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Esclavitud en Uruguay, "los Inmigrantes Forzados" por Paxx

La Real Compañía de Guinea era inglesa, y en 1739 Inglaterra y España estaban en guerra, por lo que la Corona volvió a otorgar permisos (asientos) individuales a sus nacionales. Así es como la Compañía Gaditana, formada por Lorenzo de Aristegui y Francisco de Aguirre, envió a Montevideo varias partidas de africanos, en la década del 70, en competencia con Manuel de Basavilbaso, Baltasar de Andía y Pablo Álvarez, que tenían el privilegio de desembarcar en Montevideo.
Los primeros fueron traídos en 1756 en el primer buque cargado de africanos procedentes de Angola.
A partir de 1787 se intensifica el “negocio” y llega otro barco cargado con estas personas compradas a otras tribus africanas o “cazados”, tal como se caza a los animales para circos o zoológicos.
En 1789 se autoriza como ensayo el tráfico con los puertos portugueses de Brasil, y desde allí son traídos esclavos. Y en 1791 la Real Cédula de libre comercio extiende al Río de la Plata la libertad para traficar con esclavos, y naturalmente Montevideo se “beneficia” de esa libertad.
Algunos morían en el viaje, enfermos, maltratados, mal alimentados y hacinados en las bodegas.
En Montevideo, los esperaba otros cuarenta días antes de ser vendidos.
La cuarentena se realizaba en el llamado “Caserío de los Negros”, una serie de barracas construidas por orden del Cabildo de Montevideo en la actual manzana de Rambla Baltasar Brum y calles República Francesa y C. Trillo, un depósito, mientras la “mercadería” esperaba colocación.
Ocupaba una manzana aproximadamente, bajo muro, teniendo en el centro cinco piezas edificadas, dos grandes almacenes, cocina, techo de teja.
Allí acudían los señores de entonces a comprar esclavos. Algunos como Lucas Obes negociaban al por mayor, para luego revenderlos.
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Paradojalmente, pero comprendiendo que la evolución del pensamiento humanista no se había producido aún, numerosos hombres patricios están ligados al comercio de esclavos: Francisco Joanicó, Luís Godefroy, Antonio San Vicente, Mateo Magariños, Cristóbal Salvañach, Pascual Parodi, Pedro Francisco de Berro, Joaquín de Chopitea, Manuel Costa y Texidor, Juan Vidal y Batlle, Carlos Camuso, Antonio Massini, José Batlle y Carrió, Roque Antonio Gómez, Nicolás de Acha, José de Errazquin, José Gestal, Francisco Antonio Maciel (el “Padre de los Padres”) y Lucas Obes, tuvieron intervención comercial en la entrada de unos veinte mil negros hasta 1810. En 1930, sólo en Montevideo hasta 2.489 esclavos.
Esa inmigración “forzosa” dio sus corrientes de sangre a la población uruguaya, en mestizos, cuarterones, octavotes, etc., originando, según anotaba Arreguine, enojosas situaciones aquella interdicción dispuesta por Zavala de ocupar cargos públicos para los que no probaran pureza de sangre.
