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La tortura:
La ventana estaba abierta, por los barrotes alcanza a divisarse una torre, el sol está pegado a la misma, el reo no tiene intenciones de adivinar que parte del día es.
Sentado en esa silla, recrea una y otra vez las escenas, no entendiendo exactamente lo que se le imputa.
¿Cuál fue el disparador, para que una persona, amable, gentil y dulce realizara tamaños actos?
Pudo ser la monotonía de un día corriendo a otro igual, pudo ser el hastío de ser ciudadano de segunda, pocos derechos, muchas obligaciones.
El hecho que su vecino lo molestara cuando sacaba a su perro a pasear, exhibiendo su arma de reglamento.
Cada vez que se abre la puerta aparece un tipo igual al anterior, con las mismas intenciones, golpear a quien mató a su compañero.
Su tortura no iguala a la interna, no poder justificarse a sí mismo sus actos.
El amor:
Entró con la correa del perro, a sentarse a la mesa en esa silla y releer sus cartas, cuando el amor las llenaba, no hacía tanto tiempo.
Parece uno o dos días atrás, lo que cuentan no tiene nada que ver con lo sucedido, parece que son de una mujer que lo espera, lo ha esperado toda la vida como él a ella.
Quizás también lo escrito tiene doble lectura, como sus actitudes, no fue con su mejor amigo, pero fue peor, con su mejor enemigo.
Pero ella no tiene la culpa, la culpa es de quien se lo ha buscado. No tiene armas, solo la correa en su mano.
La distancia no es larga, las puertas son iguales, solo es golpear y esperar…
La puerta está entreabierta, el otro está durmiendo la siesta del domingo.
Relación entre ambos relatos:
Juan es un hombre igual a cualquier otro Juan o Pedro o Pablo, vive con su perro y ama a su novia, se escriben cartas en los momentos libres, ya que trabajan demasiadas horas diarias.
Las cartas reflejan vidas similares, rutinarias, viviendo en apartamentos de un ambiente, con una mesa y una silla. Un perro ella, un perro él.
Juan vive al lado del apartamento de un policía, que se llama Enrique, pero podría ser César o Andrés, al que le gusta exhibir su arma de reglamento y con la cual “apunta” cuando pasa Juan.
A veces lo molesta, las escenas son grotescas, siempre Juan se asusta y lo demuestra, cuando viene con Isabel (que solo puede ser Isabel) Enrique le dice groserías, al principio a ella le fastidian, después calla, luego se sonríe.
Ese día, que Juan recuerda vagamente, cuando trabajó más horas de lo usual, al llegar Isabel, ya no lo espera como en las cartas, verla hablando con Enrique, solo eso recuerda, después la tortura, antes el amor.



Ejercicio
de
escritura
por
Patrizia
D’Ambrosio