

Epílogo de La Asamblea de Liliana Lombardi
Miro a través de la ventana y veo como caen suavemente las hojas de los árboles y son arrastradas por la suave brisa del otoño.
Cuantos años han pasado desde aquellos momentos.
Recuerdo con nostalgia mi juventud, ya lejana en el tiempo, pero pegada a mi corazón para siempre.
Aquellas reuniones juveniles en el parque, recostados a un árbol, tirados en el pasto, hablando libremente, con conversaciones entrelazadas, comentando desde nimiedades hasta temas filosóficos, sobre los que jamás nos íbamos a poner de acuerdo.
De pronto, veo un perro caminando lentamente por la vereda de casa.
Tiene una mirada lánguida, que me mira de manera distraída cuando mira hacia mi ventana.
Se detiene y se sienta. Parpadea, y abre su boca como si me sonriera.
Mi cerebro comenzó a rememorar nuestras campañas a favor de los animales.
¡Habían pasado tantos años! Pero recuerdo que tuvimos experiencias buenas, resultados positivos.
La gente, en general, ya no mira a un perro como si fuera un leproso.
Y se nota que ese perro que descansa delante de mío, lo sabe.
Se da cuenta que no es un excluido más de la sociedad.
Su mirada cariñosa expresa su buena voluntad y ya veo como mueve la cola.
¿Será que nos conocemos?
Decido salir de la casa, para ver al perro de cerca. Y le pregunto ansiosamente:
-¿Te conozco de algún lado?
El perro movió su cola, jadeó un poco, me miró nuevamente y se incorporó, indicándome con su accionar que deseaba que lo siguiera.
De pronto, se detuvo, se dio vuelta, me miró fijamente a los ojos y me dijo:
-“Ahora, me han nombrado asistente de Dios, el Todopoderoso y ha convocado a una Asamblea General de todas las Almas que han querido a los Animales, como tu mismo lo has hecho.
Él quiere que concurras.
Se llevará a cabo en el Templo del Señor en minutos y es por eso que vine hasta acá.


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"El Perro y su collar de corazones" Un libro de valores para niños y jóvenes de nuestra colaboradora Liliana Lombardi