Otros cuentos de la misma autora:
Noches Sombrías
Una mirada de tristeza y desafío
"El Perro y su collar de corazones" Un libro de valores para niños y jóvenes de nuestra colaboradora Liliana Lombardi
                   Se pasaba leyendo cuentos de hadas y en sus fantasías imaginaba que una de esas hadas la había tocado con una varita mágica, otorgándole así, superpoderes. Observó la escena, que se transformó ligeramente con el ingreso de su perro y tradujo inmediatamente los movimientos de sus labios, que entre suspiros, decía:

Mientras veo como se queman los leños, me parece ver también como se me va la vida, como se me transforma en humo, aquellas ideas que en su momento parecían estar al alcance de mi mano. Ahora se van esfumando,  como para que a través de algún milagro, se concreten.

El tiempo ha pasado, de forma inexorable para mí, y es un hecho irreversible. Aquellos viejos sueños, reconozco que pudieran haber sido idílicos, pero las metas que me había propuesto, algo más concretas, cuando creía que  ya estaba a punto de haberlas alcanzado, se me escapaban de entre los dedos de las manos, como si se tratara de fina arena, y no las pude retener de ninguna manera.

Así que es necesario aceptar que en la vida, podremos culminar una pequeña cantidad de aquellos lindos proyectos, que, como capullos de flores, día a día recolectamos en nuestro corazón, hasta tener un ramo de ellas, y así poder deleitarnos, al pensar en que estamos guardando en lugar seguro nuestros más preciados tesoros. Y lentamente, me fui adormeciendo hasta caer en un agradable sueño.”

Pienso y no abandono la idea de proteger a los demás, de brindarles solidaridad, de solucionarles los problemas o por lo menos, darles una pista para resolver la ecuación de la vida.

Por otro lado, reconozco que el fuego que surge de los leños de la estufa me agrada, me inspira, me complace, especialmente en los días de crudo invierno, como me resultan los que estamos viviendo. Pero no dejo de pensar en todos aquellos que se ven privados de estos instantes de felicidad y deben pernoctar en las calles, sin abrigo y sin alimentos.

Esas imágenes tantas veces vistas, surgen en mi mente como un reproche, aunque nadie me crea. ¡Cómo quisiera yo que todos aquellos que padecen los golpes y la indiferencia de una sociedad insensible, se apiadaran de los que carecen de techo y comida!

Ese fuego que nacen de cualquier leño, son réplicas de lo que usualmente vemos mientras transitamos por las calles, y pasamos, a su lado con indiferencia, sin observar que tipos de seres humanos, deben recurrir a este recurso para sobrevivir.

¿Son adultos solamente? ¿Hay niños? ¿Quiénes más conforman el grupo? Pocos lo saben porque son pocos los que se animan a mirarlos. Y si lo hacen, solamente ven el fuego que atrapa la mirada y oscurece su entorno. No desean compromisos. Al ser humano le atrae el brillo, no la oscuridad, pero existe lo sombrío también.

Por eso, cuando miro el fuego frente a la estufa a leña, tengo dos visiones: mis sueños que volaron, y chispas ardientes que mi mente las transforma de manera contundente en las almas de aquellos seres infelices que carecieron de techo en la Tierra. Tal vez sea luego, después de que transcurra el tiempo, que puedan gozar de un digno abrigo en otro Planeta, el Planeta de los Excluidos y sean felices.

Pero de pronto siento la voz de mi dueño que me grita:
¡Otra vez te metiste acá dentro, aprovechando que me dormí! ¡Andá para tu cucha y acá no vuelvas para ensuciar o no te das cuenta que no sos más que un perro!
Mirando el fuego de Liliana Lombardi

Karen recuerda los murmullos de su abuelo mientras, sentado delante de una estufa a leña, miraba el fuego. Casi diría que podía imaginar lo que estaba diciendo, ya que ella, podía leer los pensamientos de todos.
01 Mirando el fuego
02 El Cardenal Rojo
03 La gallina y sus pollitos
04 La luz roja
05 Estrellitas tristes
06 El Patasanta
07 La Asamblea
08 Epílogo