Dos momentos del canal 10 durante el gobierno de facto en Uruguay del siglo XX: 'Pudo Haber sido peor' y 'El silencio' del libro "Crónicas de un canal abierto" del Prof. Ángel Maria Luna
Pudo haber sido peor de Ángel Maria Luna
De mañana tempranito
El miércoles 2 de diciembre de 1970, luego de emitido el noticiero, se preparaba todo para la grabación de un recital de Piero en el Canal. Prácticamente, se estaba estrenando la primera máquina de video-tape, una enorme y pesada Ampex de 2 pulgadas, a válvula, usada y donada al 10; la primera adquirida, de iguales características, iba a llegar recién a fines de ese mismo año. Aquella jornada se extendió hasta pasadas las cuatro de la mañana y la mayoría del personal se retiró extenuada. Algunos, como Jorge Rodríguez, camarógrafo de prensa y José Pepe Cruxen, locutor de cabida, tenían que retomar sus tareas a las nueve de la mañana y decidieron quedarse a dormir en el Canal.
Poco antes de las siete, una mujer subió al altillo donde dormía Pepe y lo despertó, no solamente a los gritos, sino con un revólver calibre 22 que revoleaba peligrosamente en su mano izquierda. Cruxen enseguida pensó que algún compañero le estaba jugando una broma, pero pronto se convenció de lo contrario.
-¡Levantate, levantate…!
-No puedo… estoy desnudo, en ropa interior…
-No te preocupes, yo ya estoy acostumbrada. Somos un comando tupamaro… Vamos para abajo y quedate tranquilo que no te va a pasar nada…
Hacía muy poco tiempo de la tragedia del bowling de carrasco y de los incendios que arrasaron los locales de Sudamtex y de la empresa Sicco en la misma manzana del Cordón y Pepe se puso como loco, imaginando escenas terribles, la caída de la torre encima de las casas, decenas de muertos, derrumbes e incendios.
-Si ustedes van a poner una bomba acá… ¿ustedes no luchan por los obreros?... Si esto explota, nos vamos a quedar sin laburo… Hay unas cuantas familias acá…
-Aquí no hay nada contra ustedes, utilizamos esto como medio de propaganda, para hacernos conocer y para hacer ver la realidad del país…
En eso entró un rubiecito con una escopeta de caño recortado.
-¿Qué pasa?
-No pasa nada… Dice que quiere sacar la motoneta…
-¿Qué motoneta?
-Macho… es mi único capital y la tengo guardada dentro del canal.
Fijate que si todo esto se derrumba e incendia, quedo en Pampa y la vía…
-Está bien, pero que no salga del edificio, no puede pasar de la puerta cancel…
Y allá marchó Pepe a medio vestir, con los zapatos en la mano y la motoneta de arrastro. Al llegar al frente, vio sentados entre sus otros compañeros a dos barrenderos que al pasar frente al canal, por mirar hacia adentro, también “la quedaron”. Inmóviles, todos oyeron ruidos en el interior y poco después se retiraba el “comando” con instrucciones precisas:
-Miren que está todo dinamitado. Quédense cinco minutos acá y después salgan.
-Bueno, que tengan mucha suerte-los despidió el portero, soldado retirado él, que había sido uno de los rehenes de los copadores.
¿Esperar cinco minutos? ¡Ni locos! Juntos como un solo hombre, corrieron hacia la 6ª, ubicada en el actual emplazamiento de la Comisaría de Menores. Apenas habían hecho la mitad del trayecto, sintieron la explosión.
A las ocho de la mañana, todas las emisoras de radio ya habían difundido la noticia y en su domicilio, al Negro Pazos -uno de los técnicos trasnochadores gracias a Piero- lo hicieron saltar de la cama. Al llegar al canal, se encontró con sus compañeros Florencio Sosa y Daniel Yanuzzi, que habían tenido el “privilegio” de recibir a los tupamaros.
Juntos, empezaron a recorrer el Canal, evaluar los daños y pergeñar la estrategia reparadora contrarreloj. Las emisiones comenzaban al mediodía, ese 3 de diciembre no iba a poder ser.
