, consciente de que es muy corto, al igual que un traductor traduce con su propio léxico personal.
En los libros sobre la vida de Jesús me ocurre a veces que me encuentro ante conceptos que existen en la lengua aramea, pero no hallo sus correspondientes en francés.


¿Cómo es el encuentro con Jesús?

Es maravilloso, conmovedor y al mismo tiempo natural. Se trata de seres de una enorme evolución y a la vez tremendamente simples. De gran sencillez, que no ponen distancia entre ellos y nosotros, de una gran humanidad. Ya no me sorprende. Está dentro de una lógica.


¿Y María Magdalena?

Cuando leemos los evangelios no hay apenas información a propósito de María Magdalena. Hay un misterio. El egregor (la forma-pensamiento) de María Magdalena en otros mundos es enorme y ello se debe a que ha tenido una gran influencia en su época.

¿En diversos textos suyos, se la ve situada en un nivel superior de evolución? ¿Era la discípula privilegiada?

Evidente, no hay duda de que era la primera discípula. Recibió enseñanzas superiores al común de los apóstoles. Para mí era también la compañera de Jesús. Era normal en aquella época. Hemos de tener en cuenta de que ningún hombre podía entrar en una sinagoga y comentar los textos sagrados si no estaba casado. La ley judía lo prohibía terminantemente, si no estaban por lo menos emparejados. Hay que considerar también que las manifestaciones de cariño en aquel tiempo eran sumamente discretas.

Cariños tampoco faltaban entonces…

A fuerza de entrar una y otra vez en los detalles de los anales akásicos pude comprobar que entre los dos había una relación de intimidad. Podemos decir más: Jesús había aprendido en sus estudios en el Himalaya a controlar la energía sexual o kundalini. Está es una vía de despertar muy importante y que exige un gran control y disciplina sobre uno mismo.

¿Enseñanzas especiales para las mujeres?

Estoy convencido que Jesús había compartido las enseñanzas del despertar de la conciencia con diferentes pequeños grupos de mujeres. Teníamos la impresión al leer los textos evangélicos de que en los grupos de predicación había hombres y alguna mujer, sin embargo en los registros akásicos se puede perfectamente observar que había al menos tantas mujeres como hombres.
La esencia más pura la transmitió a las mujeres a causa de su especial sensibilidad e intuición que les permitía captar todo con facilidad. Jesús daba mucha importancia a que las mujeres obtuvieran también conocimiento. Esta es una de las razones por las que molestó mucho en su época, ya que se trataba de una sociedad muy patriarcal.


¿Que pasó después de Jesús?

Aún perduró la tradición gnóstica cuyo libro más relevante es la Pistis Sophia, con fuerte impronta femenina. Pero se impuso la escuela de Pedro y Pablo mucho más masculinizante, casi misógina. La tradición femenina hubo de permanecer oculta. Al día de hoy podemos constatar que el cambio de la conciencia viene sobre todo de la mano de las mujeres, tal como predijo el propio Jesús.

¿Tienes aun reservadas muchas bellas historias para contarnos? ¿O te has cansado ya de tu pluma en el tintero? (Daniel siempre escribe sus libros con pluma de ave, nunca con ordenador)

Sí, es cierto que estoy algo cansado, pero soy consciente de que aún tengo cosas por escribir. Si he de ser honesto confesaré que se trata de una fatiga a nivel del alma. Este tipo de experiencias fatigan mucho física y sobre todo psíquicamente.
Evidentemente no soy aún muy viejo a los 55 años, pero tengo la impresión de tener mucho kilometraje detrás de mí (risas). Creo que ahora me toca escribir algo a propósito de San Francisco de Asís.


Las diferencias en las interpretaciones de los libros sagrados generan divisiones en los movimientos espirituales de los hombres. ¿A qué se debe tanta diferencia entre unos y otros?

Hay dos niveles de libros que versan sobre la historia sagrada. Encontramos por un lado aquellos que corresponden a una lectura a nivel etérico. Este nivel es como un espejo que registra, pero que a la vez deforma un poco. Es preciso también tener en cuenta la intervención del propio pensamiento humano. Por eso hay historias que pueden, en mayor o menor medida, responder a las imágenes mentales de quien las capta. Estamos por lo tanto ante un banco falible, susceptible de deformaciones. Pero después está el akasha. Ahí ya no caben diferencias de versiones. Sólo hay un único “disco duro” que registra todo el acontecer mundial. Cuando entramos en él captamos, no obstante, nuestra visión personal. Cada uno de nosotros, aún observando lo mismo, tenemos experiencias diferentes. El hecho histórico es único, pero hay diferentes ángulos desde donde captarlo.

¿Qué es lo que ocurre con los mensajes canalizados que tanto abundan en nuestros días? ¿Son veraces?

En mi opinión la mayor parte de los mensajes canalizados no lo son. Ello no quita que haya mensajes maravillosos pero más que por el origen, ante cada uno de esos mensajes es preciso preguntarse: ¿Esto me aporta algo?

¿De qué depende su veracidad?

Depende todo de la pureza del canal receptor. En función de la calidad de éste, es decir de la del “aparato” conectado, se captarán diferentes niveles de información.

