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Sin embargo, hoy voy a contar otro tipo de historia sobre Shibuya: una historia real de los años 20.

Érase un perro fiel llamado Haachi, que recibió como regalo un profesor universitario, el cual vivía en Shibuya.

Cada mañana acompañaba a su amo hasta la estación donde cogía el tren para ir al trabajo. Y todas las tardes iba a buscarlo allí mismo a su regreso. Hasta que un día el profesor sufrió un accidente y no volvió.

Pero, Hachi no lo entendió y siguió yendo a la estación todos los días para reencontrarse con su amo. Así, durante diez años, hasta que acabó su vida. En honor a él, se erigió una estatua frente a la estación de Shibuya.

Todo el mundo que visita Shibuya ha de conocer esta historia, convertida en leyenda. Al llegar a Shibuya, siempre encontraremos la imagen de Haachi… esperando.

FIDELIDAD CANINA

Casi todo el mundo puede contar casos de animales de compañía que han permanecido junto a sus dueños, incluso después de fallecer estos. Tal es el caso de Haachi. Cada tarde esperaba a su dueño a la salida del trabajo, cerca de Tokio. Hasta que una tarde su amo no apareció, porque había muerto. El perro siguió acudiendo durante diez años más, hasta su propia muerte, a esperar a su dueño. Lo más sorprendente del caso es que el gobierno japonés erigió una estatua en su nombre en la estación de ferrocarril donde trabajaba su amo y repartió reproducciones por todos los colegios del país, en memoria de esta fidelidad.
Haachi, el perro del profesor
Shibuya es una de las zonas más populares de Japón.

Está situada en pleno centro de Tokio. De día y de noche acuden los jóvenes y no se descansa nunca.

No me extraña que sea uno de los lugares más concurridos del mundo.