-Los destrozos más grandes estaban en Proyección -recuerda Pazos-. Las chapas de los proyectores estaban agujereadas, el proyector de opacos, que formaba parte de la cadena de telecine, tenía todas las lentes deshechas… en el control de una de las cámaras quedó casi redondo por la explosión, que además cortó muchos cables, y en el estudio, justamente la cámara correspondía a aquel control voló por los aires y se desintegró. En aquel momento pensamos que el daño habría sido mucho mayor en caso de que hubieran puesto una bomba en otra cámara… pero más tarde Florencio encontró un cilindro que no llegó a explotar… Eran unos caños con tapones de rosca y que tenían dentro un producto muy corrosivo que oxidaba y manchaba todo lo que tocara… Y bueno, nos pusimos a reparar. Los cables de video y de alimentación cortados eran muchos y no daba el tiempo para cambiarlos; entonces era cortar, pelar y empalmar… Medio chancho, pero era la única forma de poder salir al aire. Trabajamos sin para y alrededor de las cuatro de la tarde estuvimos en condiciones de salir, con algunas carencias pero con poco atraso.
Lo cierto es que aquel jueves 3 de diciembre, el 10 ya estaba al aire cuando los diarios de la tarde anunciaban el atentado con caracteres “catástrofe”. Fue a las siete y diez de la mañana, explotaron tres de las seis bombas clocadas, no hubo víctimas y los daños fueron calculados en diez millones de pesos (equivalentes por entonces a 40.000 dólares).
Si en lugar de bombas hubieran venido con un martillo, ahí sí que nos deshacían el Canal…
Había terminado un episodio que tendría su contracara catorce años más tarde y en colores…
Página 06





El Silencio de Ángel Maria Luna
Eran las tres de la tarde del martes 8 de mayo de 1984. En una sala de puertas abiertas, desganadamente alargábamos la sobremesa con Óscar y Heber. Jorge había ido hasta el sanatorio del Círculo a visitar a alguien. En determinado momento vimos acercarse a la secretaría contigua a un agente policial y un instante después entraba Silvia a la sala:
-Dice que quiere hablar con la persona que está a cargo del canal, pero no me quiso explicar por qué asunto era…
-Ángel, andá vos… Debe ser de la comisión de colaboración o algo de eso…
Y allá fui.
-¿Usted es la persona responsable del Canal en este momento?
-Es verdad…
-Me tiene que acompañar…
-¿Por qué asunto es?
-No podría informarle… sólo debo cumplir la orden de llevarlo.
No había alternativa ni posibilidades de volver a la sala. Bajamos los dos pisos y al llegar a la puerta comprendí que iba a iniciar mi viaje de bautismo en chanchita. Apenas salimos, dicen que Beatriz, la recepcionista, empezó a gritar desesperada: “¡¡Se llevan a luna, se llevan a Luna, se llevaron a Luna…!!”.
Luego de recorrer pasillos y atravesar varias puertas, fui depositado en la División Seguridad de la Jefatura, donde me volvieron a preguntar si yo era la autoridad a cargo del Canal, pretendiendo que firmara una notificación.
-Tienen que notificarse de una resolución por la que se clausuran por tres días las emisiones de Canal 10… ya hoy no pueden transmitir.
-¿Por qué? ¿A qué se debe la clausura?
-Nosotros no sabemos. Nuestra obligación es notificar al apoderado legal de la empresa.
Expliqué que yo no era. Miré el reloj y me imaginé que ya estaba prendido el transmisor. Entonces solicité que me permitieran llamar al Canal, para asegurarles que la orden se iba a cumplir.
-Dame con Óscar…
-¿Qué pasó… dónde estás?
-DA-ME-CON-ÓS-CAR…
En pocas palabras comuniqué lo que pasaba. Que apagaran y que en cuanto apareciera Jorge lo mandaran para notificarse y “rescatarme”; me dijeron que ya había salido para Jefatura y me senté a esperar. No recuerdo si Jorge demoró quince minutos o quince meses, pero durante todo ese lapso, pensé en mil cosas…
Era la semana previa al Día de la Madre y tres días de silencio causarían un daño económico enorme (“¡esas tandas interminables, gracias a Dios!”)…
¿Cómo habíamos podido atravesar sin escollos El Chicho, Carnaval en concierto, los recitales de de canto popular, los Testimonios sobre las democracias en España y Argentina en octubre del año anterior, el reportaje a China Zorrilla en La revista estelar? Ya estábamos en un tiempo de aperturas, en noviembre había sido el “homenaje a la Democracia” con la proclama leída por Alberto Candeau y 4000.000 almas en el Obelisco, se estaban proyectando elecciones para dentro de seis meses, hacía nada más que siete días se había celebrado el Día de los Trabajadores con 80.000 personas y sin medidas de seguridad… Claro, pero dos días antes de eso, habían clausurado el semanario Búsqueda por dos meses…
Estaba abatido, sumido en mis cavilaciones, cuando veo entrar a Jorge distendido, tranquilo y supuse que no conocía la gravedad de lo que estaba pasando. Pero sabía todo.
