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El siguiente es un extracto de la novela La insoportable levedad del ser, del escritor checo Milan Kundera (publicada en 1984) que refleja muy bien las posiciones contrapuestas de Descartes y de Nietzsche hacia los animales.

Ya en el Génesis, Dios le confió al hombre el dominio sobre animales, pero esto podemos entenderlo en el sentido de que sólo le cedió ese dominio. El hombre no era el propietario, sino un administrador del planeta que, algún día, debería rendir cuentas de esa administración. Descartes dio un paso decisivo: hizo del hombre el “señor y propietario de la naturaleza”. Pero existe sin duda cierta profunda coincidencia en que haya sido precisamente él quien negó definitivamente que los animales tuvieran alma: el hombre es el propietario y el señor mientras que el animal, dice Descartes, es sólo un autómata, una máquina viviente, “machina animata”. Si el animal se queja, no se trata de un quejido, es el chirrido de un mecanismo que funciona mal. Cuando chirría la rueda de un carro, no significa que el eje sufra, sino que no está engrasado. Del mismo modo hemos de entender el llanto de un animal y no entristecernos cuando en un laboratorio experimentan con un perro y lo trocean vivo.
Amor a los animales
"Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los animales."
                                                                                                                             Friedrich Nietszche
Teresa acaricia constantemente la cabeza de Karenin, que descansa tranquilamente sobre sus rodillas. Para sus adentros dice aproximadamente esto: No tiene ningún mérito portarse bien con otra persona. Teresa tiene que ser amable con los demás aldeanos porque de otro modo no podría vivir en la aldea. Y hasta con Tomás tiene que comportarse amorosamente, porque a Tomás lo necesita. Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad. Y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existente entre ellos y nosotros.

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.

Sigo teniendo ante mis ojos a Teresa, sentada en un tocón, acariciando la cabeza de Karenin y pensando en la debacle de la humanidad. En ese momento recuerdo otra imagen: Nietzsche sale de su hotel en Turín. Ve frente a él un caballo y al cochero que lo castiga con el látigo. Nietzsche va hacia el caballo y, ante los ojos del cochero, se abraza a su cuello y llora. Confundiéndolo con Richard Wagner según la película italiana. Esto sucedió en 1889, cuando Nietzsche se había alejado ya de la gente
*1.

Dicho de otro modo: fue precisamente entonces cuando apareció su enfermedad mental. Pero precisamente por eso me parece que su gesto tiene un sentido más amplio. Nietzsche fue a pedirle disculpas al caballo por Descartes. Su locura (es decir, su ruptura con la humanidad) empieza en el momento en que llora por el caballo.

Y ése es el Nietzsche al que yo quiero, igual que quiero a Teresa, sobre cuyas rodillas descansa la cabeza de un perro mortalmente enfermo. Los veo a los dos juntos: ambos se apartan de la carretera por la que la humanidad, “ama y propietaria de la naturaleza”, marcha hacia adelante.

Fuente: Mi Rincón Nietzscheano -
http://nietzscheano.wordpress.com

*1 Al respecto de la anécdota con el látigo, al igual que muchas anécdotas que circulan y vinculan personalidades, la he escuchado como atribuida a Franz Kafka, solo que en esa versión, Kafka le quitaba el látigo al cochero y lo golpeaba por haberlo hecho con el caballo.

Nota de la Editora: A mONOS sABIOS le gusta buscar el valor en los actos y escritos, además de ideas de cada personaje que cita, al respecto de Nietzche también queremos compartir palabras Bertrand Russell en “Historia de la filosofía”. Pues nos rechina un aspecto que no compartimos, su pretendida o real misoginia. También aparecen comparaciones con otras especies. El lector decidirá su opinión al respecto, en base a lo expuesto y a profundizar en el tema. A la revista y en especial a su editora le parece sospechoso lo contradictorio y opuesto, de defender a las restantes especies animales, y a su vez, compararlas con mujeres, descalificando a unas y otras. También está el factor histórico, el medio social en el que se movía Nietzsche y las mujeres que conoció e interactuaban en su sociedad. Hace casi ciento veinte años la mujer estaba muy estereotipada en su contexto de actuación. Este mismo momento histórico hace más valioso el interés en el tratamiento de los caballos (Siglo XIX, mucho uso de carruajes) y demás especies dependientes de ese entorno social. El artículo se incluye por ser un punto de partida valioso en el respeto de todas las especies, porque más que amarlos hace falta respetarlos, todos los géneros y la búsqueda y descubrimiento de un autor.

Nietzsche y las mujeres: No se cansa nunca de menospreciar a las mujeres. En su obra seudo-profética Así hablaba Zarathustra, dice que las mujeres no son todavía, capaces de la amistad; son aún gatos o pájaros, o, a lo más, vacas. "Los hombres deben ser adiestrados para la guerra y las mujeres para el recreo de los guerreros. Toda otra cosa es tontería".

(...) No siempre tan feroz, aunque siempre es igualmente desdeñoso. En
La voluntad de poder dice: "nos complacemos en la mujer como quizá la más exquisita, delicada y etérea clase de criatura.

¡Qué gusto es encontrar criaturas que sólo tienen en la cabeza bailes, tonterías y finuras! Ellas han sido siempre la delicia de toda alma varonil tensa y profunda" Sin embargo, incluso estas gracias sólo se encuentran en las mujeres mientras son mantenidas en orden por hombres varoniles; tan pronto logran la independencia se vuelven intolerables. "Las mujeres tienen muchos motivos para avergonzarse; en la mujer hay mucha pedantería, superficialidad, suficiencia, presunciones ridículas, licencia, e indiscreción oculta... que hasta aquí ha sido en realidad mejor refrenada y dominada por el miedo al hombre".

Su opinión de las mujeres, como la de todos los hombres, es una objetivación de su propia emoción respecto a ellas, que es claramente una sensación de temor. "¿Vas con una mujer? No olvides tu látigo"- pero de cada diez mujeres, nueve le hubieran arrebatado el látigo y él lo sabía, por lo que se apartaba de ellas, curando su vanidad herida con observaciones desagradables.
Fuente: Bertrand Russell en “Historia de la filosofía”.
Nietzsche abrazando a un caballo en Turín. Escena de la película italiana "Al di là del bene e del male" (1977)
Nietzsche y el caballo de Turín.
                                                                                       Escena de la película brasileña
                                                                                     "Dias de Nietzsche em Turim" (2001).