Carta abierta de un equino a los gobernantes de Uruguay
por Adriana Lostorto
Mi nombre es Paloma soy una yegua de 30 años.
Cuando llegué a este mundo nunca imaginé lo que me esperaba.
No sabia que llegaba a un lugar donde la mayoría de los seres humanos son ciegos y sordos.
Desde temprana edad empecé a servir al hombre.
No me dieron tiempo a disfrutar de la libertad.
Llevo años pasando de dueño en dueño tirando de un pesado carro en invierno bajo la lluvia y el viento helado y en verano con el sol taladrando mi cabeza sin poder beber una gota de agua, soportando golpes, hambre, sed y la falta de descanso.
Como les contaba, los humanos son ciegos y sordos porque no llegan a ver en mis ojos o escuchar en mi relincho la suplica permanente por la piedad.
Hoy es 4 de octubre irónicamente se festeja el día mundial del animal, mi cuerpo cansado y desnutrido ya no quiere continuar, caigo desmoronada en el medio del trafico y las estridentes bocinas.
En el intento por pararme vuelvo a caer una y mil veces y así las heridas van cubriendo mi cuerpo.
Mi último dueño cree que untándome con aceite quemado inclusive en mis ojos va a lograr algo.
Por suerte en medio de ese gran dolor y martirio aparecen los pocos seres que ven y que escuchan, los llaman proteccionistas.
Ellos consiguen un camión que auxilia autos y con mucho esfuerzo y dificultad logran entre todos subir mi cuerpo inerte y llevarlo a la facultad de veterinaria, siento que el hombre que me acaricia me susurra en las orejas “tranquila paloma que si te salvamos te llevaremos al campo a disfrutar de la libertad, para que nunca mas vuelvas a tirar de un carro.
Al llegar a facultad se juntan entre todos para pagar mis medicamentos y mi ración.
Los veterinarios a pesar de su gran voluntad no tienen recursos económicos.
El que se decía mi dueño desapareció.
Yo no se si estoy viva o estoy soñando me dan comida y agua en la boca, me acarician y masajean mis doloridas patas, cuando cae la noche, me cubren con una frazada.
Siento que alguien se tira a mi lado y coloca su cabeza sobre mi cuello y acariciándome con ternura pronuncia mi nombre como nunca antes lo había escuchado y me promete un final feliz.
Hoy es 5 de octubre logre pasar la noche.
Me medican me alimentan y entre todos intentan ponerme de pie. Estoy llena de escaras y mis músculos no responden.
Si no me paro no podré conocer el paraíso al que han prometido llevarme, no los puedo defraudar ellos si han visto mis ojos suplicantes y me han mimado pero la desnutrición es grande y aunque el amor y la dedicación que me brindan es como una caricia a mi destrozado corazón no se si podré lograrlo.
Las horas pasan y no he podido pararme.
Ya no habrá para mí un atardecer tranquilo en el campo, deciden ponerme a dormir para siempre para que no sufra más y pueda partir con dignidad.
Haciendo honor a la nobleza equina debo agradecerle a los que me rodean con lágrimas en sus ojos y una gran impotencia, el no haber permitido que terminara en un corral de un matadero, junto a una tropilla, viendo como se los lleva el gancho y yo detrás de ellos esperando también para recibir un marronazo entre medio de mis ojos suplicantes y estando todavía semi inconsciente ser degollada.
Ellos los que no están ciegos y sordos me han permitido partir sin violencia.
Paloma.