Santa María Goretti            por Alel Larú

María nació el 16 de octubre de 1890, en Corinaldo, provincia
de Ancona,  Italia.   Hija  de Luigi  Goretti  y  Assunta  Carlini,
tercera de siete hijos de una familia pobre  económicamente,
se trasladan a las llanuras de Roma,  el lugar no  le soluciona la
parte económica y es un  lugar  insalubre  para vivir,  luego el
dictador, Benito Mussolini, los hará desecar.

Una vez que llega a trabajar para el Conde de Mazzoleni, le arrienda a los Serenelli, una familia sin madre, que murió en un psiquiátrico, con un hijo de 19 años obsesionado por el sexo, con fotos obscenas en las paredes de su dormitorio, un padre alcóholico y mal hablado. Viven en apartamentos diferentes, en ese marco Luigi contrae palludismo y muere. Antes de morir pide a su esposa que vuelva a Corinaldo con su familia, Assunta no tiene para el viaje y están muy endeudados.

Assunta trabaja en el campo y sus hijos mayores la acompañan, a María le toca servir a ambas familias, incluso les sirve la comida y solo come sobras.

La niña sueña con la comunión, como la madre no puede pagarle estudios ni ropa, en el pueblo la ayudan.

María llora y ora a menudo en la tumba de su padre.

Al cumplir doce años comienza a ser molestada por Alessandro, al principio no entienden sus halagos, luego son verdaderas torturas y amenazas, no se deja tocar y sin contarle a su madre, le ruega que no la deje sola en casa.

Mártir de castidad

El 5 de julio, trillando las habas en la tierra, Alessandro lleva un carro arrastrado por bueyes. Hacia las tres de la tarde, en el momento en que María se encuentra sola en casa, Alessandro dice:
-"Assunta, ¿quiere hacer el favor de llevar un momento los bueyes por mí?", sin sospechar nada, la mujer lo hace.

María, sentada en el umbral de la cocina, remienda una camisa de Alessandro mientras vigila a su hermanita Teresina, que duerme a su lado.

-¡María!, grita Alessandro. Intenta que la chica lo siga, ella no lo hace y él la toma con violencia del brazo y la arrastra hasta la cocina, trancando la puerta. La niña grita, pero el campo queda lejos, al no conseguir su cooperación la amordaza y amenaza con un puñal. María se deshace de la mordaza y grita tratando de convencerlo que el acto es un pecado.

Ante aquella resistencia, la atraviesa a cuchilladas. La niña se pone a gritar:
-¡Dios mío! ¡Mamá!, y cae al suelo. Ella se desmaya una y otra vez y él vuelve a apuñalarla, luego sube a encerrarse a su habitación.
María recibió catorce heridas graves y quedó inconsciente. Al recobrar el conocimiento, llama al señor Serenelli: -¡Giovanni! Alessandro me ha matado... Venga. Casi al mismo tiempo, despertada por el ruido, Teresina lanza un grito estridente, que su madre oye. Asustada, le dice a su hijo Mariano: -Corre a buscar a María; dile que Teresina la llama.

En aquel momento, Giovanni Serenelli sube las escaleras y, al ver el horrible espectáculo que se presenta ante sus ojos, llama a Assunta y a Mario Cimarelli, un jornalero de la granja

-¡Mamá!, ¡Es Alessandro, que quería hacerme daño!

Llaman al médico y a los guardias, que llegan a tiempo para impedir que los vecinos, muy excitados, den muerte a Alessandro en el acto.

Sufrimiento redentor
Al llegar al hospital, los médicos se sorprendieron de verla aún viva tiene atravesados: el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma y el intestino. No tiene cura, llaman al capellán. María se confiesa serenamente. Luego, durante dos horas, María no se lamenta, y reza. Su madre permanece a la cabecera de la cama. María la consuela: -Mamá, querida mamá, ahora estoy bien... ¿Cómo están mis hermanos y hermanas?

Pide agua, pero los médicos no lo permiten extrañada, María dice:
-¿Cómo es posible que no pueda beber ni una gota de agua? Luego, dirige la mirada sobre Jesús crucificado, que también había dicho ¡Tengo sed!, y entendió.

El sacerdote también está a su lado, asistiéndola paternalmente. En el momento de darle la Extrema Unción, le pregunta si perdona a su a asesino, ella lo perdona por el amor de Jesús, y quiere que él también vaya al paraíso. “Quiero que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado”.

Al final se le escucha decir: "Papá". Es el día 6 de julio de 1902, a las tres de la tarde.

La conversión de Alessandro
No demuestra arrepentimiento y es condenado a 30 años de trabajos forzados. En unos años Mons. Blandini, Obispo de la diócesis donde está la prisión, decide visitar al asesino para encaminarlo al arrepentimiento.

Alessandro recibió al obispo de mala gana, escucha como María, le  otorgó el perdón y al irse el visitante, llora en la soledad de la celda, ante la extrañeza de los guardias.

Esa noche en sueños se le presenta María, vestida de blanco en los jardines del paraíso, Alessandro, escribió a Mons. Blandini: "Lamento sobre todo el crimen que cometí porque soy consciente de haberle quitado la vida a una pobre niña inocente que, hasta el último momento, quiso salvar su honor, sacrificándose antes que ceder a mi criminal voluntad. Pido perdón a Dios públicamente, y a la pobre familia, por el enorme crimen que cometí. Confío obtener también yo el perdón, como tantos otros en la tierra". Su sincero arrepentimiento y su buena conducta en el penal le devuelven la libertad cuatro años antes de la expiración de la pena. Después, ocupará un puesto en el huerto de un convento de capuchinos, mostrando una conducta ejemplar, y será admitido en la orden tercera de San Francisco.

Luego, Alessandro fue llamado como testigo en el proceso de beatificación de María. Resultó muy penoso para él, pero confesó: "Debo hacer todo lo que esté en mi mano para su glorificación. Toda la culpa es mía. Me dejé llevar por la brutal pasión. Ella es una santa, una verdadera mártir. Es una de las primeras en el paraíso, después de lo que tuvo que sufrir por mi causa".

En la Navidad de 1937, Alessandro se dirigió a Corinaldo, en donde Assunta Goretti volvió con sus hijos. Lo hace para pedir perdón. Llorando lo hace. Ella recontesta: -Si María te perdonó, ¿cómo no voy a hacerlo yo?".

El mismo día de Navidad, los habitantes de Corinaldo se ven sorprendidos y emocionados al ver aproximarse a la mesa de la Eucaristía, uno junto a otro, a Alessandro y Assunta. Película
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