Los deseos vienen de afuera, entran en el mundo vital subconsciente y afloran.
Sólo cuando emergen y la mente los percibe, entonces se vuelven conscientes.
Cuando se vive en la verdadera consciencia los deseos se sienten fuera de la persona; provenientes de la naturaleza universal más baja, penetran la mente y las partes vitales.
En las condiciones humanas comunes esto no se percibe; los hombres se vuelven conscientes del deseo solamente cuando ya está allí, cuando entró y encontró su refugio habitual.
Entonces creen que el deseo es de ellos, una parte de sí mismos.
Librarse del deseo por completo lleva mucho tiempo.
Pero, si alguna vez usted consigue expulsarlo y percibirlo como una fuerza que proviene de afuera y que pone sus garras en el vital y en el físico, será más fácil librarse de ese invasor.
Dejarse estar y acostumbrarse demasiado a sentirlo como parte propia no sólo dificulta lidiar con él sino también quitarle el control que ejerce sobre usted.
Cuando el ser interno guía la consciencia, es más fácil librarse del deseo, pues el ser interno de por sí no tiene deseos, sólo tiene aspiraciones y una búsqueda y amor por el Divino y por todas las cosas que son el Divino ó que llevan a Él.
El ser interno tiene voluntad propia; actúa sobre la naturaleza inferior y coloca un dedo de luz sobre todos los defectos que son un obstáculo para la realización evolutiva, separando y apartando toda mezcolanza, todo lo ignorante o imperfecto.
Nunca está satisfecho consigo mismo ni con la naturaleza vital hasta que consiga tornarla perfectamente receptiva al Divino, libre de todas las formas del ego, entregada y simple.
Esto es lo que debe establecerse en la mente, en el vital y en la consciencia física antes de que toda la naturaleza del ser pueda manifestar la supramente.
Sólo cuando tomamos distancia y nos separamos del vital inferior, negándonos a considerar que sus deseos y clamores sean nuestros, y cuando cultivamos la ecuanimidad en la consciencia, entonces ese vital se purifica gradualmente y se calma.
Cada ola de deseo debe observarse con la máxima quietud y desapego, como si se estuviera observando algo externo; se la debe dejar pasar, desecharla, expulsarla de la consciencia, y en su lugar, debe establecerse el verdadero movimiento, la verdadera consciencia.
El apego, la gula y la avidez por la comida son los que la vuelven indebidamente importante en la vida.
Percibir que algo es agradable al paladar no es incorrecto, tan sólo no debe haber deseo ni ansia de comerlo; no hay que exaltarse por haberlo obtenido ni molestarse o quejarse por no obtenerlo.
Coloque el elemento comida en el lugar correcto de su vida, en un rinconcito, y no le preste mucha atención.
Estar siempre pensando en comida y perturbando a la mente es la manera equivocada de librarse del deseo de comer.
Coma la cantidad justa de alimento (ni más ni menos), sin avidez ni repulsión, como el medio que se le ha dado para mantener al cuerpo; con el estado de espíritu correcto, ofrézcaselo al Divino en usted.
No menosprecie el deseo por la comida ni le dé mucho valor. Tenemos que relacionarnos con él, purificarlo y dominarlo, pero sin darle demasiada importancia.
Hay dos maneras de superarlo: una por el desapego, aprendiendo a considerar la comida sólo una necesidad física, y la satisfacción del paladar, algo sin importancia; la otra, siendo capaz de consumir, con neutralidad y sin resistencia, del alimento disponible, ya sea considerado bueno o malo por los demás.
La perturbación proveniente del sexo es algo serio sólo mientras logra el consentimiento de la mente y de la parte vital del ser.
Si la mente se rehúsa, pero la parte vital responde, ella avanza como una gran ola de deseo vital e intenta arrastrar la mente.
Si también se la desaloja de la parte vital más alta, del corazón y de la fuerza de vida dinámica, se refugia en la parte vital más baja y allí aparece bajo la forma de sugerencias y de pequeños impulsos.
Desalojada del nivel vital más bajo, desciende al físico oscuro, inerte y repetitivo, y aparece en forma de sensaciones en el centro sexual, como respuesta mecánica a los estímulos del medio ambiente.
Desalojada también de allí, se dirige al subconsciente y surge en forma de sueños y de movimientos nocturnos, incluso sin soñar.
Para donde sea que se retire, aún intenta recuperar el consentimiento de las partes más altas, hasta que la victoria sea completa y esa perturbación sea expulsada de la consciencia que rodea a la persona o que es propia de su medio ambiente.
La acción de la energía sexual animal presente en la naturaleza humana es un recurso dirigido a un propósito particular dentro de la economía de la creación material; pero la excitación vital que la acompaña, crea la oportunidad más favorable para la invasión de fuerzas y de seres vitales cuyo único interés consiste en impedir el descenso de la Luz supramental.
La perturbación proveniente del impulso sexual desaparece si usted está seriamente resuelto a librarse de ella.
La dificultad consiste en que algunas partes de su naturaleza (especialmente la vital más baja y la subconsciente) retienen la memoria y el apego a esos movimientos, y usted no transforma esas partes ni las obliga a aceptar la Luz purificadora.