Háblanos de Luís IX

Luís IX hijo de Blanca de Castilla, con toda su educación conservadora, primero se convierte en rey y después se auto despoja de todo su poderío y se convierte en peregrino del desierto en una búsqueda más directa y sincera de Dios. Se trataba de una búsqueda absoluta y muy auténtica. El concluye que al otro lado de la mar hay también seres humanos. Se percata de las aberraciones que él mismo había cometido con la persecución de los denominados “infieles”. Comprueba que había más apertura de espíritu y tolerancia de la parte de los musulmanes que de la parte cristiana, hasta el punto que los templarios llegan a amenazar en pasarse al lado musulmán. Ahora puede parecer al contrario, pero el Islam de entonces era más abierto y se encontraba más cerca del sufismo.

¿Qué proyectos tenemos por delante?

He acabado de escribir un libro sobre la vida de San Francisco de Asís. Hay aspectos desconocidos en sus biografías. Particularmente me he encontrado con un elemento que ha sido ocultado por la Iglesia y que ha marcado definitivamente su forma de pensar: tuvo un gran contacto con los sufíes y concretamente con una mujer sufí, muy conocida entonces, que se llamaba Rabia.

¿Cómo lee la actualidad mundial?

Si hay mucha sombra sobre la tierra es también porque hay mucha luz. Se trata de una ley física: cuanto más alumbra un poderoso sol un objeto, tanto más intensa será la sombra. Si apenas hay sol, apenas hay sombra. Si hay tinieblas sobre la tierra es porque está llegando una luz resplandeciente.
Los acontecimientos anuncian la llegada de una gran ola de luz, pero aún no estamos en el fondo del agujero. En la caída de un objeto, cuanto mayor es la velocidad, mayor es después el rebote. Ahora estamos cerca de tocar el fondo. No creo que se pueda decir con exactitud cuándo, pero ciertamente es en los años que vienen. Aguardo grandes acontecimientos en un futuro próximo.


¿Facultades de adivinación?

Para percatarse de ello no es preciso tener capacidades supranormales. Si no cambiamos de paradigma y de hábitos puede que vayamos a la catástrofe, pero puede ser también necesaria esa catástrofe. Predecir un proceso de purificación, no implica una visión pesimista. El cambio será para mejor. Cierto que habrá muertes, epidemias y todo lo que se pueda uno imaginar…, pero yo no lo observo como algo negativo.

¿Esperanzado ante la debacle?

No tengo una visión pesimista de la muerte, aunque pueda resultar un tránsito duro a nivel humano. La muerte no es la derrota de la vida. En el itinerario, tanto del alma particular como de la humanidad, es una metamorfosis indispensable. Lo que puede ser duro y doloroso son las condiciones de la muerte, no la muerte en sí.

A pesar de todo ello, estoy muy confiado con respecto al futuro de la humanidad. Hemos venido al mundo en una época dolorosa, pero al mismo tiempo privilegiada, pues tenemos la oportunidad de protagonizar un cambio extraordinario. El reto estriba en no dejarse ganar por el ambiente de convulsión y agresividad general.


¿Anticristo a la vista?

A la vista. Es una presencia real, pero al mismo tiempo positiva, porque nos obliga a reaccionar. Si no hubiera sombra, no habría tampoco toma de conciencia de la necesidad de la luz. Esta presencia de la sombra nos obliga a trabajar sobre nosotros mismos para crecer.

Apenas hay referencias a los Maestros de amor y sabiduría en su obra…

El Tibetano por ejemplo es uno de los grades místicos de nuestro tiempo. Hablo poco de ellos, pues así lo piden ellos mismos. Insisten en que es preciso no focalizarse en exceso en los nombres. Sin embargo hablo más de ellos en los seminarios, hasta el punto de que uno de los cursos que imparto lleva por nombre: “Mis experiencias con los Maestros de sabiduría”.

¿La mayor satisfacción de tu trabajo de escritor?

El de Luís IX. Si debiera guardar un sólo de mis libros, sería ese, “El Rey del desierto”. Es del que estoy sin duda más satisfecho.

¿Después?

Después el de “Akenatón”, también “Memoria de esenio”, y el “Evangelio de María Magdalena”.

Algo que me emociona es el comprobar la fidelidad de aquellos que me leen y la relación de proximidad y de amistad que tengo con ellos. Al dirigirse a mí, no me dicen “Vd. Monsieur Meurois Givaudan”, sino de tú, “Daniel”. Incluso cuando no me conocen, no me tratan de Vd.

Para mí es una gran recompensa, pues está en la misma línea de proximidad y confianza que auspiciaba Jesús hace 2000 años: crear un ambiente familiar, una familia de Almas. La gente que viene a mis conferencias y que me lee es de todas las edades y niveles sociales. No hay prototipo de lector. Se acercan hasta chavales de diez años a escucharme. Por supuesto se ven más mujeres que hombres, pero la diferencia está disminuyendo. Normalmente se trata de hombres con una sensibilidad también de lo femenino que les habita, no se trata de “hombres macho”. Los “hombres macho” están mirando el fútbol. (risas).


Fuente:
http://hermandadblanca.org/2009/05/11/daniel-meurois-givaudan-comparte-los-secretos-de-su-obra-%e2%80%9clos-secretos-de-asis%e2%80%9d/