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"¡Lo llamaremos Momotaro! porque nació de un "momó" (durazno o melocotón) y taro (nombre con el que se define a un varón).
Como se alimentaba bien creció fuerte y robusto, nadie podía rivalizar con él, pero no hablaba, su silencio se quebró el día que les dijo a sus padres adoptivos: “¡Voy a enfrentar a los demonios! Por favor ayúdenme con los preparativos para mi salida.”
Los ancianos se quedaron sorprendidos al escuchar por primera vez la voz de Momotaro.
Tales afirmaciones se debieron a unos demonios que habían salido de su isla, Onigashima (la isla de los demonios), para asolar al pueblo.
El anciano, tras reponerse de la sorpresa, se dirigió a Momotaro diciéndole: “Hijo, es mejor que desistas de hacer cosas tan peligrosas”.
Pero los ancianos al ver la determinación de Momotaro, decidieron ayudarle en lo posible con su empresa.
El anciano, con una mezcla de sorpresa y orgullo, dio su permiso a Momotarô. Entre él y la anciana le ayudaron a prepararse con todo lo que necesitaba para el viaje. Le dieron una espada, una armadura, le entregaron ropas nuevas y de alimento la ancianita le había preparado “kibi dango” (bola hervida de harina de mijo arroz, parecida a una pequeña albóndiga).
Momotarô se puso en camino, no sin antes prometer a sus padres que volvería sano y salvo
Los ancianos rezaban a dios para que su hijo se encontrara sano y salvo.



Cuento de Momotaro
Remotamente existió en Japón una pareja que contaba con muchos años de casada, aparentemente no recibirían nunca la bendición de un hijo.
Su amor era muy grande y solo querían ser como el resto de sus amigos.
Una tranquila mañana, el hombre sale a buscar leña y su esposa a lavar agua en el río y encuentran a un niño en el interior de un melocotón gigante que flota en el río.
Primero aparece un perro de pelaje moteado y le dice: “¡Oye! Déme un “dango” por favor. Si me lo das te ayudo”.
Momotaro le entregó uno y siguieron caminando juntos.
Después se encontraron con un mono, el cual pidió a Momotaro lo mismo que el perro. Momotaro se lo entregó, y los tres siguieron la marcha nuevamente.
En el camino a la isla, encontraron a un faisán, el cual pidió lo mismo que los anteriores y se unió al grupo.
Los tres animales normalmente no se llevan bien unos con otros, acabaron por hacerse buenos amigos. Recorrieron un largo camino hasta que finalmente llegaron al mar. Momotarô construyó una barca, con la que cruzaron el mar en dirección a la Isla de los demonios.
Pasaron unos días y llegaron por fin a la Onigashima.
Al avistar la isla, observaron que estaba fuertemente protegida por una fortaleza y vigilada por muchos ogros rojos, azules y negros.
El faisán dio un vuelo de reconocimiento y al volver dijo:”Ahora todos están tomando Sake (licor japonés elaborado con arroz)”.
Momotaro dijo:”Vamos”. Pero no podían entrar porque el portón estaba cerrado.
En ese momento el mono saltó el portón y abrió la cerradura. Los cuatro entraron y los demonios quedaron sorprendidos al verlos.
El perro mordió a un demonio, el mono arañó a otro mientras que el faisán picoteaba a un tercero.
Momotaro dio un cabezazo al jefe de los demonios y le dijo: “¡Ya no hagan cosas malas!”. La batalla fue larga y cruenta. El faisán atacaba a los ogros picándoles en la cabeza y los ojos, el mono les arañaba, el perro les mordía y Momotarô les atacaba con su afilada espada. A pesar de que eran muchos más, los ogros acabaron dando por perdida la batalla ante la fuerza y agilidad de sus rivales, y se rindieron arrodillándose a los pies de Momotarô, al que prometieron dejar de ser malvados a partir de entonces.
Los demonios contestaron: “¡Nunca más lo haremos!, ¡perdónanos!”. Momotaro los perdonó y recobró el tesoro robado.
Seguidamente le entregaron el tesoro que tenían guardado.
El tesoro contenía grandes cantidades de oro y plata, una capa y un sombrero de invisibilidad, e incluso un martillo mágico, que hacía aparecer monedas de oro cada vez que era golpeado contra el suelo. Momotarô y sus amigos animales cargaron el tesoro en la barca y regresaron a casa, donde en compañía de los dos ancianos, vivieron felices y en la abundancia.
El personaje de Momotaro ha aparecido en muchos comic y juegos. Tiene su propia estatua.
En el camino a su batalla se encuentra con varios animales, un faisán, un perro y un mono que gracias a la generosidad que muestra el muchacho con ellos, se le unen en su travesía. Viaja a Onigashima, acaba con los demonios y salva a los lugareños de sus fechorías.
Algunos términos:
momó: melocotón en japonés.
El nombre Momotarô puede traducirse como "Juanito o Juancito Melocotón". Momo significa melocotón en japonés, y Tarô es uno de los nombres propios más habituales, similar a "Juan" o "Pedro" en español.
kibi dango : bola hervida de harina de mijo o arroz, parecida a una pequeña albóndiga
sake: es un licor japonés elaborado con arroz.
Parece ser que, en la historia original, o al menos en las versiones más antiguas, Momotarô no nace de dentro del melocotón, sino que es engendrado de forma natural por los dos ancianos, que han rejuvenecido milagrosamente al comer un trozo del melocotón gigante.
La versión que ha llegado a nuestros días, data de la era Meiji (1868-1912). Cuando el cuento fue incluido en los libros de texto infantiles de la época, y debido a las influencias culturales occidentales que ya por entonces empezaban a entrar en el país, este contenido sexual fue suprimido, introduciéndose en su lugar el detalle de hacer surgir al niño de dentro del melocotón.
La leyenda de Momotarô está fuertemente ligada a la región de Okayama, de donde se cree que es originaria. La Isla de los demonios (Onigashima) se asocia por lo general con Megi-jima, una isla del Mar Interior cercana a la ciudad de Takamatsu.
Los demonios a veces son denominados como ogros.
La enseñanza está en la armonía entre los animales. Así debiera llevarse la especie humana por más diferente que sea.
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Canción: Momotaro-san no uta (Momotaro's Song)
Momotaro-san, momotaro-san (Momotaro, Momotaro)
Okoshini tsuketa kibidango
(Those millet dumplings on your waist)
Hitotsu watashi ni kudasai na?
(Won't you give me one?)
Agemashou, agemashou
(I'll give you one, I'll give you one)
Ima kara oni no seibatsu ni (From now, on a quest to conquer the ogres)
Tsuite kuru nara agemashou (If you come with me, I'll give one to you)