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Ese día llovió todo el tiempo, tras el cristal, la pequeña Cristina pensaba, pronto tendría 13 años y posiblemente le encontraran un buen esposo. Por lo menos adinerado.
1376 no había sido su año, quizás un poco rebelde para ser la sumisa convencional que eran el resto de las niñas en la corte.
No era posible pensarse casada, le gustaba escribir y se soñaba escribiendo.
Pero las damas no escriben y menos viven de eso... por casamiento no hubiera necesitado ninguna paga por sus letras.
Nacida en lo que luego sería territorio Italiano e hija del médico y astrólogo real de Francia, Tommaso da Pizzano, se encontraba en buena posición.
Ni que hablar del resto de las mujeres, de cualquier estadio social.
Ella no necesitaba ganarse la vida escribiendo y las otras ni siquiera sabían leer.
La noche anterior soñó encontrarse con tres señoras virtuosas.
Las que se le presentaron como: una llena de la virtud de la razón, otra del derecho y la última de la justicia. Las tres gobernarán una ciudad por construir y le pedían a la niña ser recordadas.
Ese fue uno de los primeros sueños, luego Cristina cada noche al desprenderse soñando de su cuerpo, se encontraría exactamente y día a día o noche a noche, según nuestra realidad, en la construcción de la ciudad.
Las señoras hablan con ella, dándole el texto y los argumentos, la más cercana fue la razón. Esta le demuestra el afán de los nombres en creerse más que las mujeres. La razón le dice: "no son más ni menos, aunque a veces se comporten torpemente", haciendo reír a la niña.
Cuando avanza la construcción de la ciudad, quién más la acompaña es la virtud del derecho, le dice que a las mujeres no les gusta ser ultrajadas, ni ser tildadas de inconstantes. Su derecho y deber es hacérselo notar a los hombres y al resto de las mujeres.
Terminando la construcción, la justicia le habla de las mujeres que poblarán la ciudad con gran fe. A quienes ya convertida en joven deberá aconsejar.
Esos sueños, que termina teniéndolos despierta, son volcados por Cristina, en el libro “La ciudad de las damas” lo que la constituyó en la primer profesional de las letras poéticas.
Le fueron pedidos por las cortes europeas poesías y crónicas, por lo que se le pagaron honorarios. Es quien habla del "yo" literario de la mujer, con una cámara dispuesta para ser su retiro para escribir. Impensado para la época.
Su obra, se distingue por originalidad: la visión feminista e innovador en la exposición de la temática que sumergió a la mujer de su época y de siglos y siglos después (aún al día de hoy), desde la educación que recibe la mujer en la Edad Media.
Ofrece una visión de la historia de las mujeres, mostrando una gran cultura en oposición a los grandes pensadores y literatos de la época en contra de las mujeres y en su desprecio por ellas.
Abrió una puerta, saliendo no del placard, sino de la cueva, en los siglos XIV y XV.
Sobre la Obra de Cristina de Pizán, de nacimiento Pizzano (territorio de la hoy Italia 1364-1430 Francia), la primera feminista.

Cristina de Pizzano, la feminista de la Edad Media
por Paxx
Consultar otros artículos sobre la vida y obra de Cristina da Pizzano:
"Sobre la Ciudad de las Damas, la ciudadanía y la ciudad"