


El árbol que da o el árbol generoso (The Giving Tree), publicado en 1964, es un libro infantil escrito e ilustrado por Shel Silverstein. Este libro se ha convertido en uno de los más famosos de Silverstein y ha sido traducido a más de 30 idiomas.
Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.
Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste:
“¿Vienes a jugar conmigo?” pero el muchacho contestó “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.
“Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero. Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero para tus juguetes”.
El muchacho se sintió muy feliz.
Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz.
Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.
Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:
“¿Vienes a jugar conmigo?” “No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos.
“¿Puedes ayudarme?”
Lo siento, pero no tengo una casa, puedes cortar mis ramas y construir tu casa”.
El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. “¿Vienes a jugar conmigo?” le preguntó el árbol. El hombre contestó “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte ni siquiera manzanas”. El hombre replicó “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… Ahora ya estoy viejo”.
Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo, “Realmente no puedo darte nada…. la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: “Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar.
Estoy tan cansado después de tantos años”. “Bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa”.
El hombre se sentó junto al árbol y este feliz y contento sonrió con lágrimas.
El profesor de Estudios Religiosos en la Universidad de Stanford, Timothy Jackson, dijo:
¿Es este un cuento triste? Bien, es triste del mismo modo que la vida lo es. Todos estamos necesitados, y, si tenemos suerte, crecemos usando a otros y siendo usado por otros. Las lágrimas caen en nuestra vida como las hojas de los árboles. Nuestra finitud no es algo que lamentar o despreciar; es, precisamente, lo que hace posible el dar (y recibir). Cuánto más se acuse al niño, más se acusa a la existencia humana. Cuando más se acuse al árbol, más tienes que faltar a la idea de paternidad. ¿Deberían los regalos del árbol ser contingentes con la gratitud del niño? Si así fuese, si los padres y las madres esperasen reciprocidad antes de preocuparse por sus niños, estaríamos condenados.
Al unir la historia con la condición humana, Jackson asevera que los lectores deben identificarse tanto con el niño como con el árbol.
Esta puede ser la historia de nosotros y nuestros verdaderos amigos, en muchas ocasiones solo acudimos a ellos cuando los necesitamos y ellos siempre están ahí dispuestos a darnos lo que necesitamos sin pedirnos nada a cambio.
Los Cuentos ofrecen la posibilidad de viajar y vivir aventuras fantásticas con la imaginación, fomentan la creatividad, entretienen, acercan los niños a los libros y estimulan la lectura. Los Cuentos también pueden ayudar a los niños a superar conflictos o problemas, siendo también una forma de educación ya que contienen metáforas y moralejas que les hacen reflexionar sobre aspectos de la vida.
Desde el momento en que el libro fue publicado, generó controversia y opiniones opuestas sobre las interpretaciones de sus mensajes, sobre si el árbol es desinteresado o si sólo hace un sacrificio propio, y sobre si el niño es egoísta o razonable en sus peticiones al árbol. La historia muestra claramente a la infancia como un tiempo de relativa felicidad en comparación con el sacrificio y la responsabilidad de la edad adulta. La historia sólo usa la palabra "necesito" al final, para describir la necesidad del niño (ahora viejo) de un lugar para descansar; para el resto de sus deseos usa la palabra "quiero".
Algunos académicos describen el cuento como el retrato de un vicio, una relación parcial entre el árbol y el niño: con el árbol como un donante desinteresado y el niño como un ser codicioso y nunca satisfecho que constantemente recibe, y que nunca da nada a cambio al árbol; un amor egoísta que puede ser deformada e imitada por los lectores infantiles.
De hecho, algunos de estos académicos hablan de un árbol o bien como un padre irresponsable cuyo sacrificio propio ha dejado al hijo sin capacidad de poder arreglárselas por sí mismo (lo que le lleva a acabar solo) o como un desesperado codependiente. Otros sugieren que el libro es un cuento sobre el amor incondicional y la generosidad: el árbol da todo lo que posee al niño porque lo quiere, y sus sentimientos son devueltos por el niño cuando vuelve al árbol para descansar. De este modo, la relación entre el árbol y el niño según crece puede verse como algo similar a lo que ocurre entre madre e hijo; a pesar de no recibir nada a cambio durante mucho tiempo, el árbol antepone las necesidades del niño, porque quiere que este sea feliz. De hecho, el único momento en que el árbol parece triste es cuando siente no tiene nada más que dar al niño y que el niño nunca volverá.
Los ambientalistas han preferido interpretar la el cuento como la relación entre la especie humana y el planeta. Los Humanos han tomado muchos de de los irreemplazables recursos de la Madre Tierra y no ha dado nada a cambio. El final del libro podría ser visto como que habremos agotado consumiendo los recursos del planeta.
Para ir a la fuente ver: http://www.shelsilverstein.com
A Shel Silverstein siempre se lo ve muy relajado, al menos en sus escritos y en sus fotos, es dibujante, cantante y poeta, una de las voces más frescas de la literatura infantil. Escribe en un lenguaje claro para que su público entienda, lo hace con humor crítico; lejos de afectaciones o de tratar a los niños como tontos, siendo divertido y sincero.
Como todo escritor en inglés, se hace difícil de traducir por su toque localista, repleto de juegos verbales. Aquí está uno de los más sencillos: el "abrazo de la guerra".
El poema se basa en un juego de palabras: tug-of-war es el juego en el que dos equipos tiran de una cuerda para ver quien derriba al otro.
En la jerga política es la lucha por el poder.
El agregar hug (abrazo) hace que sea un abrazo, no un tirón y por tanto nadie gana.

HUG O' WAR ABRAZO DE GUERRA
I will not play at tug o'war. yo no jugaré a la guerra
I'd rather play at hug o'war, yo juego a la guerra de abrazos
Where everyone hugs en donde cada uno abraza
Instead of tugs, en vez de tironear
Where everyone giggles donde todos sonríen
And rolls on the rug, rodando en la alfombra
Where everyone kisses, donde todos besan
And everyone grins, y todos hacen muecas
And everyone cuddles, y se abrazan
And everyone wins. y todos ganan
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