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¿Si te fuiste, si volviste, si pasaste los treinta, te acordás?
Por Patrizia D'Ambrosio
De las colonias de a litro, compradas en la farmacia más cercana.
Del Medio Mundo aún sobre sus pies, entero y mirando más allá.
De ver alguna cachila, todavía.
El desfile de Carnaval por 18, los tablados.
El Estadio más que Centenario yendo con padres y hermanos.
De la semana de lo que sea en abril o fines de marzo.
Los ciclistas y la perseguida malla.
La búsqueda de trabajo en “El Día” antes de morir por los picotazos de “El Gallito”
Las domingos en familia empezando con la “picadita”, el “vermú”, y después algún postre chajá o massini.
¿Reconocerán de lejos “La Cumparsita”, defenderán a Gardel?.
¿Guardarán las letras de Florencio, Horacio, Juana, Delmira, José Enrique y tantos otros.
La pintura de Figari, Blanes o Torres García
¿Y de otros que me olvido yo?
El guindado, el anís, la menta, de la mandarina (debí decir tangerina) el licor de cacao o bananita casero para agasajar a las visitas de mamá.
Del vino vudú de dos litros o más y la sangría para los cumpleaños.
Ya no tendrán aquella inseguridad e incertidumbre de “ser oriental”.
¿Recordarán los tucos fabulosos de la vieja con los tallarines irregulares más ricos del mundo?
Con lo poco que tenía mamá cocinaba milagros y nunca para menos de los seis que éramos si partíamos solo de la familia.
De la locura que tenía papá con los fideos Adria. Hasta en las fiestas infantiles se hacían para picar. Eso nunca lo entendí.
Del lavarropa a vaivén de los domingos y luego esas cuerdas interminables de ropa jugada y ensuciada en la semana. Con el pretexto de ir a la escuela, la del barrio en donde todos nos conocíamos.
Los textos escolares de Humberto Zarrilli, de la frase “Lalo, ama la ola” y otros de gran contenido a los 6 años. De la historia de Traversoni, de Mazzara y de todos aquellos que se empeñaron en que supiéramos que Uruguay tenía otros nombres y otros pueblos.
¿Se acordarán de los caramelos zabalas, los candel, los alfajores portezuelo, las natillas y yemitas venidas directamente de la Confitería Irisarri de Minas?
Chocolatines de Saint, Pernigotti o Ricard.
De la vida corta de los judas, se arman de apuro, trabajan en las fiestas y terminan quemados en una fiesta pagana.
Del canal 10 en el Barrio y del 4 que se nos escapó.
Del Planetario y el Zoológico (nada de lógico) de Villa Dolores, con el Leo que nos robaron. Que quitaron de nuestra memoria infantil.
¿Guardarán las imágenes de las figuritas TIKI TAKA o las estilizadas de Mosca Hermanos?
Decir botija o gurí.
De las broncas con los bolsos y las alegrías con los manyas o de la liga Guruyú o la Palermo más cerca de nosotros que los míticos campeones de 4 cruzadas futbolísticas.
Del tren fantasma, del Parque Rodó todos los días después de Las Teresas.
De los jabones Astral y Bull-Dog, del Bao y su fábrica saliendo fantasmitas por su chimenea frente al Cementerio Central, con su historia y los que duermen por dos siglos o más. El mismo del Tesoro alimentado por la prensa, de las hermanas Massilotti.
Los veranos, la playa de Ramírez o Salinas.
Quizá yo me acuerde de más cosas que ellos porque guardo la memoria de los viejos, que eran amantes de nuestra historia y me la dieron, como la herencia más preciada, cuando no tenían nada más.

Hoy seguro que perdiste la capacidad de asombro, por lo menos no es la misma.
Vos capaz pisando otras calles te olvidaste del goce de recorrer la Rambla con el termo debajo del brazo.
Los domingos en Tristán Narvaja, Piedras Blancas y las menos frecuentemente visitadas como las del Parque Rodó y
de Villa Biarritz.
De las bebidas como la citral, la bilz sinalco, la paso de los toros
o la coral y la salteña.
Del señor del carrito que los domingos de invierno te vendía postre chajá y en verano helados, oso polar, snack o conaprole de eso no me acuerdo.
Del mar cercano y su olor a próxima tormenta.
O las tardes siendo niños con los productos de Conaprole, dulce de leche uruguayo y leche entera en botella.
El irse para afuera, cuando en realidad es internarse adentro del país de forma de corazón invertido. Porque se nos da vuelta ni bien subimos a otros mundos.
Los “bagayos” inocentes de las excursiones familiares al Chuy, o por la Onda. Ticholos o bombones.
O aquellas "elegantes" escapadas a Buenos Aires en buquebús o en Cacciola.
¿Soñarán en español o ni ellos se entenderán lo que fabulan con los ojos cerrados?
Seguro que ya no serán uruguayos: críticos, nostálgicos y depresivos pero orgullosos de su suelo y cielo.
No sé si para su bien o su mal espero que se acuerden. Yo que sé, espero que sí.
Con suerte iremos al Bar “La Pasiva” o a "La Fiaca", "El Sorocabana" aunque ahora ya no como carne y no tomo café.
Puede que este racconto haya sido un tanto pesado, si es pesado recordar el pasado. Podría haberlo adornado tipo cuentito, pero vos y yo sabemos que no es eso, es una lista de recuerdos y nada más.
'Ta bueno, 'ta luego