-¿Dónde hay que firmar? Gracias, buenas tardes…
Salimos. Me propuso ir caminando hasta el canal. Me vio la cara, me pasó un brazo sobre los hombros y me dijo:
-Ángel, hay sanciones que son condecoraciones…
A paso lerdo, llegamos al Canal.
Había compañeros agrupados en varios sectores. Algunos sollozaban, otros tenían las miradas perdidas. Jorge interrumpió con un vozarrón que llegó a todos los rincones:
-…Tranquilos… no pasa nada… van a ver que, con el tiempo, esto se va a transformar en un reconocimiento…
Cumplido el término de la clausura, la primera emisión de Subrayado se abrió con la palabra de Omar Defeo:
Han pasado tres días. Tres días de silenciamiento impuesto oficialmente a nuestro Canal. Por primera vez en casi 28 años (que son los de Canal 10 y por tanto de la televisión en el Uruguay), se ha clausurado la emisión de una televisora mediante una disposición administrativa.
El martes 8, alrededor de la hora 17, nuestro director, Sr. Jorge de Feo, fue citado a la División Seguridad de la policía de Montevideo, donde se le notificó que por resolución del Poder Ejecutivo se disponía la clausura de canal 10 por tres días, a raíz de haberse emitido en nuestro noticiero del lunes una entrevista aun político inhabilitado. (Aclaramos que el reportaje fue al Dr. Hugo Batalla).
Dejemos de lado circunstancialmente la sinrazón jurídica de esta nueva medida adoptada al margen de la justicia competente y el debido proceso, sólo en función de la realidad que vive en nuestro país y no porque renunciemos al derecho que nos asiste.
Los que hemos consagrado nuestra vida a la vocación, renovada día a día, minuto a minuto, de estar junto a ustedes (los que ustedes ven y aquellos otros que tras las cámaras vibran y cuyas almas están permanentemente junto a las nuestras), sentimos que esta ausencia que nos ha sido impuesta ha podido lo que no lograron, en 28 años, inconvenientes técnicos, graves conflictos sociales en el país, imprecisión en el alcance de las normas jurídicas y discrecionalidad en su aplicación… y hasta un atentado tupamaro, que en virtud del esfuerzo de nuestro personal sólo retrasó la hora de apertura de la transmisión.
Este silenciamiento, sin embargo, se ha poblado de voces solidarias, que nos fortalecen en nuestra manera de encarar el deber que asumimos como radiodifusores. Sabemos que hay distintas formas de recorrer el camino; nosotros elegimos la nuestra, aunque esté llena de dificultades, previsibles o no. Tenemos conciencia de ello, pero también sabemos que debemos seguir transitándolo así, porque nos lo impone nuestra dignidad y la obligación de coadyuvar en la obtención de la felicidad pública.
“La cabeza se juntó con la cola”, proclamarían las curanderas si de “culebrilla” se tratara. Canal 10 fue el único medio -sin mérito propio- en recibir un atentado de la extrema izquierda y una clausura de la extrema derecha.
Informativista Omar Defeo
Ángel María Luna nació en Montevideo en 1938 y falleció el 24 de agosto de 2007, también en Montevideo. A los veinte años inició su carrera periodística como cronista en el diario Acción, actividad que interrumpió para culminar sus cursos universitarios y dedicarse posteriormente a la docencia en institutos públicos y privados de la enseñanza media. En 1980, ingresó por concurso a canal 10, donde produjo y condujo sucesivamente ¿Qué piensan los uruguayos, Testimonio, De ida y vuelta, Fin de siglo y El reloj. A partir de 1984 integró el plantel periodístico de Prioridad y desde 1990 intervino como columnista en Subrayado. Fue también Profesor de Biología.
En 1983 incursionó en la dramaturgia, y obtuvo el segundo premio del concurso convocado por el Teatro del Notariado con su obra El patiecito, una parábola sobre el poder que maneja el simbolismo, la ironía, la sátira, el humor y el grotesco rioplatense a propósito de la guerra de las Malvinas. En 1992 escribió 50 años del Varela, del país y del mundo, una agenda retrospectiva en homenaje al Colegio en el que aprendió “a leer y escribir con tinta”.
Ha dictado innumerables charlas y cursos e intervenido en congresos y jornadas nacionales e internacionales sobre la especialidad.