Si usted lo hiciera y si, en vez de lamentarse, alterarse o aferrarse a la idea de que no puede librarse de esas cosas, insistiese serenamente en su desaparición - con una fe calma y una resolución paciente - negándose a aceptarlas o a considerarlas parte de usted mismo, después de un tiempo irían perdiendo su fuerza y disminuirían.
Si quiere adquirir un verdadero dominio de los movimientos vitales y transformarlos, sólo podrá hacerlo si le permite a su ser interior, a su alma, despertar plenamente y establecer su gobierno.
La transformación a la que aspiramos es amplia y demasiado compleja para que llegue de una vez; hay que dejarla llegar por etapas.
El cambio físico es la última y es, de por sí, un proceso progresivo.
Sólo después que nos tornamos uno con el Yo supramental es que podemos encontrar nuestras verdaderas relaciones espirituales con los demás, en el Divino; en esa unidad más elevada no puede haber lugar para ninguna especie de movimiento vital inferior ordinario.

Aparte de su trabajo administrativo, fue nombrado profesor de francés del colegio de Baroda, y, posteriormente, de inglés.
En este periodo aprendió el sánscrito y otras lenguas indias.
Seguía al mismo tiempo con interés los acontecimientos políticos de la India. Con motivo de la división de Bengala, en 1905, abandonó Baroda y empezó a participar abiertamente en política.
Fue uno de los grandes líderes del movimiento nacionalista de Bengala, durante el trágico periodo de 1906 a 1910.
Su influencia en la transformación del pensamiento y opinión de toda la India fue muy profunda, especialmente a través del periódico «Bande Mataram».
Detenido a causa de su actividad política, en 1908 fue encarcelado durante un año en la prisión de Alipore.
Su estancia en prisión significó un cambio decisivo en su vida.
En un medio tan poco favorable, se sumergía casi de continuo en la meditación.
Su vida interior y sus realizaciones espirituales pronto le llevaron a fijarse un objetivo más amplio y universal que la liberación de su país: el porvenir de la humanidad, la nueva era del espíritu, el descenso de la Supermente o Consciencia-Verdad y el surgimiento del ser supramental.
Al salir de la cárcel fundó dos semanarios, uno en inglés, «Karmayogin», y otro en bengalí «Dharma».
Continuó durante algún tiempo sus actividades políticas, pero una noche recibió el aviso de que la policía proyectaba realizar un registro en su despacho de Karmayogin y, para no ser detenido o deportado, fue a esconderse a Chandernagore, a pocos kilómetros de Calcuta.
Aquí recibió «una orden de lo Alto" de ir a Pondicherry a donde llegó el 4 de abril de 1910. Fue la ruptura definitiva con su vida anterior.
Después de cuatro años de yoga en el silencio, fundó, el 15 de agosto de 1914, una revista filosófica mensual, «Arya», en la que expresaba en lenguaje intelectual su visión del hombre y de la historia, del destino divino del hombre y del camino a seguir para alcanzarlo, de la marcha de la sociedad humana hacia la unidad y la armonía, de la naturaleza y de la evolución de la poesía, del sentido profundo de los Vedas, de los Upanishads y de la Gita y del espíritu y de la significación de la cultura india.
Todo ello está actualmente recogido y publicado en libros: «La Vida Divina», «La Síntesis del Yoga», «El Ciclo Humano», «El Ideal de la Unidad Humana», «La Poesía Futura», «El Secreto del Veda», «Ocho Upanishads», «Ensayos sobre la Gita», «Los Fundamentos de la Cultura India», etc.
De su excelsa obra poética merece especial mención «Savitri», epopeya cósmico-trascendental que a través de su lenguaje mántrico constituye el santuario de su legado espiritual para toda la humanidad.
Se negó a volver a la política y declinó el ofrecimiento de presidir el Congreso Nacional de la India.
Ello no quería decir, como algunos han supuesto, que se hubiera retirado a alguna cima de experiencia espiritual, despreocupándose del mundo y del porvenir de la India.
Su alejamiento de la política no podía tener este sentido en modo alguno, ya que el principio mismo de su yoga era no sólo realizar el Divino y alcanzar la Consciencia Espiritual total, sino también hacer entrar toda la vida y todas sus actividades en el campo de la Consciencia Espiritual y fundar la vida sobre el Espíritu.
El 5 de diciembre de 1950, Sri Aurobindo abandonó su cuerpo físico.
«Logró atraer las fuerzas que transmutarán una edad»
Enlace: http://www.fundacionaurobindobcn.com/pages/biograsr.htm
http://www.fundacionaurobindobcn.com
Biografía de Sri Aurobindo:
Nació en Calcuta el 15 de agosto de 1872.
A la edad de siete años fue enviado a Inglaterra, donde pasó los siguientes años hasta la terminación de su formación universitaria. En 1889 ingresó en Cambridge, con una beca de estudios concedida por la St. Paul's School de Londres, donde coronó brillantemente sus estudios con mención de primera clase.
Después de haber adquirido los títulos necesarios para entrar en el servicio civil de la India, en el que no entró por haber rehusado presentarse al examen de equitación, regresó a su país y entró, en 1893, en el servicio administrativo del principado de Baroda.
VIDA MÁS ELEVADA de Sri Aurobindo
Los deseos, la necesidad de comida o de sexo, no pertenecen al alma ni se originan en ella.
Son olas o corrientes de sugestión que entran en el ser, provenientes de la naturaleza universal.
Artículo seleccionado por Lia Becerro de Bengoa
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