Página 07
Se lo escuché a la gran actriz, traductora y productora uruguaya China Zorrilla en una entrevista televisiva hace de los años  ‘80 0 ’90, siempre me ha dado vueltas, decidí indagar.

Como relato o como poesía, esta historia es sobre el incondicional amor de una madre:

1)
Cuenta una leyenda bretona que un hombre se enamoró perdidamente de una mujer. Estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de conseguir el amor de aquella doncella. Aquella mujer era cruel y ambiciosa. Le pidió, al supuesto amante, que si realmente la quería conseguir, debería traerle en una bandeja el corazón ensangrentado de su madre. Aquel hombre, aturdido en un primer momento, se dejó llevar por la ceguera de la pasión y mató a su madre. Cuando iba al encuentro de su amada, corriendo por los bosques, tropezó en una piedra, cayó al suelo, y el corazón de su madre rodó por la hierba. La leyenda nos dice que de aquel corazón ensangrentado salió una voz: “¿Te has hecho daño, hijo mío?”.

2) “¿Te has hecho daño hijo mío?”
Autor: Emile Faguet, La-Roche-sur-Yon, 1847 - París, 1916. Ensayista y crítico literario francés.
“Había cierta vez un hombre joven dilacerado por una situación afectiva crítica. Quería con toda el alma a su bonita y joven esposa, y tributaba también mucho afecto y profundo respeto a su propia madre. Pero la relación entre nuera y suegra eran bastante tensas y, por celos tal vez, la encantadora joven llegó a ser tan mala, que concibió un odio infundado contra la venerable anciana. En cierta ocasión la joven colocó al marido entre la espada y la pared: o él iría a la casa de su madre y la mataría y le traería el corazón de la víctima, o la esposa abandonaría inmediatamente el hogar. Después de muchas dudas e indecisiones, el joven hombre cedió”.

“Aquel conturbado marido, mató a aquella que le dio la vida, le arrancó el corazón de su pecho, lo envolvió fríamente en un paño y regresó apresuradamente a su casa. Pero sucedió que en el camino el caballo del joven, desbocado en loca carrera, tropezó violentamente lanzando por los aires al infeliz jinete. Caído en tierra oyó entonces él una voz que saliendo del corazón materno, le preguntaba llena de desvelo y cariño: ‘¿Te has hecho daño hijo mío?”.


3) BALADA CATALANA
Autor: de Vicente Mundina Balaguer, conocido popularmente como padre Mundina, es un sacerdote de la congregación Hijos de la Sagrada Familia, especialista en botánica, es conocido como "el cura de las plantas". A sus 77 años (nacido en 1932) se dedica a impartir charlas sobre botánica y educación de los niños en la defensa del ambiente.
Rugiente pasión ardía
en el alma del doncel;
fuera de Ella nada había,
en el mundo, para él.

- ¡Lo que a tu capricho cuadre
-dijo a su amada -lo haré;
si las joyas de mi madre
me pides, te las daré!

Y ella, infame como hermosa,
dijo en horrible fruición:
--¿Sus joyas? ¡Son poca cosa!
¡Yo quiero su corazón!

En fuego impuro él ardiendo
hacia su madre corrió
y al punto su pecho abriendo
el corazón le arrancó.

Tan presuroso volvía
la horrible ofrenda a llevar,
que, tropezando en la vía,
fue por el suelo a rodar.

Y brotó un acento blando
del corazón maternal
al ingrato preguntando:
--Hijo, ¿no te has hecho mal?


4) Amor de madre (una versión más larga)
(Joaquín Dicenta) Joaquín Dicenta Benedicto (Calatayud, 3 de febrero de 1862 - Alicante, 21 de febrero de 1917), periodista, dramaturgo del Neo romanticismo, poeta y narrador naturalista español, padre del dramaturgo y poeta del mismo nombre y del actor Manuel Dicenta.

Te adoro mi bien, decía
lleno de insensato ardor
un hombre a su amada un día
y la mujer se reía del amante y del amor.
¿Qué prueba te daré bastante,
le decía el tierno amante,
para hacerte creer en mí?
y agregaba suplicante:

¿qué quieres?,
por ti haré cuanto me cuadre;
con el nombre de mi padre
mi existencia te daré,
¿o quieres que abone mi fe,
con las joyas de mi madre?
Con desdeñosa sonrisa
miraba el hombre la hermosa
y su afán le aguijoneaba.
Y con su voz espantosa,
pero dulce y cariñosa
le dijo: Quiero probar tu pasión.
¿Qué quieres?, dijo el hombre.
¡ De tu madre el corazón!
Como si escuchado hubiera
el rugido de una fiera
un grito dio el hijo herido
y a su vez lanzó un gemido
que horrorizó a la pantera.

La hermosa criminal
de la lucha se apercibió
y del poder se armó
de su belleza infernal.
Soltó sus sedosos cabellos,
tan diabólicos como bellos,
brillar hizo en su mirada
luminosos resplandores,
y en la boca perfumada
de besos embriagadores.

Mas cuando quiso llegar
a la hermosa, lleno de pasión,
ella con voz espantosa,
pero dulce y cariñosa,
le dijo otra vez:
¿Y el corazón?
en el alma del doncel
lucharon el bien y el mal,
mas, vencido aquél
hízose el hombre un chacal,
y con ese paso veloz
que nos lleva siempre al delito,
fuese el hijo aquel tras la voz
de su impuro amor maldito.

Dormida la madre estaba
en pobre y triste aposento,
todavía brillaba una oración
en su aliento, quizás si esta soñaba
la buena y santa mujer
con el hijo que venía;
débil luz derramaba una lamparilla,
luz que encendió la ternura
de un cariñoso amor maternal
de ese que buscar procura
sombra para su puñal.

Acercóse al santo lecho
a tientas buscóle el pecho
que fuente fue de su vida.
Se oyó un gemido, un extraño ruido
como el que causa la garra
del león enfurecido
que carne viva desgarra;
después se escuchaba
la respiración que ahogaba
a aquel hijo criminal,
y la sangre que goteaba
de la punta de un puñal;
guardó el hijo el corazón
de esa madre asesinada
y enceguecido de pasión
corrió a llevarlo a su amada.

Aguijoneado corrió
por la fiebre y el deseo,
pero al llegar tropezó
y por el suelo rodó
con su espantoso trofeo.
Y al dar en el pavimento
ese ensangrentado lío
murmuró con tierno acento:
¿Te has hecho daño, hijo mío?


El corazón de una madre
® Dibujo: Patrizia D'Ambrosio